Las mil caras de Néstor Kirchner

Por Luis Majul

Los hombres de negocios hacen apuestas no sobre el futuro político de la Argentina, sino sobre la psicología de quien gobierna, en los hechos, el país. Néstor Kirchner ahora parece tranquilo y amable, porque sus hombres de confianza y todos los encuestadores afirman que está ganando, en la provincia de Buenos Aires, por entre el cinco y el diez por ciento de los votos las elecciones del próximo 28 de junio.

Pero ¿cuánto tiempo se mantendrá así? ¿Cuántos días pasarán hasta que regrese el verdadero Kirchner, el de la pelea interminable contra el campo, el que ataca a medios y periodistas, el que favorece a empresarios amigos y persigue y hostiga a los enemigos?

Alberto Fernández, ex jefe de Gabinete, uno de los hombres que más conoce a Kirchner, celebró, esta semana, por radio, la irrupción del nuevo personaje. Un político que habla sin gritar, que reivindica lo mejor que hizo durante los años que le tocó gobernar y que, además, es capaz de reconocer algunos de los errores que cometió, incluida la obcecada pelea contra los productores agropecuarios. Un ex presidente capaz de seducir con la misma actitud que esgrimía apenas asumió en mayo de 2003 sin ganar la segunda vuelta y con apenas el 22% de los votos, necesitado de apoyo para gobernar, sin espacio para confrontar con los medios y los periodistas, y con un parlamento sin la mayoría relativa con la que contó a partir de las elecciones legislativas de 2005.

"Me gusta más este Néstor. Y es muy posible que gane las elecciones", pronosticó Fernández, alejado de la pelea cotidiana, pero más cerca del ex presidente que de cualquier otro referente del Partido Justicialista.

¿K no es H?

Él y otros kirchneristas con algo de sentido común, como Daniel Scioli, Sergio Massa y Florencio Randazzo están hablando con los empresarios más poderosos de la Argentina para aclararles que Kirchner no es Hugo Chávez y que no está en el ánimo de este gobierno estatizar empresas como acaba de hacer el presidente de Venezuela con tres siderúrgicas del grupo Techint.

Pero este gobierno ya se hizo cargo del Correo, de Aguas Argentinas, de Aerolíneas Argentinas, se apropió del dinero de las Administradoras de Fondos de Jubilados y Pensionados y lo usa como si se tratara de una partida más de Rentas Generales. Además, Kirchner considera a Techint un grupo empresario hostil. Es cierto que su inquina no llega al nivel de la que siente por el Grupo Clarín, pero si se revisa en detalle la historia de la relación es fácil concluir que esta administración no moverá un dedo para evitar que Chávez se apropie de las empresas del grupo.

Al principio el kirchnerismo llegó a pensar en Techint y otros grandes grupos nacionales como parte de un ambicioso plan de nacionalización de recursos argentinos. El regreso de los viejos capitanes de la industria para manejar los servicios que se habían privatizado en los años noventa. Una idea que mezclaba antimenemismo puro y una inmejorable oportunidad: la de comprar a buen precio los activos extranjeros que con la devaluación y la pesificación tenían poco interés de quedarse en la Argentina.

El plan había sido comprado por el ministro de Planificación, Julio De Vido, e incluso por el entonces presidente, pero con el tiempo le hicieron un pequeño retoque: en vez de aliarse con los grandes jugadores nacionales, la administración K empezó a abrir el juego a los empresarios considerados amigos.

El vínculo con Techint se comenzó a enfriar cuando el conglomerado rechazó una y otra vez la invitación del gobierno para sumarse al club de la obra pública. Llegó al nivel de congelamiento en la época en que el entonces presidente acusó a Paolo Rocca de apostar a la candidatura presidencial de Roberto Lavagna. Pero terminó de descomponerse cuando Techint hizo pública su postura de no convalidar el sobreprecio que algunos funcionarios públicos querían autorizar en las obras que debía ejecutar la empresa sueca Skanska.

"Ese día nos hicieron la cruz. Y si no nos hostigaron como lo hicieron con Shell es porque el tipo de negocios que tenemos no da para que (el secretario de Comercio, Guillermo) Moreno nos llame todas las mañanas", explicó un alto directivo de Techint.

Él cree que tanto Cristina como su marido estaban al tanto de lo que iba a hacer Chávez.

Tarde y mal

Con sus comunicados y declaraciones públicas en contra de la decisión de Chávez, los empresarios argentinos reaccionaron tarde y mal, pero enviaron una señal concreta: si Néstor es capaz de hacer lo mismo que Chávez, estamos dispuestos a resistir como no lo hicimos nunca.

La gran pregunta que se hacen ahora es con qué Kirchner se encontrará el país el próximo lunes 29 de junio. Y hacen sus apuestas:

l Uno que gane por poco en la provincia de Buenos Aires, pero con la necesidad de sostener que triunfó contra todos, y la actitud avasallante de siempre.

l Uno que gane por poco pero conciente de la necesidad de negociar en el congreso y con los caciques del peronismo, portador de un discurso conciliador y un traje de dirigente humilde.

l Uno que pierda en la provincia de Buenos Aires y, con menos poder todavía, se vuelva tan manso como lo precise para negociar su paulatino alejamiento del poder.

l Uno derrotado y resentido, que use los años que le quedan para hacer todo el daño que pueda a sus adversarios y las instituciones.

De todos los Kirchner, el último sería el más real, pero el menos posible. En ese sentido, el ex presidente ya perdió: no puede hacer lo que quiera, cuando quiera, y del modo que se le antoje. Es así de sencillo: ya no puede.

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