Cañonazo.

INDEPENDIENTE 2- BOCA 0: El Rolfi metió el mejor caño del torneo y la clavó en un ángulo. ¿Que no juega los clásicos? En este Clausura ya sometió a Racing y ayer se cargó al campeón.
Saludó a Riquelme y se fue para el medio de la cancha. Montenegro no sabía que el 10 del día iba a ser él. No se lo podía imaginar porque nadie puede imaginarse ese caño, ese cañonazo, ese gol que le puso nombre y apellido a un partido hasta ahí huérfano de figuras.

¿Qué fue más lindo? ¿El caño? ¿El cañonazo? ¿Habérselo hecho a Boca?

El caño. Daniel Montenegro, el Rolfi, que se hizo jugador en esa cancha, el que acusan de no comprometerse en los partidos comprometedores, el que lleva la camiseta que usó el Bocha... tiró un caño pisando la pelota que seguramente quedará en la historia. Vargas todavía intentaba cerrar las piernas y el 10 ya le había sacado dos metros de distancia.

El cañonazo. Tuvo control para acercarse al arco sin que los pozos lo traicionaran y le dio de lleno, de adentro hacia afuera para clavarla casi en el ángulo izquierdo del Pato. Y para agregarle belleza, la pelota dio en el palo y entró.

Algunos insisten en que todos los goles valen lo mismo... ¿Pero cuánto cambió Montenegro e Independiente con ese gol? Mucho, sobre todo porque cumplió con lo que se le pide a un capitán y líder: que aparezca en las difíciles. Y el Rojo ardía en llamas. Fino, rápido, incisivo, el Rolfi arrancó su juego bien recostado por izquierda y bailó a Ibarra. Ni siquiera en el mal momento del equipo, durante el primer tiempo, dejó de ser el eje. Una imagen alcanzó para entenderlo. Moreno, en su desconcierto táctico habitual, empezó a seguir a Vargas casi hasta campo propio. El grito del 10 se hizo escuchar y el punta volvió al ataque.

Ese líder-referente debía hacerse cargo de una historia torcida. "Nos agarraron desprevenidos. Sabíamos que los teníamos que presionar porque iban a cansarse y en el segundo tiempo lo hicimos. Se agrupaban bien y era cuestión de encontrar algo extra...", analizó. Extra que llegó en forma de caño.

A partir de gol, el gran mérito de Montenegro fue encontrar los espacios que obligadamente dejaba Boca en desventaja en el resultado y con un jugador menos. Con metros para meter el cambio de velocidad, desbordó y asistió a Mazzola. Generó infracciones y se adueñó del juego. La pelota pasaba sí o sí por él. "Creo que nos falta regularidad. Hoy (ayer) les echaron a uno y empezamos a errar pases cuando teníamos que tener paciencia. Cuando corregimos eso, mejorarmos".

Escuchó con una sonrisa cuando Pusineri le pidió patear el penal ("Era una jodita") y repitió el festejo señalándose el 10 en la espalda cuando engañó al Pato en el 2-0. Con el cañón en el bolso y más tranquilo, el Rolfi sabe que no alcanza: "Es para el grupo, para Pepé, para mi familia... Pero ahora vamos a Jujuy. Si perdemos se vuelve a la semana anterior".

A un par de semanas de cumplir los 30, aprendió a convivir con el sombra de su supuesta falta de actitud. "Son palabras nada más. Se pueden tener buenos o malos momentos". Hábil, cuida las palabras, pero mete caño y cañonazo para despedirse.

-Es la primera vez que con Independiente le hacés goles a Boca... Encima con un golazo.

-Y... me parece que valió la pena esperar.

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