Caputo vuelve de la mano de Cleto

El ex ministro de Alfonsín, cofundador del Frepaso y funcionario de la OEA se entusiasma con "la mirada tranquila, menos ansiosa" de Cobos.Y defiende que no renuncie.
El ex canciller de Raúl Alfonsín, Dante Caputo, tiene ganas, “muchas ganas”, se arenga, de abandonar su “cómodo” cargo de la OEA a cambio de recuperar protagonismo en el mundo, más revoltoso, de la política local. Caputo, igualito pero más canoso que en su época de canciller, cree que “en el país sobra imposición y falta consenso”, argumento en general utilizado, y este caso no es la excepción, para cuestionar los métodos del kirchnerismo. Ocurre que Caputo tiene “buen diálogo” con el vicepresidente Julio Cobos, figura que, confiesa, le gusta “porque tiene una mirada más tranquila, menos ansiosa de la política”.

Al aún secretario de Asuntos Políticos de la OEA no lo entusiasma, cuenta, la idea de ser candidato a diputado por el cobismo. “Quizás asesor político”, contraoferta este ex diputado radical, uno de los impulsores del Frepaso y único ministro que se mantuvo en su cargo durante todo el mandato de Alfonsín.

–¿Por qué quiere volver?

–En la OEA estoy cómodo, gano bien, pero tengo ganas de volver; me tira mucho. El año 2009, a raíz de la crisis mundial, será muy complicado para el país y quiero aportar políticamente.

–¿Cómo cree que impactará la crisis en la Argentina?

–Afectará tremendamente; se moverán las placas tectónicas del país: caerá el empleo y el nivel de inversión. Ojalá el Gobierno, a pesar de la caída en sus niveles de popularidad, tenga suficiente fuerza para enfrentarla.

–¿La tiene?

–Ojalá. Me sorprende que aquí se trate la crisis como un hecho que se originó en el exterior y que sólo importa ahí. En realidad es una crisis que, con mecanismos distintos, tendrá la magnitud de la crisis de 1929. Acá la toman como si sólo fuera un problema de caja.

–Y entre la oposición, ¿hay ideas para enfrentar la crisis?

–Entre los candidatos no veo ni una propuesta concreta al respecto. La verdad es que el panorama político argentino, en general, no está a la altura de las circunstancias. Todo se basa en criticar al otro. Falta imaginación propositiva.

–¿A Cobos no le cabe esa crítica?

–Cobos tiene una mirada más tranquila, menos ansiosa de la política.

–¿Va a ser el candidato a diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires, como pretende el cobismo?

–Veremos. No me entusiasma demasiado ocupar un cargo legislativo; el ritmo de la campaña política no me atrae. Sí quiero trabajar en política, quizás asesorar, ayudar a entender lo que pasa.

–¿Será asesor político de Cobos?

–No sé. Me siento muy cómodo con Julio (por Cobos), me cae muy bien. Me interesa su ritmo, su manejo de los tiempos, que no esté obsesionado por las elecciones de 2009.

–¿Cobos le recuerda al Raúl Alfonsín del 83?

–No. Son estilos distintos. Los liderazgos actuales no se parecen a los que, tradicionalmente, supimos tener. Ni Elisa Carrió, ni Cobos, ni siquiera Néstor Kirchner y mucho menos Hermes Binner representan liderazgos convencionales.

–¿Liderazgos distintos es sinónimo de peores?

–No, porque con los que tuvimos no nos fue tan bien. Son distintos.

–¿La situación institucional de Cobos le parece normal?

–Sí. Dentro de una concertación de gobierno pueden convivir diferentes opiniones. La riqueza de las concertaciones es, precisamente, la crítica mutua, la síntesis entre posiciones que permite avanzar.

–¿Cobos no debería renunciar, entonces?

–Para nada. Si hiciera oposición sistemática al Gobierno, sí. Mientras haya diferencias en dos o tres políticas puntuales, no debería haber problema.

–Usted alentó la inclusión de Cobos en la alianza de gobierno. ¿Se arrepiente?

–No, yo creía y creo en los frentes de gobierno.

–¿Fracasó la Concertación?

–Ojalá que no. Habría que hacer un esfuerzo para relanzarla, reabrirla. La Argentina tiene serias dificultades para construir consensos. 2009 será un año bravo; se necesitará discusión y no imposición.

–No se lo percibe muy optimista respecto del futuro del país.

–Es que la Argentina necesita generar consensos para tener diez años de crecimiento, modernización y distribución, pero no hay indicios de que se pueda lograr. Parece, más bien, que seguiremos en una montaña rusa que aleja a la gente de la política y genera una desconfianza estructural.

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