Caras largas y silencio en Honduras

El subsecretario de Estado para América latina, Thomas Shannon, y el asesor de la Casa Blanca para América latina, Dan Restrepo, llegaron ayer al convulsionado país. No hubo trascendidos de las reuniones que mantuvieron con Zelaya.
Hermetismo y caras serias. Esa fue la imagen que dejó la primera ronda de reuniones entre la misión diplomática norteamericana, los zelayistas y los golpistas hondureños. El subsecretario de Estado para América latina, Thomas Shannon, y el asesor de la Casa Blanca para América latina, Dan Restrepo, llegaron poco antes del mediodía a Tegucigalpa y de inmediato se encerraron en la embajada norteamericana. Allí tuvieron su primer acercamiento a la empantanada crisis política hondureña. Se reunieron por separado con el equipo negociador de la dictadura y con los representantes del gobierno derrocado. Les dieron un adelanto antes de verse cara a cara con los dos hombres que representan la polarización nacional, Manuel Zelaya y Roberto Micheletti. "Los funcionarios estadounidenses no quisieron dar detalles, pero les prometieron que su misión es restablecer al presidente Zelaya", confió a este diario una fuente cercana a los negociadores del gobierno legítimo. "También les adelantaron que la alternativa de tener elecciones sin restitución presidencial llevará a una futura inestabilidad para el país", agregó.

Ni Shannon ni sus compañeros de comitivas ni su nueva sombra, el embajador norteamericano en Tegucigalpa, Hugo Llorens, quisieron dar detalles sobre su visita. Desde Washington habían adelantado el martes que la misión se quedaría varios días, pero ayer en menos de doce horas los funcionarios norteamericanos habían corrido para reunirse con los dos equipos negociadores, con el presidente Zelaya en su improvisado bunker en la embajada brasileña y, al cierre de esta edición, se preparaban para sentarse a hablar con Micheletti, el presidente de facto.

Tanto Zelaya como Micheletti se apuraron a marcar la cancha antes que el avión comercial procedente de Washington DC aterrizara en el aeropuerto internacional de Toncontín. El presidente legítimo y sus asesores se habían reunido nuevamente con el enviado de la OEA, Víctor Rico, y le habían reiterado que no volverían a sentarse a dialogar con los golpistas hasta que aceptaran la restitución del gobierno derrocado hace exactamente cuatro meses. "El diálogo está concluido, señores", sentenció uno de los negociadores zelayistas ante la prensa, al salir de la reunión.

Por su parte, Micheletti también se alejó de la mesa de negociación. "Yo creo que todo debe ir de aquí en adelante en torno del tema de las elecciones. No vamos a arreglar absolutamente nada, ni el diálogo ni nada si no es posterior a las elecciones", aseguró el dictador desde el Palacio de Gobierno hondureño. Con esa frase congeló cualquier esfuerzo diplomático hasta el 29 de noviembre, fecha en la que están programados los comicios generales para elegir presidente, vice, diputados nacionales y alcaldes para todo el país.

Hasta ese momento la postura del gobierno de facto había sido que ellos querían seguir negociando, pero los zelayistas se negaban a sentarse a hablar. Al menos por ahora, la presencia de Shannon y Restrepo, dos de los máximos responsables de la política norteamericana hacia la región, parece no haber aflojado la posición de Micheletti, todo lo contrario.

Prediciendo esa intransigencia, catorce congresistas demócratas enviaron una carta a su presidente, Barack Obama, para pedirle que si la misión diplomática fracasa, haga una declaración contundente, que no deje lugar a la duda. "Debe conseguir un consenso internacional y declarar sin ambigüedad que unas elecciones organizadas por un gobierno antidemocrático que les ha negado a sus críticos el derecho de expresión, de movimiento y de reunión, no pueden ni serán consideradas libres y justas por nuestro gobierno", reclamaron los legisladores, entre ellos el presidente del Comité Judicial de la Cámara baja, John Conyers.

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