Caos en la cumbre del clima: aún no logran consensuar un acuerdo

Afuera del centro donde se desarrollan las negociaciones, la policía reprimió con violencia a cientos de activistas. Adentro, la presidencia danesa del cónclave no pudo concluir un borrador del documento final que deben analizar 120 mandatarios.
Caos adentro y afuera de la cumbre. Unos dos mil activistas fueron impedidos de ingresar sin credenciales al Bella Center donde se realiza la crucial cumbre de cambio climático. La policía danesa, reforzada por efectivos de Alemania, Suecia y Noruega, lo logró después de pegar duro con sus bastones y lanzar gas pimienta como si fuera perfume. Anne y Micha, dos ambientalistas alemanes lloraban como niños por efecto de los gases. Y a su lado, un delegado de Camerún imploraba a la policía que lo dejara pasar. Pero quedó afuera como el otro representante de Polonia y el resto de la prensa que tuvimos que esperar casi dos horas bajo una nevada intensa que un oficial de seguridad de la ONU diera la orden de hacer ingresar a los acreditados.

La policía actuó con una inusitada violencia. Un muchacho francés que intentó escapar subiéndose al capot de una camioneta policial fue brutalmente golpeado con palos antes de ser esposado con cintas de plástico y trasladado junto a otras 200 personas a la improvisada cárcel armada con alambradas dentro de una gran barraca cerca del puerto.

En el interior del Bella Center, donde la mayoría de los delegados había permanecido toda la noche negociando, la situación no era mejor. El plenario general fue interrumpido por un enorme descontrol de la presidencia danesa que no sabía cómo ordenar las conclusiones de las ocho comisiones que se habían creado el día anterior para intentar llegar a algún consenso. El primer ministro danés, Lars Loekke Rasmussen, tuvo que sustituir a la ex ministra de Medio Ambiente, Connie Hedegaard, en la presidencia de la cumbre. "La Connie", como la conocen todos acá dentro de las deliberaciones, no logró estar a la altura de las circunstancias. Lo cierto es que al promediar la tarde el canciller argentino Jorge Taiana resumía así la situación: "Está todavía todo muy trabado. Sigue habiendo diferencias muy sensibles". Los 192 países reunidos aquí buscan encontrar un acuerdo global de reducción de gases de efecto invernadero que sustituya al Protocolo de Kioto, que expira en 2012, y que determine la financiación que los países ricos destinarán a la mitigación del cambio climático en las naciones en desarrollo.

Los grupos de trabajo habían discutido y armado borradores durante toda la madrugada. Las conversaciones terminaron a las ocho de la mañana. Pero la presidencia danesa no logró armar un acuerdo concreto. "Es un borrador lleno de paréntesis que tienen que ser llenados. No hay cifras de los recortes de emisiones de gases ni de cuotas de dinero para el fondo de ayuda a los países más pobres para que hagan la reconversión de sus industrias", resumió un delegado latinoamericano.

La presidencia danesa admitió que con suerte presentará recién hoy un borrador de un acuerdo para la protección del clima, para las negociaciones finales entre los jefes de Estado y de gobierno.

Argentina y Brasil coordinaron en las últimas horas sus posiciones frente a varias de las comisiones de trabajo. Taiana estuvo reunido con Dilma Rousseff, la candidata presidencial brasileña. Van a presentar un frente común dentro del Grupo de los 77 por sobre todo para evitar que se apruebe una resolución por la que se imponen impuestos a "la huella de carbono". Se trata de un arancel especial a los productos que van a necesitar más viaje para llegar desde sus lugares de producción a los centros de consumo. En ese sentido, Argentina, y toda Sudamérica podría ser perjudicada por su distancia de los mercados estadounidenses y europeos. China e India también se oponen a esta medida.

En medio del caos llegaron Hugo Chávez, de Venezuela, y Evo Morales, de Bolivia, para encender la cumbre. Y en el momento en que estaban entrando al plenario, dos chicos daneses se subieron al escenario con carteles que decían "No hay Planeta B" y "Actúen ahora". El venezolano tomó la palabra antes de que finalice la primera ronda para decir que, como Shakespeare en "Hamlet" y Marx, veía que "un fantasma recorre Dinamarca, el fantasma del capitalismo que no quiere desaparecer".

"¡Si el clima fuera un banco ya lo habrían rescatado!", gritó Chávez entre los aplausos y las risas de los representantes de los países en desarrollo y el mal humor de la delegación estadounidense. "¡Qué salga un documento! ¡Qué salga un compromiso!", volvió a gritar el venezolano para el delirio de todos los delegados. Y para ganarse al resto del público, dijo que había que dejar espacio para escuchar a los que protestaban afuera.

Evo Morales fue a la sala de conferencias para exigir "un tribunal de justicia climática que juzgue a los países que contaminan la Tierra". Antes había dicho que estaba ahí para "defender a la Pachamama". Tres collas que estaban en la sala como representantes de una ONG boliviana, gritaban consignas en aymara. Y, finalmente, lanzó: "Si queremos salvar al planeta tenemos que acabar con el capitalismo".

La salida del Bella Center no fue tampoco nada fácil. El subte y el tren fueron paralizados por una amenaza de bomba en la estación central de Kovenhavn. Fue una falsa alarma. Una alarma como la que suena desde hace días en el interior de esta cumbre y que nadie parece querer oír.

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