Los cañeros chicos, la prioridad

En un escenario con perspectivas altamente favorables para el sector azucarero, abundan las deslealtades. Por Fernando García Soto - Redacción de LA GACETA.
La zafra azucarera tucumana culminó por estos días con la sensación de que el proceso fue finalmente positivo. La actitud de quienes ven el vaso medio lleno en esta actividad contrasta con aquellos que creen que el sector debe autogenerar una especie de revolución interna, que permita consolidar lo bueno que se hizo hasta ahora, erradicar viejos vicios y malas costumbres, y propiciar acciones que permitan que el nuevo negocio del sector azucarero-alcoholero-energético distribuya recursos de manera equitativa entre los factores de la actividad. Un primer paso en esta línea es atender las reales necesidades de los azucareros más vulnerables, que son aquellos pequeños cañeros, de menos de 50 hectáreas, que están fuera del sistema formal y que suelen ser víctimas de todas las crisis y de la inescrupulosidad de sus propios pares y de intermediarios.

En el actual escenario económico, se esperan buenos precios internos y externos del azúcar para 2010. A partir de ese mismo año, además, se pondrá en marcha el ambicioso plan de biocombustibles, al tiempo que algunos ingenios ya avanzaron en adaptar sus estructuras para cogenerar energía eléctrica a fin de vender a la red pública, en un mundo que cada segundo que pasa clama más por estos recursos. Tal vez por todas estas perspectivas es que hoy nadie se quiere desprender de nada que tenga vinculación con la actividad azucarera. Así, por estos días se formalizó el anuncio de que se deshizo la posibilidad de que el ingenio Ledesma, de Jujuy, se quede con el ingenio La Florida, la fábrica azucarera-alcoholera que será la mayor productora de etanol para naftas en 2010, con 60 millones de litros, nada menos, a $ 2,40 el litro, según la última actualización del precio que determinó la Secretaría de Energía de la Nación.

Otro indicador interesante, que demuestra el interés que los inversores están volcando hacia el sector azucarero, es que hay una mayor demanda de campos para caña, en parte porque hoy este cultivo es más rentable que la soja. Entonces, se cree que en el corto plazo el cañaveral tucumano recuperará posiciones que en años anteriores fue cediendo a la oleaginosa. En este proceso, la concentración se viste con sus mejores galas. El presidente de la cooperativa de cañeros Ibatín, Néstor del Pozo, comentó que se observa más que nunca la salida de los pequeños productores del sistema. Estos cañeros minifundistas no pudieron aprovechar la suba de los precios internos del azúcar de las últimas semanas, ya que se habían visto obligados a desprenderse del físico mucho antes, para solventar sus gastos de cosecha y para vivir, debido a que no hubo este año financiación para la zafra.

La mayoría de los industriales y de los cañeros admite que la atención de la situación de los productores más chicos debe ser la prioridad del trabajo de la mesa de seguimiento de las exportaciones de azúcar, que este año se lució al impulsar la venta externa de más de 700.000 toneladas del producto, lo que favoreció el equilibrio del mercado interno. Sin embargo, en la práctica los cañeros chicos están sumamente expuestos a las fuerzas de un mercado inconmovible, poblado de azucareros que enarbolan las banderas de la seriedad, y que luego son artífices de estratagemas poco ortodoxas en el manejo del negocio. Por mencionar sólo algunas prácticas desleales de las que son objeto los cañeros chicos, vale mencionar que los ingenios les muelen la caña muy temprano o muy tarde, con lo que se pierden rendimientos, o directamente los perjudican con pesajes de la materia prima que rozan la ilegalidad.

Una buena manera de comenzar a revertir la crisis de los productores de menor escala sería fomentar la molienda temprana con un rendimiento fabril parejo para todos durante la zafra, y la puesta en marcha de un esquema uniforme de pesaje de la caña para todos los ingenios. Otra sería que las propias industrias financien a los cañeros chicos, para que estos puedan subsistir sin necesidad de desprenderse rápidamente de su azúcar. Son medidas no muy complejas, que los azucareros saben que se pueden ejecutar sin muchas dificultades.

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