Con candidatura en puerta, Lifschitz cierra un año difícil

Al cierre de un año complejo en el que el municipio fue acotando funciones y redefiniendo los límites del gasto, el intendente Miguel Lifschitz aseguró ayer que transita su último período en el Palacio de los Leones y consideró como "una alternativa" su candidatura a gobernador.
"Lo veremos, seguramente, más adelante. Es una alternativa", disparó Lifschitz en Canal 3. Casi en simultáneo, la posibilidad de encarar la misma senda que su antecesor, el gobernador Hermes Binner, fue potenciada desde varios despachos de Buenos Aires 711. "Es un paso lógico", deslizaron.

La probable postulación de Lifschitz parece encontrar argumentos en la imposibilidad de reelección de Binner y en la debilidad del menú opositor rosarino. No obstante, en el horizonte se recortan problemas insoslayables para los hombres de la rosa roja.

La crisis económica, alimentada por el conflicto entre la Nación y el campo y el descalabro financiero global (de efectos impredecibles), desaceleró inversiones, instaló la posibilidad de despidos y alteró el humor social.

Si bien la administración de Lifschitz esgrime no haber cambiado su "filosofía política" y pone sobre la mesa la carta fuerte del nuevo Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca), en los últimos 12 meses abundaron los aumentos de tasas y del boleto de ómnibus (signado por graves incidentes en el Concejo) y la extensión de falencias en el transporte de pasajeros y en el servicio de recolección de residuos, cuya concesión fue nuevamente prorrogada. Incluso se barajó municipalizar parte de esta prestación.

La suma de todos estos males (o medidas impopulares) también implicó desgaste. Es más: La Capital dio cuenta de la existencia de una encuesta que reflejó una considerable caída en la ponderación de la gestión socialista.

"El costo es relativo. Lo ideal es no generar elementos que toquen el bolsillo de la gente, pero en año muy difícil para toda la gestión pública dimos muestras claras de que fueron decisiones movidas por la inflación y sustentadas por el criterio de la solidaridad", retrucaron.

Los meses por venir también obligarán a aceitar el vínculo con el gobierno provincial. Pese a la buena sintonía pregonada, hubo tiempos o plazos distintos.

El 2008 se despide con la chance de que la administración de Binner auxilie financieramente a intendencias y comunas con fuerzas y recursos consumidos por la reciente —y convulsionada— negociación salarial con los municipales.

A las puertas de un año electoral que mixturará nuevas no tan buenas y campaña, las espadas de Lifschitz hablan de "doblar la apuesta" por la autonomía y de "pelear por los recursos que Rosario merece".

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