El capital argentino no compite cuando hay riesgo país alto

Por Hernán de Goñi

No va a resultar fácil encontrar a un empresario argentino que tenga vocación de operar en un sector altamente regulado por el Estado, como es el lácteo. La posibilidad de que Pascual Mastellone termine desprendiéndose de La Serenísima por no poder afrontar la monumental deuda que acumula causó preocupación en la Casa Rosada y en algunos sectores de la dirigencia rural, porque la candidata natural para hacerse cargo de la principal productora de leche del país es una firma extranjera, la francesa Danone.

Este temor, sin embargo, no es muy congruente con la realidad que construye el Gobierno. Porque uno de los factores que tiene en contra La Serenísima para salir adelante es ser una empresa radicada en la Argentina, país en el que el costo del financiamiento triplica (por decir una cifra conservadora) el nivel de tasa que puede conseguir una firma internacional en el mercado de capitales.

Esto significa que mientras el Gobierno no genere una política que favorezca la reducción de la prima de riesgo, siempre será más fácil conseguir capital accesible para una multinacional que para un local.

Es legítimo desear que una marca como La Serenísima represente lo mejor del capital nacional. Pero con pedirlo voz alta no alcanza.

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