Un candidato muy PRO para defensor

Para ocupar el cargo de defensor adjunto del Pueblo, el macrismo postula a Palmiotti, un empresario gastronómico y turístico que construyó su poder en La Boca, donde está enfrentado con artistas, artesanos y piqueteros. Macri ya lo nombró en el Ente de Turismo.
La candidatura de José Francisco Palmiotti para defensor adjunto del Pueblo provoca malestar y desconfianza hasta en su propia cuna, La Boca. Pero es como un disgusto que no se expresa, disimulado, que los habitantes del barrio en general –salvo algunas excepciones– callan por temor o desidia. Su postulación pasó el filtro de la Junta de Etica y Acuerdos de la Legislatura porque nadie la impugnó y su certificado de reincidencias y estadística criminal no registra antecedentes. Sin embargo, actualmente figura imputado en la causa 34.668 que lleva adelante el Juzgado de Instrucción 42 por falsificación de título de dominio (el expediente es conexo con otro, el 64.926, donde está involucrado José Antonio Cesáreo por estafa). En ambos casos, el querellante es Rodolfo Eduardo Fornelli, un vecino que conoce su vida como nadie. Pero como Palmiotti por ahora no ha sido procesado, pudo presentarse al cargo sin problemas.

Impulsado por el PRO, la fuerza mayoritaria en la ciudad, el ex legislador radical es el arquetipo del puntero político. El Tano se ufana de ser el heredero del ex concejal Carlos Bello en el reducto que tan bien pintara en sus óleos Quinquela Martín. Empresario gastronómico y turístico, de 58 años, se define como “un tipo frontal, sencillo y porteño de ley”. De los 46 barrios que tiene la ciudad de Buenos Aires, eligió el más nuevo y selecto para vivir: Puerto Madero. De ahí que nunca se sintió ajeno a la conformación de un corredor turístico entre el puerto y la Vuelta de Rocha, donde se levanta el tradicional bar La Perla, del que es propietario y anfitrión.

En La Boca se tejen habladurías sobre el poder que maneja y cómo lo materializa en audaces iniciativas inmobiliarias. Cuando gobernaba el país Fernando de la Rúa, alcanzó el parnaso de la política porteña. Ocupó una banca en la Legislatura entre agosto de 2000 y diciembre de 2003. De aquella etapa, algunos vecinos de La Boca recuerdan cómo, instantes después de que se incendiara un conventillo en la calle Lamadrid 742, el Tano Palmiotti se apersonó para saber si estaba a la venta.

Residentes del barrio que dicen temer a las influencias del personaje le contaron con detalles a Página/12 cómo el club Darling de tenis, ubicado en la avenida Brasil 50, amplió su perímetro con un frontón, playa de estacionamiento y un quincho, gracias a sus buenos oficios. Ahí solía intentar pegarle a la pelotita sobre las canchas de polvo de ladrillo. Las mismas donde se destacaron Franco Davin y Guillermo Pérez Roldán.

Benefactor de terceros pero también de sus propios emprendimientos, Palmiotti consiguió comprar el bar La Perla tras una operación que en La Boca tiene visos de leyenda. Uno de sus antiguos dueños, don José Botana, gallego de La Coruña, se ahorcó en su casa después de la transacción comercial. Había sido muy reticente a la venta del comercio abierto en 1885 que hoy regentea el aspirante a la defensoría del Pueblo. “Quienes más cuestionan al Tano no entran a La Perla porque imaginan ver colgado al fantasmal gallego en una viga transversal del viejo bar”, contó un vecino que conoce cada recoveco de La Boca.

