La candidatura de Kirchner

Por Fernando Laborda

Si hay algo que difícilmente haga Néstor Kirchner es resignarse ante las perspectivas de una ola poskirchnerista. En especial, cuando faltan más de dos años de las próximas elecciones presidenciales.

Es lógico que, en las complejas horas presentes, circule por la cabeza del ex presidente la hipótesis de que ni él ni su esposa puedan estar en condiciones de postularse para un nuevo mandato. Pero no parece sencillo que Kirchner admita algo semejante con tanta anticipación.

Por un lado, Kirchner ha aprendido desde muy joven que jamás hay que negar una candidatura, aun cuando no se piense en ella.

Por otro lado, el peronismo se ha caracterizado históricamente por tener el instinto de ciertos animales carroñeros que se alimentan de cadáveres que pueden oler a gran distancia. Y Kirchner evitará a toda costa la transformación prematura de él y su esposa en patos rengos. De allí que medite seriamente en ser primer candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires.

Por ahora, desde Olivos, el ex presidente instruye a su séquito y a intendentes bonaerenses para que vayan instalando esa candidatura. Pero la decisión final la adoptará el propio Kirchner en el momento justo: poco antes del cierre de presentación de listas, hacia agosto. ¿Para qué? Para evitar que los distintos sectores de la oposición tengan tiempo para articular una estrategia común.

Con una oposición fragmentada entre la trilogía Macri-Solá-De Narváez y el acuerdo entre la UCR y la Coalición Cívica de Elisa Carrió, el kirchnerismo no duda de su éxito. Podría ser, no obstante, un triunfo pírrico, por los votos y bancas que el oficialismo perdería respecto de los comicios legislativos de 2005 y 2007. Pero eso no parece importar a los estrategas del Frente para la Victoria.

Los kirchneristas pretenden hallar en la crisis global el mejor aliado para deslindar responsabilidades por un aumento del desempleo. En cambio, comienza a preocuparlos la inseguridad, que ha escalado al primer puesto en las preocupaciones sociales. "Aun cuando Aníbal Fernández pudiera tener razón sobre la caída en la tasa delictiva, comunicaciones de ese talante no hacen más que enfadar a la opinión pública. La sensación térmica no se alimenta sólo de estadísticas", señaló la socióloga Graciela Römer.

La inseguridad y el pánico también han llegado a ciertos funcionarios K. Mas no por la sucesión de asesinatos, sino por la irrupción de figuras como Susana Giménez y Marcelo Tinelli en el debate. Sobrevuelan en su imaginario los fantasmas, pero sólo se trata de una conspiración de la realidad.

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