Lo que el cargo paga, lo que el cargo vale

Lo que el cargo paga, lo que el cargo vale
El eseverrismo piensa encarar su segundo tiempo legislativo con una minoría basada en su articulación con el curismo.
¿Vuelven los tiempos de la confrontación sin cuartel? Veamos. Es cada vez más evidente que la bisagra de los tiempos políticos que se avecinan, el quiebre de verdad, quedará situado alrededor de este lunes por la noche, cuando se definan las autoridades del Concejo Deliberante.

Es obvio que el armado, el modo en que quedará configurado, la novedad de María Irene Blanco presidiendo el cuerpo (tal como lo anticipó esta columna hace siete días), el retorno de Julio Alem a una banca del llano y el desafío que implica una nueva conducción en manos de una mujer que hasta el momento condujo el bloque, sí, pero en mayoría.

Pilotar un Concejo con el oficialismo en franca minoría no será simple. Contar esto, es cierto, es terrible para un cronista: a la gente no le importa casi nada. El espectro de interés de la semana registra apenas las joyas que les robaron a los Zuljevic, o qué tratamiento psiquiátrico recibía el homicida de Sierra Chica, cuánto aumentó la canasta navideña o en qué casa de esa misma localidad está refugiado el casi-linchado bochófilo Olmedo.

Explicar política en este contexto es una tarea brava y sin eco: más allá de los 1.000 a 1.500 tipos que (a lo sumo) leen política por la política misma, a nadie le importa quién es el próximo presidente del HCD. El interés existirá, claro, porque más tarde o más temprano habrá temas de impacto general en lo que voten los ediles. Pero ahora, como esos temas son lejanos y las Fiestas se vienen encima, no interesan.

Lo que poco a poco va quedando en claro dentro de las cuatro paredes del recinto político es que el clima que se va generando de cara a las sesiones tiene componentes de confrontación. Como si el mandato generalizado fuera el de dejar aislado al oficialismo, la abstención a la hora de votar se extiende: los concejales que optan por esa variable saben que al declararse prescindentes en la elección debilitan al futuro presidente, porque no lo apoyan pero tampoco levantan otra candidatura para que el triunfador la supere y se legitime: nada.

El oficialismo, del otro lado y al ver que la postulación de Blanco no arrastra apoyos, dibuja sus propios problemas. Este viernes, cuando el Partido Justicialista local decidió sacar los pies del plato de la definición de presidencias, el eseverrismo quedó ante otro dilema: ahora deberá proponer un vicepresidente segundo, porque los que tenía en mente (Carola Patané, primero, y Miguel Santellán, después) dejaron de lado el voto a María Irene por diferentes razones, y ahora hay que rellenar ese hueco.

¿Hubo alguna negociación entre el eseverrismo y el grupo de Miguel Santellán para sumar al peronismo al apoyo a Blanco? Todo indica que las conversaciones, si existieron, fueron demasiado tibias. "¿Ellos esperan que nosotros empecemos a rifar nuestro capital político por nada?", le preguntó uno de los miembros del PJ local a este cronista antes de la reunión peronista del viernes.

Ahí ya era evidente que nadie desde el Gobierno local les había pedido formalmente el apoyo en una negociación fundada. Ergo, María Irene Blanco quedará apenas con 8 votos este lunes, una cifra que en la atomización reinante en las bancas alcanza sobradamente para instalar presidente del Concejo. Pero que, como se verá, no es suficiente para otras cosas tal vez más importantes.

Desde que empezó a percibir que los números de apoyo a Blanco no salían del 8, el oficialismo navega entre dos extremos conceptuales, ambos opinables:

1) De un lado, algunos de los que auspician la postulación de Blanco con minoría ajustada, aseguran que la pérdida de los dos tercios en el recinto carece de importancia, porque el oficialismo ya sacó todas las ordenanzas que necesita para gobernar, desde el ajuste automático de las tasas a las obras centrales del ejercicio, pasando por las cámaras de seguridad. En esta mirada, que el Concejo pueda voltear los vetos del Intendente carece de importancia.

2) Del otro, una visión extremista del propio oficialismo teme que cuando queden solos los 6 concejales del oficialismo el daño que la oposición puede producir en la gobernabilidad es impredecible, y condiciona el futuro del mismísimo José Eseverri.

El Ejecutivo local y sus huestes, propenso como es al cambio de humor, ha pasado en estos días de un ánimo al otro, aunque ambos sean exagerados.

Más bien, si el oficialismo gana la presidencia con 8 votos y sube al estrado a un concejal propio (es decir, no le da la presidencia a un séptimo edil que impide que todos los contrarios sumen los dos tercios necesarios para voltear vetos) quedará expuesto a las siguientes cuestiones:

a) Desde 2010 la oposición puede insistir en la prórroga de la cláusula transitoria que rigió hasta 2009 y que morigeraba los mínimos en las tasas de servicios urbanos. Si el Intendente la veta, el nuevo Concejo tendrá dos tercios para insistir y dejarla en pie.

b) Es inminente el tratamiento de los valores de boletos y estado de la concesión del servicio de colectivos de pasajeros en la Ciudad y localidades. Si en épocas donde el Ejecutivo tenía mayoría absoluta el tema se complicó habrá que vera hora que tendrá apenas una primera minoría. La alternativa de derivar el problema al Concejo (con sus consecuentes quemas de cubiertas por parte del sindicato de tranviarios) no parece el escenario que mejor consolide la estabilidad política local.

c) En ese tren, y si el Ejecutivo traslada sin más la responsabilidad de los boletos al Concejo (que, de hecho, es su atribución específica, y en eso Eseverri no distorsiona nada) el recinto puede devolverle favores con dos temas que también son de su atribución, pero que son extremadamente sensibles en el capital simbólico de cualquier gobernante. El primero es de neto corte local: el futuro Concejo pasará a tener atribuciones casi plenas en el tema tránsito, uno de los más sensibles para la imagen del Gobierno.

d) El segundo es de tanto peso como el anterior: el uso del espacio público. Como pasó con el tema de los dos eucaliptos que los anti-tala no dejaron voltear, una ordenanza del Concejo se impone en ese tema a cualquier decisión del Ejecutivo. Las consecuencias no son menores: hoy la obra del Parque del Bicentenario está paralizada, fruto de un cruce de decisiones entre el Ejecutivo y el Concejo. Y es todo un dato que los ediles no pagan costo alguno por la situación: quienes ven la obra estancada piensan en el Intendente, y no en las manos que se levantaron para evitar la tala.

Es por eso que será interesante (con todo lo que ese calificativo encierra) ver cómo son los nuevos tiempos políticos locales cuando la gestión de José Eseverri entre en la etapa de la minoría legislativa absoluta, una situación que no se vive en la Ciudad desde hace años.

Y esas sí serán olas que el mandatario deberá pilotear con su equipo con luces a pleno: la mesa chica donde lo complementan los dos supersecretarios Héctor Vitale y Eduardo Rodríguez, y la ya lanzada presidente del Concejo María Irene Blanco.

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