"En la cancha me transformo"

El legislador porteño del Frente para la Victoria es un xeneize fanático. También tiene pasión por el rock y la música uruguaya. Se crió en un conventillo de La Boca, donde aún vive, y fue docente de escuelas primarias durante 23 años
A pasos cortitos y un poco distraído, el legislador porteño del Frente para la Victoria Francisco "Tito" Nenna llega al luminoso patio de la sede de Cetera, en Chile al 600, y anuncia: "Estos días van a ser tremendos con el tema del nuevo ministro de Educación de la Ciudad". Cuando entra a la oficina del último piso, sonríe, respira hondo y afirma que está listo para relajarse y empezar a charlar.

–Su apellido es de origen italiano, ¿conserva alguna tradición de esa colectividad?

–Sí. Sigo viviendo en La Boca, donde nací, tengo una familia numerosa y los domingos compartimos las pastas con mis hijos y mi mujer. El domingo sin pastas no existe. Yo siempre cocino la salsa. La tradición de la inmigración marcó mucho a mi infancia, sobre todo por el hecho de haber crecido en un conventillo. Allí había mucha solidaridad y siempre estábamos atentos a lo que necesitaba el vecino.

–¿Cómo estaba integrada su familia?

–Mi papá, mi mamá, mi hermana y yo. Vivíamos en varios lugares. A la mañana íbamos a lo de mi tía y luego recorríamos el resto de las casas de la familia. El tema de la mesa familiar y de los amigos siempre fue importante.

–¿Cuál es la primera imagen que tiene de aquel conventillo?

–Jugar a la pelota y que las vecinas nos protestaban porque querían dormir la siesta. Los veranos en los que salíamos a jugar a la bolita, al balero y a las figuritas. Me acuerdo de entrar al conventillo y ver los piletones y la gente colgando la ropa.

–¿Qué aroma asocia con su niñez?

–A jazmín. Yo soy un enamorado de las plantas. En la terraza de mi casa tengo muchas plantas. En lugar de ir al psicólogo, riego las plantas. En lugar de una sesión de psicólogo, tengo una sesión de riego. (Risas).

–¿Por qué le dicen "Tito"?

–Mi hermana me puso ese apodo. En el jardín de infantes Benito Quinquela Martín me decían "Panchito", pero después mi hermana me empezó a decir "Tito". Algunos creen que me llamo Norberto o Alberto, pero no.

–¿Le gustaba ir a la escuela?

–Sí, mucho. Fui a la escuela pública, donde la barra de amigos era muy importante. Tuve maestros que me marcaron el camino para seguir la carrera de docente. Mi papá pensaba que iba a seguir la escuela comercial para ser perito mercantil. Él era un trabajador de los astilleros y quería lo mejor para mí, y lo mejor lo asociaba con la cuestión de la economía.

–¿Se acuerda de su primera maestra?

–Sí. La señorita Mimí, que también vivía en La Boca. Me acuerdo de que era muy rubia, flaca y trataba todo el tiempo de que nos portáramos bien, pero con mucho afecto. Estaba muy encima nuestro.

–¿Por qué decidió ser docente?

–Me gustaba mucho el tema de la enseñanza. En la iglesia San Juan Evangelista, yo daba ayuda escolar a otros chicos.

–¿Qué aprendió de los niños?

–Me significó mucho afecto y reconocimiento. Estuve 23 años al frente de grados, así que he conocido a muchísimos niños. En la educación, uno pone amor.

–Disfruta de enseñar, de la política y de estar con su familia, ¿qué otras cosas le gusta hacer?

–¡Amo a Boca! Soy fanático. Voy a la cancha con mi hijo.

–¿Cómo es en la cancha?

–Muy emotivo. Me transformo y grito de todo. También me gusta mucho la música uruguaya. Amo a Jaime Roos, las murgas como Araca la Cana o Agarrate Catalina. Me gusta ir a recitales. Fui a ver a la Bersuit con mis hijos. Me gusta mucho el rock como lugar de transformación. Seguramente esto es lo que no le gusta a (Abel) Posse. (Risas).

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