La cara oculta de Fuesmen, y el negocio de la salud

La Fundación Escuela de Medicina Nuclear no posee resonador magnético. Desde su creación tiene ese servicio tercerizado sin que exista una explicación concreta sobre por qué se tomó esa decisión. En ese tema, mucho tuvo que ver su gerente, Valentín Ugarte, un médico perpetuado en el cargo. Cómo se fueron renovando acuerdos para tercerizar servicios, y la falta de compromiso con los motivos fundacionales de Fuesmen. El gobierno estudia remover al gerente y hacer una audotoría. Sospechan que hubo enriquecimiento.
La Fundación Escuela de Medicina Nuclear, una de las instituciones médicas con más prestigio en la provincia, esconde una serie de irregularidades que poco tienen que ver con un organismo que debería manejar tecnología de primera generación para convertir a Mendoza en un polo de investigación científica.

Detrás de esa figura existe una serie de hechos que generan ciertas irregularidades en el funcionamiento de Fuesmen. Por ejemplo, la presencia de un gerente general que lleva 17 años en su cargo, un acta fundacional con contemplaciones atípicas para quien ejerza ese cargo y la inexistencia de un resonador magnético propio, a pesar de que en la sede de calle Garibaldi se lleva adelante esa prestación médica.

La Fuesmen no posee resonador. Y desde 1992 tiene ese servicio tercerizado con una Fundación que fue armada casi al mismo tiempo en que en Fuesmen plantearon la necesidad de brindar este servicio. Se trata de la Fundación Argentina para el Desarrollo de la Salud (Fadesa), compuesta por un grupo de médicos que ya trabajaba para la Escuela de Medicina Nuclear como especialistas en tomógrafos computados. Se trata de José Luis Sánchez Rivas, Pablo Ariza y Carlos Padín. De los tres, sólo el primero aparece en el acta fundacional de Fadesa.

Por motivos que no están claros y que desde la gerencia de Fuesmen se negaron a contestar –este diario intentó comunicarse con el gerente, Valentín Ugarte, pero jamás hubo respuesta-, se dejó de lado la posibilidad de adquirir un resonador propio y se optó por generar un convenio con otro organismo que tampoco poseía este instrumental. La diferencia es que Fuesmen contaba en ese momento –año 1992- con todos los pergaminos necesarios para lograr el financiamiento de las empresas multinacionales dedicadas a la medicina.

¿Cuáles eran esos antecedentes? La conformación de Fuesmen y las instituciones que están detrás de su funcionamiento: la Universidad Nacional de Cuyo, la Comisión Nacional de Energía Atómica y el Gobierno de Mendoza.

“La explicación es simple: de ese modo, tercerizando el servicio, se logró una renta vitalicia que convirtió a Fuesmen en un negocio. Es una barbaridad que un organismo de estas características no tenga su propio resonador. Si quisiera, cualquier marca se lo financiaría. Uno de última generación está costando un poco más de un millón de dólares. Se calcula que en un año se podría pagar sólo con los ingresos en concepto de esta prestación”, comentó un médico mendocino que pidió que su nombre no se publicara.

Según los números que maneja Fuesmen, esta teoría cierra a la perfección. En 2001, la Escuela de Medicina Nuclear tuvo ingresos superiores a los tres millones de dólares en concepto de “diagnósticos por imágenes”. Ese año confirmó una tendencia en alza que venía desde la puesta en marcha de este servicio: el crecimiento desde 1992 fue de más del 2.600 %.

En los últimos siete años, los números siguieron en suba, aunque ya no con esa proyección abrumadora. De todos modos, los especialistas consultados aseguraron que Fuesmen podría afrontar ese costo sin ningún inconveniente. Pusieron como ejemplo la renovación de equipamiento hecha por el sector privado que se dedica a la misma actividad y aclararon que en la Escuela de Medicina Nuclear están cobrando precios por estudios de última generación hechos con instrumental antiguo.

Desde Fadesa, Guillermo Ariza, uno de sus directivos, explicó que la fundación a la que pertenece era, en realidad, la única alternativa para poder hacer un convenio con Fuesmen.

“Como nosotros somos una fundación sin fines de lucro, no buscábamos renta”, señaló. Y sin decirlo, hizo alusión a los intereses económicos que existían en el sector privado para que ningún organismo público brindara diagnóstico por imágenes para evitar la competencia y la regulación de las tarifas.

