Las dos caras de la Presidenta

Por: Julio Blanck

La relación entre Argentina y Uruguay está teñida con el encono que floreció por la instalación de la pastera en Fray Bentos, y que se alimentó con la insensata prolongación del corte en el puente de Gualeguyachú. Las autoridades de ambos lados, la gestión de Néstor Kirchner en nuestro caso, mucho hicieron para que todo empeorara cada vez un poco más.

La Presidenta recibió ayer en un ambiente de fuerte cordialidad al presidente electo uruguayo José Mujica. Es un paso: las diferencias persisten, pero quizá se pueda avanzar ahora hacia el deshielo de esta situación irracional.

Cristina Kirchner, además, acudió a la base aérea de El Palomar para despedir al primer contingente argentino de ayuda a la tragedia inabarcable del pueblo de Haití. Fue una manera de reafirmar el compromiso, personal y de su Gobierno, con la ayuda humanitaria.

Esas dos imágenes son asimilables a la candidata que, más allá del 45,3% de los votos que la consagraron, encarnaba para muchos que no la votaron una esperanza de mejor gobierno, más institucionalidad y construcción de consensos.

Pero otra Cristina afloró en un tercer acto público de ayer. Volvieron allí las ironías rencorosas, contra la oposición y contra la jueza Sarmiento, que puso en caja legal el proceso para usar las reservas en el pago de deuda y despedir al titular del Banco Central. Y asomaron, sorpresivos, los elogios al juez Griesa, de Nueva York, por abrir una gestión para atenuar el embargo de las reservas. Dos días antes había llamado "embargador serial" al mismo magistrado.

La reacción crispada ante la adversidad, que nadie hizo más que su Gobierno para construir, también pueden explicar en parte la caída de su imagen y la pérdida de la mayoría electoral

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