La "capitalización" del FMI, una tentación para Cristina

Por: Pablo Ibáñez

El 7 de agosto, Amado Boudou estrenará su cargo como delegado argentino en el FMI cuando la Junta de Gobernadores otorgue, salvo una tempestad no contemplada, el último OK a la asignación de 2.500 millones de dólares para sumar liquidez al sistema económico global.

El mecanismo, si no hay sorpresas, se efectivizará el 28 de agosto y permitirá a la Argentina incorporar 2.500 millones de dólares a sus reservas. El monto se deduce del reparto proporcional según la participación del país en el Fondo, actualmente del 0,97%.

La operación forma parte del plan anticrisis planteado en la cumbre del G-20 en Londres, en abril pasado. Por la teoría del desacople, con la que machaca Cristina de Kirchner, esa «capitalización» del FMI operará como una especie de bendición inesperada.

Con simpleza, en Casa Rosada se sostiene que en un pestañeo, el Banco Central no sólo recuperará los 1.500 millones de reservas que usó para pagar el Boden 2012, sino que sumará 1.000 millones con lo que amortiguará la caída de 400 millones registrada en los últimos meses.

Tentaciones

El interrogante, de todos modos, tiene que ver con las tentaciones y las urgencias de un Gobierno al que se le diluye la «caja». Una alternativa: los 2.500 millones de «capitalización» del Fondo Monetario se agregan a las reservas y se termina la intriga.

No es la única opción que sondean los Kirchner. Otra, que combina la necesidad y el sesgo anti-FMI, sugiere convertir en «cash» los Derechos Especiales de Giro (DEG) que corresponden a la Argentina en el reparto que hará el organismo entre los 186 países que lo integran.

En cada campaña electoral, propia y ajena, Néstor Kirchner repiqueteó con maldiciones contra el Fondo. Ese desprecio alienta, junto con un mix basado en la heterodoxia K y un escenario fiscal incierto, la hipótesis sobre «rematar» los DEG para hacerse de recursos. Algo así como usar las últimas joyas de la abuela.

Si se concreta, la participación en el -y por consiguiente la posibilidad, en el futuro, de obtener recursos del- FMI se reducirá, aproximadamente, a la mitad de la actual. Los Kirchner, que corean el salmo de que «hay vida después del Fondo», acaso lo califiquen como gesto de soberanía.

Detrás, sin embargo, estará más latente la debilidad que la pretensión de autonomía. ¿Es un procedimiento inocuo? Cristina podría, con algún criterio, decir que prefiere perder presencia en el FMI a cambio de disponer de recursos para financiar, por ejemplo, a las provincias.

Compradores

El cortoplacismo, con esa lógica, nublará una cuestión estratégica. Mientras Cristina subasta sus DEG, Brasil y Chile asoman como potenciales compradores. El país trasandino, que tiene un 0,39 en el FMI, podría incrementar su participación hasta superar a la Argentina.

La consecuencia de esa resolución excederá, por mucho, a los Kirchner. Eso explica que círculos legislativos de la oposición hayan puesto la lupa en el caso de los DEG y exploren por estas horas si la operación depende sólo de una orden presidencial.

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