Ahí, en la Vuelta de Rocha, Palmiotti está enfrentado desde hace tiempo con los artesanos de la Plaza de los Suspiros, de Magallanes y Del Valle Iberlucea, a los que intenta desalojar sin éxito. Quienes desafiaron su poder o el de sus amigos, como los integrantes de la Asociación de Artistas Plásticos Caminito, sufrieron las consecuencias. Recuerdan cómo perdieron la personería jurídica en 1994 y recién la recuperaron en el 2000. Incluso, a un conocido matrimonio de plásticos le pintaron el frente de su casa en clara señal de intimidación. Tampoco aceptan sus prácticas políticas los piqueteros que tienen presencia en el barrio. Algunas denuncias por amenazas que penden sobre él en la Justicia Contravencional explican los frentes que mantiene abiertos.

El joven diputado porteño Juan Cabandié le siguió los pasos desde que se presentó como candidato. Dice que “es sorprendente cómo el PRO sigue pretendiendo incorporar personajes oscuros a la función pública. El gobierno de Macri continúa retrocediendo en todos los sectores. Y ahora en un ámbito como la Defensoría del Pueblo, donde en los últimos años hubo muy buenas designaciones”. La diputada nacional Delia Bisutti, cuando era legisladora en la ciudad, conoció a Palmiotti en su función legislativa: “Estaba más para negociar que para legislar y si ahora comparte espacio político con Macri, la relación se entiende desde ese mismo lugar”.

El puntero radical de La Boca, ahora devenido aliado del PRO, ya ocupa un cargo en el gobierno porteño. El 7 de abril de 2008, según el Boletín Oficial de la ciudad, fue designado director vocal del Ente de Turismo porteño en representación del Estado, junto a Carmen María Ramos, Tomás Patricio Ryan y Elena Pura Boente, función para la que tiene mandato por dos años. Su nombramiento lo firmaron Macri y Horacio Rodríguez Larreta, más su correligionario Hernán Lombardi, secretario de Cultura.

El Tano, que en su juventud había sido camionero y hoy se esfuerza por caer simpático en tertulias políticas o sociales, tiene algún tic de Alberto Sordi. Sabe cultivar las relaciones públicas en cualquier ámbito donde se mueva con una proverbial sonrisa. Cuando ocupaba una banca en la Legislatura no paraba de invitar a sus colegas al bar La Perla, como tampoco dejaba de mostrar su tarjeta de socio gerente de un hotel en Maceio, Brasil.

Si algo le interesa es la industria turística: entre los antecedentes que mencionó para postularse a la Defensoría figura que pasó por la Cámara Argentina de Turismo, por la Universidad de Palermo en Turismo Político y que participó del Foro Internacional Ciudad, Comercio y Turismo de la CAME.

Palmiotti es un hombre afortunado. La defensoría del turista funciona en el museo Quinquela Martín, en avenida Pedro de Mendoza 1835, desde el 19 de julio de 2004. La Perla, su mítico bar, queda a unos pasos de ese lugar: en el número 1899 de la misma calle. Si accediera al cargo de defensor adjunto, todo indica que su tarea podría estar destinada a brindarle asistencia al viajero que llega a Buenos Aires.

Los reclamos que atiende la Defensoría del Pueblo son por aumentos en los impuestos y tarifas, corrupción en la función pública, violaciones a los derechos humanos, discriminación, educación y salud pública, maltrato y mala atención en hospitales, escuelas, comisarías y oficinas; contaminación ambiental, control de alimentos, espacios verdes y vía pública. Cuesta encontrar, a no ser el rubro que dice defensa de los consumidores y usuarios o inconvenientes en los servicios públicos, uno que se vincule estrechamente con el turismo, la especialidad que mejor maneja Palmiotti.

En cambio, durante su tarea legislativa de tres años, demostró ser un diputado versátil: se reivindica autor de las leyes de turismo, de la creación de Caminito como museo a cielo abierto, de la declaración de patrimonio histórico de la ciudad del edificio de Radio Nacional y de la que modificó la comisión de Protección y Promoción de los cafés, bares, billares y confiterías notables de la ciudad, entre los que La Perla se encuentra desde 2005.

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