Las dos caras del Brasil de Lula

Por Andrés Oppenheimer

MIAMI.- Brasil ha recibido merecidas alabanzas en los últimos años por sus buenas políticas económicas, que atraen inversiones y reducen la pobreza. Pero ahora enfrenta cada vez más críticas por su desvergonzado apoyo a las dictaduras de todo el mundo.

Según las organizaciones de derechos humanos, prácticamente no hay dictador (o gobierno represivo) que a Brasil no le guste. La semana pasada, cuando el presidente brasileño, Lula da Silva, habló ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, fue recibido con un coro de críticas de Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otros grupos de defensa de los derechos humanos.

"El apoyo de Brasil a los gobiernos abusivos está debilitando el desempeño del Consejo de Derechos Humanos´´, dijo Julie de Rivero, la directora de Human Rights Watch en Ginebra.

Lula está llevando a un extremo absurdo su política de no pelearse con otros países, dicen sus críticos.

El año pasado, después de que el presidente venezolano, Hugo Chávez, cerró la emisora independiente RCTV, Lula dijo a la revista alemana Spiegel que "Chávez es, sin duda, el mejor presidente venezolano de los últimos 100 años´´. De la misma manera, tras reunirse con el semirretirado dictador cubano Fidel Castro durante una visita a Cuba en enero de 2008, Lula dijo que esperaba que Castro regresara al poder pronto para asumir su "rol histórico".

Recientemente, los votos de Brasil en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU se han alineado más a menudo con países totalitarios que con otras democracias latinoamericanas de centroizquierda, como la Argentina, Uruguay y Chile. Entre los ejemplos recientes se cuentan:

* En mayo, Brasil se abstuvo en el voto de una resolución cubana para frenar el monitoreo de violaciones de los derechos humanos en Sri Lanka, donde organismos de la ONU habían denunciado crímenes de guerra. En comparación, la Argentina, Chile, México y la Unión Europea votaron por la continuación de la investigación de la ONU.

* En marzo, Brasil se abstuvo en una votación similar sobre si continuar con el monitoreo de derechos humanos en Corea del Norte, donde los inspectores de la ONU investigaban informes de ejecuciones y campos de trabajos forzados. La Argentina, Chile, Uruguay y los países europeos votaron a favor de continuar con el monitoreo.

* También en marzo, Brasil se abstuvo en una votación para frenar una propuesta africana que buscaba interrumpir las investigaciones de la ONU sobre abusos en la República del Congo. La Argentina, Chile, Uruguay e incluso Nicaragua votaron a favor de continuar con las investigaciones.

* En febrero, durante la revisión de la situación de derechos humanos en Cuba, Brasil dijo que "celebraba´´ la "postura constructiva´´ de Cuba en el sistema de derechos humanos de la ONU.

"Brasil considera los derechos humanos un obstáculo para el logro de sus objetivos estratégicos´´, me dijo el director para las Américas de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco. "Considera que su apoyo a políticas solidarias con el Tercer Mundo y anticolonialistas debe prevalecer sobre consideraciones de derechos humanos.´.

Vivanco agregó que "en América latina, México es un país modelo en lo referido a su política exterior sobre derechos humanos, seguido por Chile, la Argentina y Uruguay. Brasil ocupa el otro extremo del espectro´´.

Marco Aurelio García, asesor especial del presidente brasileño, dijo al diario O Estado de S. Paulo el 14 del actual: "Brasil no tiene por qué estar dando certificados de buena conducta o de mala conducta alrededor del mundo. Creemos que es mucho más importante una acción de carácter positivo, que conduzca a un país a una mejoría en su situación interna, que una acción de carácter restrictivo´´.

Mi opinión: Brasil (y su presidente) merece mucho crédito por haberse convertido en un modelo de estabilidad económica, reducción de la pobreza y libertad política en una región en la que varios países retroceden en los tres frentes.

Pero su política exterior es lamentable. Brasil debería cumplir con los compromisos establecidos por los tratados internacionales, defender los derechos universales y dejar de elogiar a los dictadores. Si Lula sigue haciendo la vista gorda a las violaciones de derechos humanos en el mundo, estará sentando un peligroso precedente que permitirá a futuros gobiernos regresar a los tiempos de graves violaciones de los derechos humanos en su país y en los países vecinos.

A fines de la semana pasada, Brasil votó junto a los países que defienden los derechos humanos sobre Sudán en el Consejo de la ONU. Esperemos que ese voto marque el principio de un cambio en la política exterior de Brasil.

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