El capital financiero ataca de nuevo

La disputa es entre Sacyr, constructora e inmobiliaria que sufrió fuertes pérdidas por la especulación en la crisis, y la dirección de Repsol. La accionista Sacyr reclama vender YPF y otros activos para obtener ganancias rápidas.
La crisis financiera mundial tiene múltiples formas de hacerse notar. Esta vez, el golpe le llegó a YPF, pero no por baja en sus precios ni por ninguna otra afectación directa de sus negocios, sino por los problemas que afronta una empresa constructora española, víctima de su propia especulación con la compraventa de propiedades con créditos hipotecarios. Se trata de Sacyr, constructora e inmobiliaria, que en su expansión financiera se alzó con el 20 por ciento de Repsol, siendo hoy el principal accionista individual. Desde esa posición, necesitada con urgencia de fondos líquidos, montó una campaña para imponerle a la dirección de Repsol que privilegiara los negocios más rentables y la distribución de dividendos a sus accionistas (es decir, a ellos mismos), y se desprendiera de otros menos rentables en lo inmediato, como YPF en Argentina y sus participaciones en exploración en Brasil asociada a Petrobras.

La solapada presión sobre las autoridades de Repsol, encabezadas por Antonio Brufau, fue desplegada a través de una serie de versiones que circularon desde la semana pasada en los medios de comunicación financieros de España, que culminaron ayer en la tapa del diario Expansión. La versión también involucró a La Caixa, segundo inversor individual (12,8 por ciento de las acciones) y empresa de origen de Brufau. La demanda de "vender activos para rentabilizar Repsol" comprometía, además de YPF, las participaciones en Brasil, con resultados muy promisorios en materia de descubrimientos recientes pero de elevado costo de realización por las inversiones en extracción que necesitaría.

La posición de Sacyr no deja lugar a dudas: no quiere inversiones sino beneficios urgentes. En la última reunión del consejo de Repsol se reflejaron las diferencias. Brufau propuso bajar los dividendos de este ejercicio a 85 centavos por acción, contra 1,05 euro pagado el año pasado, dada una caída en los resultados cercana al 50 por ciento por la baja en el precio del petróleo. Sacyr contrapuso la opinión de mantenerlos en 1,05, cualquiera fuese el resultado. De ser así, su dividendo ascendería a 256 millones de euros. De imponerse la propuesta de Brufau, sacrificaría 48 millones.

Sacyr, como constructora, operó con voraz lógica financiera. Apostó a endeudarse para comprar, con el solo objeto de esperar que las propiedades subieran para luego vender, pagar el crédito y ganar una diferencia sin arriesgar un euro propio. Cuando el ascenso de precios se cortó, y se convirtió en declinación, el negocio pasó a ser ruinoso. Hoy la constructora-financiera busca resarcirse con dividendos urgentes que le reclama a Repsol.

Está claro que la lógica de especulación financiera choca de frente con la lógica de petrolera con negocios expandidos, cuyo fundamento central será la inversión a mediano y largo plazo. El riesgo para la petrolera es obligarla a una retirada paulatina de los negocios al frenar inversiones y privilegiar el reparto de ganancias.

En la petrolera local, YPF, las novedades fueron tomadas con calma. "Es más el impacto mediático que el efectivo", sostienen allegados a la conducción. Observan que, cuanto mucho, la presión de Sacyr podría derivar en apurar el plan de desinversión propuesto a principios de 2008: cesión de hasta un 25 por ciento a un socio local y salir a Bolsa con un 20 por ciento del paquete accionario. El grupo local Petersen (Enrique Eskenazi) ya tiene el 15,5 por ciento y una opción por el 9,5 por ciento restante. El propio Eskenazi trajo la noticia desde Madrid, pocas semanas atrás, de que Repsol saldría a Bolsa con el 20 por ciento de las acciones "en el primer cuatrimestre de 2010".

Sacyr, presidida por Luis del Rivero, tiene otros planes: presionar para recibir utilidades antes y para que, tras darse a conocer hoy los resultados económicos del período enero-septiembre, se sostenga el compromiso de pagar 1,05 euro por acción. Aunque las cuentas señalen una caída en las utilidades del 50 por ciento respecto de un año atrás.

Comentá la nota