Según Ariza, Fadesa tenía la estructura necesaria para ofrecer esa prestación. Relató que existía una experiencia previa brindando servicio de angioplastía en el Hospital Español y que por eso contaba con mayor accesibilidad para la compra de un resonador.

Para el médico Juan Carlos Miranda, quien se desempeñó como director científico de Fuesmen, esa versión es incorrecta. Afirmó que cuando se consultaron las condiciones de compra a la General Electric, Fuesmen estaba en condiciones de recibir financiación, pero Fadesa no. Aún así se insistió con la tercerización y se terminó adquiriendo el equipo a través de una sociedad armada entre Fadesa y Fuesmen.

El contrato entre Fuesmen y Fadesa fue firmado por diez años y, en líneas generales, a Fadesa correspondía la exclusividad del servicio de resonancia magnética; debía hacerse cargo de los equipos y de los honorarios, y por esos conceptos cobraría el 80 por ciento de los ingresos. Meses más tarde, se hizo un nuevo convenio; esta vez, para la explotación del tomógrafo computado, que era propiedad del Gobierno de Mendoza. En este caso, Fadesa se llevaba el 20%. Pasados los diez años, se renovó el acuerdo.

“Está claro que cada vez se parece más a una sociedad comercial que a un vínculo científico”, reflexionó una fuente consultada.

Durante el gobierno de Arturo Lafalla, en el Consejo Administrativo de Fuesmen se presentó un proyecto para la adquisición de un equipo de resonancia magnética, con una proyección basada en los ingresos, que permitía acceder a un equipo sin ningún trastorno financiero, aunque la idea fue desestimada y tuvo como principal opositor a Valentín Ugarte.

¿Quién es Valentín Ugarte?

Valentín Ugarte fue el médico propuesto por el Ministerio de Salud de la provincia para ejercer la gerencia de Fuesmen en su comienzo. De acuerdo con el acta fundacional, el gerente debía ser propuesto por el Poder Ejecutivo de Mendoza. Es un cargo con seis años de duración, con la opción de reelección, y únicamente se lo puede remover en caso de incumplimiento grave de sus funciones y por el voto de los dos tercios de los integrantes del Consejo de Administración.

En ese Consejo, el presidente y el secretario son designados por la Comisión Nacional de Energía Atómica; el vicepresidente y un vocal representan al gobierno, y un secretario académico y un vocal deben ser miembros de la UNCuyo.

Durante la gerencia de Ugarte, por ejemplo, se hicieron convenios con OSEP para realizar en Fuesmen los estudios relacionados con resonancia o tomografía. En condiciones normales, este acuerdo podría estar avalado porque se trataba de organismos públicos vinculados entre sí. Sin embargo, en el medio aparecía un tercer actor que, más allá de no buscar fines de lucro, pertenecía al sector privado.

A pesar de los años y de los gobiernos que pasaron, Ugarte siempre permaneció intacto en su cargo. La última designación para ese puesto debería haber sido hecha durante el gobierno de Julio Cobos, cuando en Salud estaba Ana María Gotusso.

Se barajaron varias alternativas y hubo algunos nombres en carpeta, pero el Ejecutivo jamás envió una propuesta formal. Aún así, Ugarte se quedó, al parecer, con el visto bueno del resto del Consejo.

Por estos días, la administración Jaque estudia el caso, porque suponen que existió una irregularidad en ese nuevo nombramiento, y harían uso de la facultad que tiene el gobierno para remover al gerente, por entender que su gestión caducó y de esa manera poder colocar a un nuevo candidato.

Básicamente, este punto podría ser la excusa para que desde el gobierno se sugiera una auditoría que vaya más allá de lo meramente contable. Y a partir de ahí comenzar una movida para, además, investigar quiénes se vieron beneficiados durante todos estos años. Porque, como afirmó un funcionario, “si la idea de Fuesmen era investigar, capacitar y brindar asistencia a las personas de bajos recursos, nada funciona correctamente. Por el momento no existen grandes investigaciones, la capacitación es escasa y para recibir un turno gratuito hay que estar meses llenando formularios y sacando certificados de pobreza”.

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