Carlos Aranda: “La sociedad no respeta las normas”

Carlos Aranda: “La sociedad no respeta las normas”
Según el funcionario, que se mantiene en su cargo desde el gobierno de Jaque, los problemas de su área no se solucionan sólo con mayor presencia policial, sino también con el compromiso social. Fuerte crítica al accionar de la Justicia.
Hace tres años y medio Carlos Aranda se hizo cargo de la cartera de Seguridad de la provincia, ocupando el lugar que dejó el actual vicegobernador Carlos Ciurca, su principal referente en el sector de La Corriente, en la interna justicialista.

De habitual perfil bajo, aunque confeso militante peronista, el ministro reivindica la acción política sobre uno de los ejes más controvertidos de la comunidad.

En tal sentido, admite los problemas y reconoce a la inseguridad como una de las preocupaciones más atendibles y “siempre presente”, pero también reclama más compromiso social y más participación del Estado, principalmente del ámbito de la Justicia.

-¿Hay inseguridad, sensación de inseguridad o es una tarea que nunca termina?

- En la provincia existe inseguridad y existe la sensación de inseguridad también. Se trata de una cuestión muy sensible y no se debe utilizar como excusa, pero hasta los más conocedores, en cualquier libro específico, plantean la existencia de la sensación también. Pero ésta se termina frente a las víctimas, frente al hecho concreto, robo, asalto, homicidio. Ahí aparecen otras sensaciones.

-Pero los reclamos de la gente se dan principalmente por la inseguridad.

- El reclamo tiene que ver con la problemática de la seguridad. Cuando nos reunimos con los vecinos, es posible ir enfocando. Cuando nos plantean la droga en la esquina o en las plazas, hay una intervención de la policía que es necesaria.

Pero si atrás no viene una comunidad organizada que quiera recuperar esa plaza..., es necesario el compromiso social. Y si bien el mayor responsable de brindar seguridad es el Gobierno, deben reconocerse a otros actores, como la Justicia y la propia comunidad. Pero cuando no hay respeto por la convivencia, cuando se transgreden las normas, aún sin llegar a cometer un delito, hay que resolver los problemas desde otro punto de vista.

-¿La sociedad no respeta las normas?

-Hay una generalizada falta de respeto por las normas. Tal el caso de los docentes golpeados por padres o alumnos. En otros tiempos, cuando una pareja tenía problemas, lo resolvía discutiendo o separándose.

Hoy se resuelve con una puñalada o un asesinato. Cuando se discutía una mala nota, antes primero nos exigían que mejoráramos y después, si había un problema, nuestros padres iban a hablar a la escuela. Hoy se agarra de la mano al hijo y se le va a pegar a la maestra.

-¿Y eso cómo se resuelve?

- Con una política social que tenga que ver con un cambio cultural, con inclusión, con fortalecimiento de lo educativo. Con volver a creer en estructuras básicas de la sociedad como la escuela o la familia. Un ejemplo son los comedores con planes como “Comer en familia”, o los planes “De la esquina a la escuela”.

-Usted plantea cosas que se han hecho, pero siguen los problemas, ¿en qué se ha fallado entonces?

- Evidentemente tenemos que profundizar las políticas de prevención. Hay delitos previsibles y se tiene que trabajar con presencia policial, con operativos, con trabajo territorial. En nuestro plan, un eje es la prevención situacional del delito, que tiene que ver con cómo se colocan los recursos en el territorio. Pero si se acompaña con otras tareas, como la prevención en inteligencia, la investigación.

-¿La Justicia no está a la altura de las circunstancias?

-En algunos casos sí y en otros no. Hay una anécdota que siempre cuento. Una vez, en un hecho d robo a mano armada, con rehenes, en una bodega, la fiscal de delitos complejos, Claudia Ríos, llegó al tras la actuación de un primer fiscal que había pedido que se levantara el auto con los elementos robados y fuese llevado a la Fiscalía, más allá de que había habido una persecución, con disparos y todo.

Ríos intervino, se apersonó en el lugar, vio el contexto y llamó al juez de garantía, quien confió en su visión, le adelantó los realización de allanamientos, y se logró apresar a cinco personas. Esa es una Justicia que acorde a lo que se necesita. Pero no siempre pasa eso. Hay jueces de turno que hasta son evitados por los fiscales, que prefieren no trabajar con ellos o esperar a que otro entre en turno. Ese tipo de Justicia no sirve.

- Hay quien habla de que el problema de la seguridad tiene que ver más con la Justicia que con la policía, porque muchos delincuentes quedan libres.

