El candidato de las relaciones carnales

El candidato de las relaciones carnales
La dirección del Organismo de Energía Atómica de la ONU está vacante y referentes diplomáticos de los ’90 pretenden que se designe a Rogelio Pfirter. Para el Gobierno, su pensamiento va en contra de la actual política exterior.
Autocandidateado y con el guiño del Reino Unido, el ex embajador en Londres durante el menemismo, Rogelio Pfirter, aspira a convertirse en el nuevo director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la organización más importante del mundo en materia nuclear. Varios de sus amigos diplomáticos durante los carnales ‘90 vienen haciendo lobby para que Pfirter consiga el apoyo oficial de la Cancillería argentina, pero nada parece más lejano. No sólo porque ese cargo no figura entre los objetivos del Gobierno –y consideran que asumirlo cerraría las puertas para obtener otros que sí lo son–, sino porque entienden que el pensamiento de Pfirter en la materia va en muchos aspectos a contramano de la actual política exterior, lo que podría acarrearle al país consecuencias no deseadas.

El OIEA depende de las Naciones Unidas, cuenta con 144 países miembros y tiene entre sus objetivos asegurar que la energía atómica se utilice para fines pacíficos y no militares. Hoy vence el plazo para la oficialización de los candidatos para reemplazar al egipcio Mohamed el Baradei, que lleva tres mandatos al frente del organismo y se despide habiendo obtenido el Premio Nobel de la Paz, en 2005.

Con intereses en conflicto, los países desarrollados y los países emergentes ya presentaron a sus favoritos: los desarrollados al japonés Yukiya Amano y los emergentes al sudafricano Abdul Minty, por el que votó la Argentina. Ninguno de los dos obtuvo los apoyos necesarios, por lo que la danza de nombres continúa.

Actual director de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, Pfirter comenzó a mover sus fichas para quedarse con el cargo. Su problema fue que nunca consiguió el aval del gobierno argentino para una postulación oficial. Ahora que su oportunidad está por expirar, sus amigos comenzaron a ejercer presión de manera más desembozada de lo que lo venían haciendo. El viernes, Andrés Cisneros, ex vicecanciller de Guido Di Tella, publicó en Clarín una columna en la que acusaba al país de padecer un "peligroso aislamiento", por lo que no podía dejar pasar la oportunidad de respaldar a Pfirter.

Di Tella, Cisneros y Pfirter fueron los ideólogos de la política exterior menemista, la de las relaciones carnales con Estados Unidos y la seducción de los ositos Winnie Pooh con Gran Bretaña, bien diferente de los aires que hoy circulan por el Palacio San Martín. Los diplomáticos K, además, consideran a Pfirter como el principal responsable de desmantelar el Plan Cóndor y, junto a él, no sólo ponerle punto final al proyecto del misil, sino a todo el desarrollo tecnológico y nuclear para uso pacífico que rodeaba esa iniciativa clausurada por Carlos Menem.

El temor es que el diplomático se encarame al frente del OIEA como aparente representante de los países en vías de desarrollo y que luego, cual caballo de Troya atómico, se destaque como defensor de los intereses de los países desarrollados. En la Cancillería comentaban que varias naciones emergentes, aliadas de la Argentina en el club nuclear, hicieron llegar de manera extraoficial sus reticencias por la autocandidatura de Pfirter. De prosperar, concluyen en el Gobierno, podría generarle situaciones incómodas aun con los países amigos.

Un dato: quien reemplace a El Baradei tendrá que resolver qué sucederá con las denuncias que pesan sobre Irán con respecto a su utilización de la energía nuclear con fines militares. "Con eso sólo ya nos ganaríamos un nuevo conflicto con Irán", explicaba un vocero.

Por si sus antecedentes en asuntos diplomáticos no bastaran, en el Gobierno justificaban la desconfianza que les genera Pfirter recordando que se excusó de opinar cuando, a principios de año, Israel utilizó las ilegales bombas de fósforo en sus ataques a Gaza. Adujo que no le correspondía dado que no se trataba estrictamente de un arma química, el metier de la organización donde hoy se desempeña.

Por otro lado, que el país tenga un funcionario ocupando la dirección de la Agencia Nuclear, imaginan, clausuraría las posibilidades de aspirar a otros sillones en organismos internacionales como, por ejemplo, la FAO –la organización para la Agricultura y la Alimentación–, donde las expectativas de trabajo son mejores.

"La Argentina quiere priorizar el interés nacional en política exterior. Aquí no hay interés nacional, sino sólo el interés personal de un diplomático que busca coronar su carrera", resumían en la Cancillería a propósito de las ambiciones de Pfirter ante la vacante en el OIEA.

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