Los "no candidatos testimoniales" mendocinos.

Peculiaridades del proceso electoral local: junto a una digna enmienda constitucional, un debate donde lo central son los "no candidatos".
Comencemos por lo bueno. En medio de la catarata de agresiones, seudolegalidades y carencia total de propuestas en que se ha convertido esta elección legislativa (sin dudas la peor, la más confusa democráticamente hablando y la más desinstitucionalizante republicanamente hablando, desde 1983) en Mendoza una gota de agua limpia resplandece entre tanta suciedad: estamos hablando de la enmienda constitucional que se pondrá a votación popular para limitar la reelección de los intendentes (actualmente indefinida) a un solo período más.

Eso es un mérito de toda la clase política local que debe ser reconocido en su muy positiva dimensión, máxime en un país que avanza en sentido bien contrario.

Y más que un mérito, una señal de hacia donde debería marchar la Argentina si no quiere retornar a ser otra vez, como en el siglo pasado, una nación pre-constitucional, un desierto institucional, como muchas tendencias indican.

Nepotismos menducos. No obstante, la enmienda tiene el defecto de no haber sido planteada como las mejores reformas constitucionales de la provincia: con carácter anticipatorio. Hoy más bien deviene una propuesta de carácter reparatorio porque muchos males que esta modificación podría haber evitado de haberse dictado antes, ya se han infiltrado en los municipios locales.

En efecto, así como la no re-elección provincial ha impedido en forma taxativa la conformación de gobernadores-caudillos como ocurre en la mayoría de las provincias sin esa limitación, en los municipios mendocinos sin límite reeleccionista, ha ido creciendo a niveles preocupantes el nepotismo, el caudillismo, los gobiernos de familia.

Vicios que esta enmienda -de ser aprobada- demorará tiempo en revertir porque la mala práctica ya se ha instalado en los usos y costumbres políticos provinciales donde esposo/as, hermano/as, hijo/as son moneda corriente en las sucesiones del poder.

Un fraude llamado "testimonio". La otra práctica política nada positiva que se ha introducido en el debate público local es la que podríamos llamar la versión mendocina de las candidaturas testimoniales. Esas por las cuales se presentan al frente de las listas electivas figuras reconocidas (generalmente gobernadores o intendentes) para traccionar votos, pero que no asumirán jamás en los cargos para los que "eventualmente" se postulan.

O sea, lisa y llanamente una estafa, sino en términos legales, definitivamente sí en términos de legitimidad o del espíritu básico con que fueron confeccionadas las normas, donde los aspirantes realmente "aspiran" a ser electos para asumir sus responsabilidades, no para renunciarlas previo a su elección.

En Mendoza las cosas no han llegado a tanto, pero lo cierto es que las cabezas de lista de los partidos principales están siendo desplazadas en el debate electoral por la participación de figuras políticas que no son candidatos en esta elección.

Y en los tres partidos por razones diferentes.

No candidato testimonial I: Cobos. El caso más obvio es el del vicepresidente Julio Cobos, que cuando vio que las diferencias porcentuales entre la UCR y el PJ no eran tantas como se suponía al principio (al menos según lo que dicen la mayoría de las encuestas, incluso las radicales), decidió poner toda la carne al asador y salir al ruedo con un frenesí rotundo. Para lo cual se ubicó personalmente al frente de la campaña, librando una batalla casi personal contra el gobernador Celso Jaque y proponiéndole al país entero su precandidatura presidencial en el caso que los mendocinos decidan votar a los suyos en Mendoza.

Cobos, que intentó preservar lo máximo posible su investidura un tanto singular de opositor a cargo de la Vicepresidencia y por eso casi no interviene en la campaña nacional de su fuerza, dejó todo prurito formal de lado en lo que hace a Mendoza porque sabe que aquí le va la vida y entonces se ha convertido en el gran elector. Frente a lo cual la ya de por sí gris participación de sus candidatos reales en la campaña, empalidecerá aún más.

No candidato testimonial II. Jaque. El caso de Jaque es muy distinto. Los suyos propios no lo querían en la campaña porque -frente a frente- la imagen positiva de Cobos se impone absolutamente por sobre la imagen mucho más cuestionada del Gobernador.

Pero Jaque no puede darse el lujo de mantenerse prescindente en una elección que -hoy por hoy- aparece casi como la única posibilidad de relanzar su gobernación recuperando los jirones de popularidad que fue perdiendo a poco de asumir, muy probablemente por no haber podido cumplir sus promesas en la resolución del problema de la inseguridad.

Jaque, al igual que Cobos, sabe que se está jugando el todo por el todo. Porque si se mantenía prescindente en la elección, los beneficios de un triunfo serían sólo parcialmente para él (lo cual no le alcanzaría para su reposicionamiento), pero ahora que se puso al frente de ella, un fracaso será absolutamente todo para él.

Pero claro, su participación electoral -debido a la envergadura de su cargo- no puede sino tapar el protagonismo de los candidatos del PJ. Y éstos no parecen tan contentos como por la misma razón están los candidatos de la UCR.

Es que los radicales creen que Cobos les suma y los peronistas que Jaque les resta. De allí el enojo del candidato a senador, Adolfo Bermejo, el día de ayer (ver página 3). Que más que enojo se asemeja a desesperación, o a dos campañas diferentes dentro del mismo PJ.

No candidato testimonial III: Macri. Omar De Marchi, el candidato a diputado por el PD, aparentemente no tenía los problemas de la UCR o del PJ porque es de lejos el más conocido de los aspirantes a cargos electivos. No obstante, cuando vio el feroz enfrentamiento entre Cobos y Jaque, decidió ir por más y traer al ruedo a su propio no candidato testimonial.

Entonces cubrió su publicidad (y la del candidato a senador Juan Carlos Aguinaga), con la presencia fotográfica del jefe de gobierno de la Capital Federal y líder del Pro, Mauricio Macri, para ver si él le suma los añorados votos a fin de que el PD pueda cumplir la utopía de al menos superar en votos a uno de los dos partidos nacionales, lo cual sería un triunfo espectacular.

De Marchi también corre su riesgo porque el PD es un partido muy provincial que más de una vez apoyó a alguna fuerza nacional, pero el énfasis con que ahora se compromete con Macri para que la traccione más votos, preocupa seriamente a los más localistas de los demócratas por el riesgo de que se difumine la identidad del tradicional partido al convocar en su apoyo a un líder porteño.

Por eso, ahora De Marchi también se juega mucho en las elecciones, casi tanto como Cobos y Jaque.

Pecados leves. En fin, a lo mendocino, o sea algo más prolijo, la moda de los testimoniales también contagió a Mendoza. Menos mal que Cobos, Jaque y Macri intervienen como no candidatos testimoniales, que no será lo ideal pero no es tan bochornoso como la inmensa estafa moral de las candidaturas testimoniales. El pecado mendocino es, en todo caso, un pecado venial.

Comentá la nota