Candidatos testimoniales y chispazos en las alianzas

A una semana del lanzamiento formal de una campaña electoral que, en realidad, atormenta a los votantes desde mucho antes, la política argentina –y en especial a la bonaerense- se da lujos singulares: como en una novela de Philip K. Dick, las candidaturas testimoniales, esa mezcla singular de ficción con realidad, se han convertido en el centro de un debate que prolijamente omite cualquier propuesta o plan de acción serio y en torno al cual giran, por diferentes motivos pero con idéntica insistencia, oficialistas y opositores...
Más allá de la inédita gravedad institucional que entraña el falseamiento del mecanismo eleccionario, en el duro terreno de la realpolitk las críticas opositoras a las postulaciones virtuales del Frente Justicialista para la Victoria encierran una paradoja semántica: son impugnaciones testimoniales a candidaturas testimoniales. Lo aceptan hasta quienes hicieron las presentaciones en Tribunales, que saben que la Justicia argentina no trabará una jugada que en la provincia involucra a 47 intendentes del partido gobernante.

El caso del Gobernador Daniel Scioli es sintomático del rumbo de los debates de campaña. Todos saben que no va a asumir la banca de diputado nacional que ganará el 28 de junio y también todos conocen que no confirma públicamente esa posición sólo para no dar argumentos que puedan ser usados en Tribunales. Igual, se le sigue exigiendo una definición, como si no hubiese otros asuntos –la inseguridad, la situación de los pueblos del interior, la coparticipación- por los que indagar a la política oficial.

Cerca de Scioli no se incomodan con la situación, y aseguran que el candidato seguirá hasta el 28 de junio con el juego de las ambigüedades. Le queda cómodo. Sus estrategas anotan como un logro propio el "cierre" de los intendentes del interior en las listas oficiales y perfilan discursos algo más duros que los tradicionales de Scioli, en un movimiento que será replicado en forma inversa por Néstor Kirchner, quien intentará seguir dulcificando algo sus palabras para tratar de convencer a la esquiva clase media.

No habrá muchas más novedades en la estrategia K.

Apenas, que Scioli no debatirá con la oposición, una tradición que siguen todos los que van arriba en las encuestas y que demuestra la fragilidad de las tradiciones democráticas argentinas. También, que se están preparando para un embate opositor centrado en la posibilidad de fraude. "Son estrategias que tradicionalmente siguen quienes van perdiendo", dijeron en una oficina muy cercana a la de Alberto Pérez, principal espada política del Gobernador.

NÚMEROS E INTERNAS

Los números, por ahora y al menos en parte, parecen avalar la confianza oficialista. Una encuesta del Centro de Estudios para la Opinión Pública que ayer le entregaron al Gobernador indica que, en el total provincial la dupla Kirchner–Scioli marcha primera con 31,7 por ciento de intención de voto, seguida por Francisco De Narváez con 25.8 y por Stolbizer – Alfonsín con 21.7. Son números que alcanzan para que el 29 de junio se presente la elección como una victoria K, pero que no detendrán la sangría de legisladores, sobre todo en la provincia.

Pero esa encuesta, que terminó de realizarse el 14 de este mes, aporta otro dato, muchos más novedoso: en el interior bonaerense quien encabeza la intención de voto es el Acuerdo Cívico y Social con el 32,2 por ciento, seguida de Unión Pro con el 29.8 y por el FJPV con el 21.1 por ciento. No hay misterio en la aparente desavenencia de datos: la lejanía en el interior el oficialismo la compensa con 36.6% de intención de voto en el Conurbano, donde el peronismo disidente tiene 24.6% y el panradicalismo un 19.4 por ciento.

La preeminencia de Stolbizer–Alfonsín en el interior tampoco es misteriosa: allí tiene su base la tradicional estructura radical, a la que siguen abonando unos 40 intendentes. Más difícil es saber si ese sector logrará consolidar el repunte, que mucho tienen que ver con el efecto social generado tras la muerte de Raúl Alfonsín. Por ahora, la concordia y el diálogo, que aparecieron como las principales cualidades que los ciudadanos atribuyeron al ex presidente, no aparecen en el armado de sus seguidores: se demostró en los roces con el cobismo en el armado de listas, que incluyeron denuncias judiciales y en los escarceos, que por ahora no pasaron a mayores, entre Stolbizer y Carrió.

En el peronismo disidente, los chispazos también son importantes, sobre todo entre De Narváez y Felipe Solá, que está virtualmente desaparecido de las actividades de campaña en la Provincia. Allí todavía sangran las heridas que dejó el armado de listas y el primer candidato recorrió esta semana la provincia de Buenos Aires en soledad, con su segundo –Solá- en Misiones, que conversa con Ramón Puerta de cara a un 2011 que sólo quedará asegurado para él si logra superar junio en buenas condiciones.

Tan ásperas se ponen las cosas en ese sector, que el miércoles Solá, De Narváez y Macri realizarán una nueva cumbre –la tercera- para "evaluar la marcha de la campaña y conversar algunas desavenencias menores", según reconocen sus estrategas. En el oficialismo se relamen: "a Felipe lo esperamos con los brazos abiertos después de junio" dicen en el entorno de Scioli. Curiosamente, es una forma de confirmar una idea de Stolbizer: en la Provincia, la pelea de los peronismos es casi una interna llevada a la elección general.

Candidatos virtuales, peleas internas, poco y nada de debate sobre qué puede aportar un legislador –eso se elige, aunque el dato aparezca poco en el discurso político- al bienestar de los bonaerenses. En esas condiciones, no es de extrañar que buena parte del electorado haya optado por las parodias de Marcelo Tinelli en el Gran Cuñado a la hora de seguir lo que pasa en política.

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