Candidaturas que engañan

Por: Ricardo Kirschbaum

Las candidaturas "testimoniales" son un pozo sin fondo de sorpresas nada saludables para el sistema político y la calidad institucional, una de las "deudas" que el gobierno de Cristina iba a atender con prioridad.

El sainete montado alrededor de Santiago Montoya, el cruzado escondido en los bosques de Sherwood para cazar evasores, es desopilante. Y el funcionario nada tiene que ver en el entuerto.Ayer se hizo trascender que Montoya sería candidato en San Isidro. La fuente era tan confiable que los medios, incluido Clarín, publicaron la información sin haber consultado al propio interesado, un error que se comete más veces de lo que se admite. Y en Internet, ni hablar: casi es un lugar común. Enterado Montoya de que era candidato por los medios, se enojó tanto que montó un número de aquellos. Salió a despotricar contra Kirchner y el método de la vara disciplinaria. Ahora Scioli no sólo se quedó sin una cara atractiva en un distrito esquivo sino que también puede perder a su recaudador.

Otra historia es la de Lilita Carrió. También aportará su "testimonio" detrás de Prat Gay en la Capital. La jefa suprema de la Coalición Cívica se había hasta enojado cuando le preguntaban si sería candidata. Lo desmintió tan firmemente como horas después lo admitió por televisión, aclarando que iría segunda, como si su nombre en las listas no fuera tan rutilante como para opacar a cualquier otro. Quizá quedó atrapada en el minué de los dirigentes ruralistas que, entre coqueteo y gestos de seducción, tampoco se animaron a medir lo que realmente piensan de ellos los votantes.Las "testimoniales" son candidaturas que, al final, engañan porque se postulan a cargos que no ejercerán si resultan electos. Casi una estafa, por ser benévolos.

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