Cappa sueña como todos los hinchas.

Angel Cappa tiene una campera roja, con el globo de Jorge Newbery y las cinco estrellas; una sonrisa breve; el bigote prolijo; la predisposición sin apuros. Camina rumbo a los vestuarios de La Quemita, con paso manso. Lo paran chicos de las inferiores, curiosos, hinchas, cumpleañeros. Se detendrá ante cada uno de ellos con la misma generosidad. Los mira, los escucha, se saca fotos, firma autógrafos, dialoga. Es la primera escena posterior a la práctica del plantel.
Vive la antesala del partido final ante Vélez, que se disputará el 5 de julio, con la misma calma de cada ocasión previa. En la semana, el Cappa intenso de los partidos, el de los insultos a lo Federico Luppi, se deshace ante el hombre analítico, cercano. En el recorrido un par de personas le piden su presencia en un comedor de la zona de Parque de los Patricios. El técnico de Huracán acepta, como siempre. No es la primera vez: desde su llegada al club dio una charla ante los pibes del barrio Zavaleta; llevó al plantel a la ESMA; y junto a varios de sus jugadores repartió regalos en el Hospital de Niños.

También lo detienen para hablar de fútbol. Escucha preguntas, las responde, ofrece entusiasmo. Una adolescente que solloza emocionada lo mira y le dice, buscando una sola respuesta: "Angel, ¿vamos a salir campeones, no?" Y el hombre que se crió entre los potreros de Villa Mitre, antes del exilio, sonríe y entrega la única respuesta para la circunstancia: "Pero claro..."

Lo aborda otro periodista y le pregunta sobre Mario Bolatti: ¿"Qué más se le puede pedir?" Y Cappa brinda una respuesta propia de su lucidez: "¿Y qué más le vamos a pedir? ¿Que pinte las paredes del vestuario?" Vuelve a reír El Angel de La Quemita.

Lo sorprenden tantas demostraciones de afecto. Hace unas semanas, un hincha con una enfermedad terminal se le acercó a ese mismo escenario, le contó su situación y le confesó: "Mire, no sé si lo voy a poder ver campeón... Pero quiero agradecerle por su equipo: me hace bien". Esa noche, Cappa no pudo dormir. Ahora, cada vez que se acuesta, el técnico de Huracán sueña lo mismo que los hinchas: una vuelta olímpica.

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