Caras nuevas, vicios viejos

Los cambios institucionales que se avecinan en La Rioja, abren un amplio catálogo de vicios de la vieja política que se siguen reproduciendo casi sistemáticamente

La política riojana y, mejor dicho, los acontecimientos políticos y los propios políticos riojanos, van arrojando indicios en relación a que los tiempos corren en la Provincia, pero pocas cosas cambian. Y esto, especialmente en lo que a pulso político se refiere. En el día a día parece que todo cambia. En lo concreto, sin embargo, nada se transforma. Y la tan mentada calidad institucional en rigor de verdad dista mucho de serlo, aún a pesar de los ingentes esfuerzos del gobernador Beder Herrera, desde su llegada a la Casa de las Tejas.

Precisamente, los tiempos y cambios institucionales que se avecinan en La Rioja, abren un amplio catálogo de vicios de la vieja política que se siguen reproduciendo casi sistemáticamente.

Por tal motivo, no es casual que la crisis de representación contemporánea, a nivel local o nacional, coincida también con la del modelo de desarrollo a partir del cual fueron creadas las pautas de representación y mediación entre sociedad y Estado; un sistema construido sobre fundamentos precarios, muchos de ellos importados desde los procesos de independencia. El reto que se impone hoy -y que ya fue señalado en sendas ocasiones- es desarrollar partidos más fuertes -algo que parece utópico en La Rioja-, más democráticos y entrenar políticos más competentes, calificados y profesionales en el buen sentido de la palabra.

Pero lejos de esto, priman aún las "chicanas" y los recursos que tiñen todo de polémica e incertidumbre, en lugar de transmitir a la sociedad, expectante por los cambios que en definitiva nunca llegan, seriedad y transparencia.

En pocos días más, quedará conformada la nueva Legislatura -aunque en rigor de verdad, pocas son las nuevas caras-, con la incorporación de los diputados electos. Sin embargo, lejos de ser esto un hecho institucional característico y propio de la democracia en su máxima y mejor expresión, la nueva conformación del cuerpo ya está absolutamente teñida de polémicas, algo que, por otra parte, no deja de ser una constante en dicho ámbito.

A pocos días del recambio de la Cámara de Diputados se presentaron impugnaciones en contra de varios legisladores electos en las legislativas del pasado 28 de junio. El Frente Cívico y Social, por ejemplo, fue el primero que cuestionó el reparto de bancas y elevó a la Legislatura una presentación para que no asuman las diputadas electas Silvia del Valle Gaitán (PJ - Chilecito), Alejandra Oviedo (Norte Grande - Chepes), y Adriana del Valle Olima (MOTEPO - Famatina).

Asimismo, a la presentación del radicalismo se sumó otra más. El intendente de Felipe Varela, Hugo Páez, reclamó la adjudicación a su agrupación de la banca otorgada a Oscar Chamía. El jefe comunal recurrió a la Justicia porque entiende que la banca debería ser para la agrupación 30 de Noviembre, cuya candidata fue Ada Campillay.

Otro que forma parte de la lista de impugnados es Néstor Bosetti, electo por la Capital. En este caso habría una denuncia en contra del empresario solicitando su destitución una vez que asuma como legislador. En tanto que sobre este último pesa además una denuncia para que se lo investigue sobre "venta y distribución de drogas". La exposición fue interpuesta en el Ministerio Público Fiscal, ante la doctora Cristina Santander y solicita que actúe "de oficio, investigando a Néstor Gabriel Bosetti por el supuesto delito de venta, comercialización y/o vinculación a las drogas". Casi nada.

Con todos estos antecedentes, a los que se podría agregar tantos otros, ¿cuáles son las perspectivas para la nueva Legislatura?

Claro que, por estos días, no todo pasa por la Cámara de Diputados. El Concejo Deliberante Capitalino también arroja datos para el asombro. Y no es para menos. Ocurre que el quintelismo no sólo logró en el transcurso de la semana que pasó la sanción de ordenanzas claves, sino también conformar un organismo a la medida de sus necesidades con una votación más que llamativa.

A saber, el Concejo Deliberante de la Capital determinó la renovación en el cargo de miembro del Tribunal de Cuentas de Gonzalo Luna. La sanción de la ordenanza tiene la particularidad de que se tomó la resolución ocho meses antes de que se venza el actual mandato del funcionario.

Con esta acción política legal pero inédita y sorpresiva, se aseguró al quintelismo contar con el dominio absoluto del organismo encargado de controlar las cuentas de la gestión del intendente Ricardo Quintela por los próximos años. Llamativo, ¿no?

La maniobra política, sin dudas generará mucha polémica, ya que el Tribunal de Cuentas es el organismo encargado de controlar los gastos de la gestión municipal y actualmente está integrado por Verónica Saavedra, Vivian Zarranz y Gonzalo Luna.

De esta manera, hasta la finalización de su segundo mandato como intendente del departamento Capital, el jefe comunal Ricardo Quintela contará con un Tribunal cuyos miembros están vinculados a su espacio político de manera directa, lo que abre todo tipo de suspicacias en tiempos en que la sociedad exige controles estrictos sobre los funcionarios -que deberían inculcar con el ejemplo- y más específicamente en lo que respecta al manejo de los fondos públicos.

No obstante, y más allá de que el quintelismo se asegure con esta acción característica de la vieja política eludir todo tipo de control -contrataciones directas al por mayor, prórroga de contratos (EMICAR, por caso), reciclado de basura y su rotundo fracaso-, difícilmente la gestión del intendente Ricardo Quintela (primera y segunda parte) pueda eludir la mirada crítica del ciudadano capitalino que, día tras día, convive con una ciudad que, lejos de ser un sueño -tal como lo prometiera el propio Quintela-, es más bien toda una pesadilla.

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