"La carga impositiva de Salta y de Jujuy es un 50 % menor que la de Tucumán"

El abogado y experto en temas azucareros Carlos Alberto Bravo afirma que el Estado tiene que garantizar seguridad jurídica para atraer inversores. El ex síndico del ingenio Ñuñorco defiende el rol estatal como regulador de precios en el mercado.
A los 83 años, Carlos Alberto Bravo fue parte de la historia de la industria azucarera del siglo XX; y lo sigue siendo en el siglo XXI: el ex director del ingenio Ñuñorco y presidente de la delegación argentina que en 1973 participó en Ginebra en la Conferencia Mundial del Azúcar, opina que la carga tributaria existente en Tucumán ahuyenta inversiones, y afirma que debe haber una apuesta estatal al biodiésel, como parte de la diversificación de la industria de la caña.

-¿Cómo llegó a presidir la comitiva argentina que fue a Ginebra, en 1973?

- Ese año, los países compradores de azúcar celebraron un acuerdo internacional con los vendedores, con el fin de evitar la caída del precio internacional del producto. Raúl Lastiri estaba en el Gobierno Nacional (después de Cámpora) y Amado Juri gobernaba Tucumán. Yo estaba en el ingenio Ñuñorco y Juri me designó para representar a la Provincia. En ese momento no se llegó a un acuerdo, se decidió mantener la Organización Internacional del Azúcar, con sede en Londres, y seguir trabajando el tema.

- Hay quienes dicen que detrás del cierre de los ingenios tucumanos, en 1966, jugó el lobby de los ingenios del Norte...

- Algo de eso hay, por supuesto, pero los ingenios de Tucumán eran menos eficientes que los de Salta y que los de Jujuy. Los ingenios que se cerraban, normalmente, eran ineficientes; y ahí surgió el cupo azucarero; observaron que no se podía producir más de lo que se consumía, que eso era producir a pérdida. Entonces, los ingenios de Tucumán fueron irremediablemente a un proceso de quiebra. En la actualidad, el Estado prácticamente se ha desentendido de intervenir y son las partes las que tienen que determinar su producción y hasta qué grado les resulta económica esa producción.

- ¿Siempre le interesó la cuestión azucarera?

- Me recibí de abogado a los 20 años. En teoría, estoy jubilado, pero de hecho no cobro la jubilación, porque entonces debería desistir de litigar. Uno de mis casos recientes ha sido la demanda del ingenio La Florida a la provincia de Tucumán por el pedido de inconstitucionalidad del cobro de impuestos distorsivos, fundamentalmente los Ingresos Brutos y el impuesto a los Sellos. La Justicia nos dio la razón, pero el gobierno provincial ha apelado ante la Nación.

- Usted integró el ingenio Ñuñorco...

-Era un ingenio modelo en Tucumán. Cuando nació, en 1927, en la época del ingeniero Sortheix, era propiedad de la Caja Popular de Ahorros y de cañeros de la zona de Monteros. Después, con el golpe del 43, vino una intervención nacionalista, con Baldrich como interventor en Tucumán y Silenzi de Stagni como ministro de Economía. Intervinieron el Nuñorco, y lo liquidaron y expropiaron, argumentando que se habían desvirtuado los fines de creación del ingenio. La familia Buffo había comprado acciones de la Caja Popular, y ellos argumentaron que esa venta debía haber estado respaldada por una ley de la Provincia. Cuando lo expropiaron, crearon un nuevo tipo de sociedad, porque incorporaron a los obreros al directorio del ingenio. Se conformó una Sociedad Anónima atípica, que tenía tres clases de accionistas. Cuando se produjo el cierre de ingenios, Aliaga García les propuso no cerrar el Ñuñorco si los cañeros se hacían cargo del ingenio. Aceptaron, se vendieron las acciones de la Caja Popular de Ahorros y se conformó una sociedad de obreros y cañeros.

- ¿Cómo fue esa experiencia?

- El problema fue que el ingenio daba ganancias, pero se las repartían, en lugar de usarlas para una capitalización. A mi juicio, el dinero no debería haberse repartido; lo deberían haber usado para mejoras y para comprar fincas de caña, como tienen todos los ingenios. Esa fue una causa de la caída del Ñuñorco, sumado a la crisis general. En Tucumán no hay ningún ingenio que no se haya concursado. El único ingenio, en toda la Argentina, que no se ha concursado, es Ledesma.

-¿Por qué se salvó Ledesma ?

- Porque cuando caen los precios, el Estado tiene que intervenir. Pero Ledesma no concursó por varios factores: tiene menores costos y materia prima propia, se diversificó, hizo la fábrica de papel, tiene tecnología…

- ¿ Salta y Jujuy pagan menos impuestos que Tucumán?

- Mucho menos, yo diría que la carga impositiva es un 50 % menor que en Tucumán.

- ¿Cómo ve la apuesta al biodiesel?

- Todo lo que se pueda aprovechar de la producción de caña de azúcar es positivo, porque nos encontramos con el hecho de que el petróleo debe agotarse, en 30, cien años más. En cambio, producir combustible en base a un producto renovable siempre es importante.

- ¿Tucumán está preparada?

- No lo está, pero debe hacerlo. Ledesma ya está construyendo su fábrica, y Refinor quiere construir una planta en Monteros. El gobierno tiene que ayudar, porque le conviene al país. La ley de Biocombustible establece excepción impositiva, y que el Estado aportará a la construcción de las plantas. En Formosa hay gente que quiere plantar caña al solo efecto de hacer biocombustible. Pero, para que la gente invierta tiene que saber que no le van a cambiar las reglas del juego. Fíjese que en Tucumán no hay inversión extranjera. Lucci instaló en Santiago del Estero una planta de alcohol. Cuando Alperovich le preguntó por qué la instalaba en Santiago, él le dijo: "porque allá me dan seguridad, me liberan de impuestos". Hay muchos otros casos de ese tipo, al margen de que hay que reconocer los beneficios que Alperovich le ha aportado a la Provincia. Por ejemplo, nadie ha construido tantas escuelas como él. Pero creo que le falta gobernar con una mirada de largo plazo, que trascienda su propia gestión.

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