- Hay visiones objetivas y subjetivas. Cuando hablamos de inseguridad, ¿hablamos del ladrón que cumple el objetivo y se genera un problema social grave o del policía que atrapa al ladrón y el problema de seguridad queda resuelto? El jueves agarramos a una banda con 28 kilos de cocaína. ¿Ese fue un triunfo? Y después escuchamos en la frecuencia que le entraron a robar a alguien.

¿Es un fracaso? La seguridad es la problemática en general, incluyendo a todos los actores. ¿El accionar de la Justicia puede influir el tema de la seguridad? Estoy convencido de que sí. Sin una Justicia acorde a la circunstancia, la seguridad también seguirá teniendo deficiencias. No todo es responsabilidad de la Policía.

-¿Cómo está la Policía en cuestión de recursos?

- Hemos ido creciendo. Este año el gobernador nos dio $75 millones. De todos modos Seguridad no está exenta de lo que pasa en el país y en la provincia. Estamos esperando también el bono recientemente autorizado y las posibilidades de que llegue plata fresca para hacer las inversiones necesarias, aunque desde que estamos en el Gobierno permanentemente hemos ido comprando vehículos, motos, chalecos, armas, renovando los equipos.

- Pero este año están faltando unos 200 efectivos.

- Cuando se produjo la reforma de 1998, a todos los suboficiales se los excluyó de la nueva ley, la cual prevé una escala de oficiales. De hecho, el que ingresa como nuevo policía, lo hace como oficial auxiliar. No existen más los suboficiales. Éstos tenían la posibilidad de jubilarse con 25 años de antigüedad y desde aquel año hasta ahora se han ido retirando. Hay épocas en que se retiran camadas completas, como ahora, imposibles de recuperar.

Por otro lado no tenemos un criadero de policías que a medida que crecen, los vamos poniendo. Hay toda una oferta para ingresar al Instituto Superior de Seguridad Pública para ser parte de la institución. Calculamos que hasta marzo de 2014, podremos incorporar otros 650 efectivos.

- ¿Cuál esl promedio anual de ingreso a la fuerza?

- Ha habido años de 400 y de 600. En 2011 llegamos casi a mil nuevos policías.

- ¿Y cómo se seduce a los jóvenes par que ingresen? No se aprecia como una institución muy ponderada socialmente.

-Es un trabajo arduo. Se trata de mostrar en las escuelas y en diversos ámbitos. Y hay una tarea subliminal que tiene que ver con resaltar a la policía como una institución de prestigio. Pero eso también depende de la sociedad y de cómo ella ve a la policía. Así como se trabaja en la prevención del delito, está el tema de la institución, cómo creemos que debemos llevar adelante la institución policial.

En ese aspecto tenemos un eje muy fuerte en considerar al policía como un trabajador, una concepción política del peronismo de pensar en su salario, que debe ser dignificado día a día. Por ejemplo, durante esta gestión, blanqueamos su salario un 100%. No ganan lo ideal. Tendrían que ganar más. Pero eso tiene que ver con su mejoramiento social.

- ¿Hay en Mendoza lugares inexpugnables para la Policía?

-No. Hoy, en los 205 distritos de la provincia, no hay ningún lugar donde la policía no entra. Esta es una diferencia que tenemos con otras provincias. No existen lugares liberados. Por ejemplo, ¿cuánto hace que no se escucha una noticia del barrio La Gloria? Eso pasa porque no está estigmatizado.

- El ex gobernador Arturo Lafalla dice que la reforma policial de 1998 debe ser profundizada, ¿qué opina?

-Todo proceso reformista debe ser analizado en el contexto histórico. La reforma no tiene que ver con una crítica y modificarla. Hay cosas positivas, como la creación de la Bicameral de Seguridad, del Instituto de Seguridad Pública, la Inspección General de Seguridad, el Consejo Asesor. Todos ámbitos creados por ley muy buenos, que han perdurado en el tiempo y han contribuido.

Pero hay otros aspectos que habría que rever, como las jerarquías que se sacaron o los acortamientos en los plazos de la carrera. También aspectos relacionados con las sanciones o con la autonomía y la capacidad de sancionar de la Inspección General, no prevista en la ley.

-¿Y lo operativo desde el punto de vista político?

-La existencia de un Ministerio para que la política de seguridad sea llevada adelante por un civil fue un gran acierto. Pero gran parte de la responsabilidad la tiene la Policía, representada por la plana mayor, que debe tener lugar en la mesa donde se discuta la política seguridad.

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