Carcome a Kirchner la duda de su postulación

Por Joaquín Morales Solá

Una corriente del oficialismo dice que Néstor Kirchner debería desistir cuanto antes de su candidatura bonaerense para no correr el riesgo de una derrota terminal. Otra rama del mismo tronco lo incita a ser candidato con el argumento de que una abdicación a estas alturas significaría la muerte súbita de su carrera política. También podría significar el fin apresurado del gobierno de su esposa. El ex presidente vacila entre el sí y el no. Las alternativas se discutían ayer, intensamente, en Olivos.

Las noticias electorales están cayendo como un torrente sobre una sociedad que mira con indiferencia. Gabriela Michetti superó su confesada angustia al aceptar la presión de su partido y de su líder para que cortara el mandato de vicejefa del gobierno capitalino antes de cumplir la mitad del período constitucional establecido. Mauricio Macri tiene problemas de gobernabilidad y un proyecto presidencial intacto. Debe ganar la Capital si ésas son las prioridades de su presente y de su futuro.

¿Son lo mismo Daniel Scioli y Michetti? Desde luego que no. No lo son en términos de responsabilidad política ni de actitud frente a las nuevas candidaturas. Mientras el gobernador acepta que su postulación será sólo testimonial, Michetti se apresuró a renunciar a su actual cargo (y anticipó de hecho que asumirá el lugar que disputará) para marcar una profunda diferencia con la treta del oficialismo. Felipe Solá, cuyo actual mandato de diputado vence en 2011, corrió para compararse con Michetti y no quedar emparentado con Scioli.

Sin embargo, no habrá reconstrucción de las instituciones, devastadas desde la crisis de principios de siglo, si no se comienza algún día por cumplir con los mandatos constitucionales. Desde 1983, ni siquiera los presidentes cumplieron con esos preceptos. Alfonsín, De la Rúa y Duhalde se fueron antes de tiempo. Menem se quedó más tiempo del que le correspondía. Kirchner cumplió su primer mandato, pero le legó a la República la presidencia de su esposa. El poder es, desde entonces, un bien ganancial. Quizás este último haya sido el caso más patético de instituciones impunemente ofendidas.

El ex presidente está jugando ahora a todo o nada con esas mismas instituciones. ¿Qué sucedería si él y Scioli perdieran en la provincia de Buenos Aires? Habrán caído, en tal caso, el principal líder político del país y el más importante líder territorial de la Argentina. Un sistema político, destruido de antemano, debería rehacerse virtualmente desde la nada. Pero Kirchner es así: huye hacia adelante cuando le tiene miedo al destino.

Macri pudo evitar la encerrona de quedarse sin otra alternativa que la propia Michetti. ¿Qué diferencias de fondo existen entre ella y Alfonso Prat-Gay o Ricardo Gil Lavedra? Ninguna importante. Michetti y Prat-Gay son amigos personales que coinciden en demasiadas opiniones. Gil Lavedra es un radical de pura cepa y Michetti suele mostrar en reserva un pergamino escondido: es sobrina nieta en segundo grado de Arturo Illia. Competirá, además, el 28 de junio, el mismo día en que se cumplirán 43 años del derrocamiento del ex presidente radical.

Una lista común entre ellos fue propuesta por Elisa Carrió. Ese acuerdo podría haber conservado a Michetti en sus funciones de vicejefa. Ya no hubiera sido necesaria para asegurar la victoria. Pero un problema lo creó Macri: no quiso aliarse con quien terminará compitiendo por la presidencia de la Nación. Otro problema lo implantó Carrió: ningún acuerdo con el macrismo debía incluir una foto o una reunión de ella con el propio Macri. Las ansiedades desmedidas o la cortedad de los gestos terminaron confirmando la lógica del combate entre ellos.

Michetti debió concluir su mandato. Ella misma acepta que existió esa necesidad, que capituló ante un designio partidario más amplio y ambicioso. No basta con diferenciarse de Kirchner. La nueva generación de políticos requiere cambiar los métodos de la vieja política (que Kirchner expresa aunque no sea tan viejo), los mecanismos del nepotismo y el ninguneo de las instituciones. Felipe Solá también pudo contribuir a la campaña del peronismo disidente sin cortar su actual mandato. Pero prevaleció su tesis de que no habrá 2011 sin 2009 para los opositores al kirchnerismo. El 2011 está muy lejos.

Carrió logró ayer superar buena parte del internismo radical cuando cerró el acuerdo en la Capital, que, en rigor, todavía estaba pendiente de una reunión para cerrarse definitivamente. La influencia de dos buenas personas, Ricardo Alfonsín y Gil Lavedra, permitieron que esa alianza progresara rápidamente en la Capital y en la provincia de Buenos Aires.

Con todo, la política no se resuelve sólo con buenas personas. Scioli también es una buena persona. Y Michetti y Solá lo son. Ninguno de ellos puede compararse, por ejemplo, con Guillermo Moreno, que creó el delito de cuna y de portación de edad y de cara para descalificar a adversarios como Macri y Prat-Gay. "Ellos o nosotros", o el célebre "vamos por todo", que Moreno repite espantando a casi todos los capitalinos, es la versión caricaturesca de cierto ideario en boga.

El problema medular radica en que no hay encuesta capaz de percibir la opinión social sobre los movimientos sorpresivos e imprevistos de sus dirigentes. Las encuestas se inventaron para medir la impresión de sociedades tranquilas en condiciones de estabilidad política. Kirchner es candidato virtual. Luego se le sumó Scioli. Pero Kirchner podría abandonar ahora la competencia electoral. ¿Sobre qué ejes firmes podría girar, entonces, la opinión social en medio de tantas pruebas de ensayo y error?

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