En la cancha o fuera de ella, a Boca le cuesta encontrar un día de calma

No tiene paz en un año que cerrará sin títulos: Riquelme espera un gesto dirigencial para seguir, críticas a Basile y fuego cruzado entre Macri y Bianchi
Boca es, seguramente como ningún otro club argentino, una suerte de caja de resonancia agigantada, donde todo lo que ocurre a su alrededor, deportiva o institucionalmente, se amplifica en forma potenciada. Todo lo que los colores azul y oro producen, dispara las derivaciones más diversas. Claro que las críticas y las sospechas se acentúan cuando los resultados futbolísticos son insuficientes para las ilusiones de cada boquense, algo que sucede por estos días, en los que el equipo que conduce Alfio Basile navega en la intrascendencia del Apertura y está muy cerca de no clasificarse para la Copa Libertadores de 2010, con todos los trastornos que ello significa.

Hoy, Boca no tiene paz, es cierto. Muchas fueron las expectativas que se generaron en rededor del plantel a mitad de año cuando asumió Coco Basile como entrenador y llegó, entre otros, Federico Insúa, que acarreaba antecedentes muy positivos en la Ribera; sin embargo, el conjunto xeneize está próximo a terminar el año sin trofeos, algo que no ocurre desde 2002 y muchos -desde adentro o afuera del club- aprovechan los días de inestabilidad para hacer rodar sus intereses. Por estas horas, el jefe porteño, Mauricio Macri, volvió a referirse a la vida del club que presidió tanto tiempo y reconoció que la función de Carlos Bianchi como manager no lo conformaba. Y ayer, el Virrey, que pocas veces hace declaraciones públicas, eligió la agencia Télam para responderle a Macri: "A mí me parece bien que él se preocupe, como socio de Boca, para saber qué es lo que hace el manager del club, pero yo también tengo derecho a preocuparme como ciudadano porteño en saber qué es lo que hace el jefe de gobierno".

¿Hasta qué punto la tarea de Bianchi como director deportivo es censurable? Es verdad que, si realmente su hijo, Mauro, intercedió en alguna operación con posibles refuerzos sería una situación cuestionable desde lo ético, y que la mayoría en el mundillo de la pelota pretende que el Virrey embolse el muy buen dinero que gana siendo DT y no desde un despacho del predio de Casa Amarilla; pero también es verídico que a mediados de temporada, se ponderaron las incorporaciones que Boca había realizado, ubicando al plantel como el más prestigioso del país, y que además se destacó que la pretemporada la hiciera frente a poderosos clubes en terreno europeo y no ante conjuntos modestos y en Canadá, como lo hizo River.

Asimismo, ¿es responsable Bianchi de que Boca haya quedado velozmente eliminado en la Copa Sudamericana y que ya no pelee por el título local? Definitivamente, no. Del funcionamiento están encargados Basile y los jugadores, directamente. En las últimas horas se echaron a rodar algunas versiones que indican que los dirigentes le quitaron definitivamente el respaldo a Coco y que no están de acuerdo con las "escasas horas de entrenamiento". Pero cuando fueron a buscar al hombre del vozarrón ya conocían cuál era su estilo [con cábalas incluidas]. Algunos rumores actuales de disconformidad son mayormente obra de alguna autoridad despechada por ya no poder ingresar libremente al vestuario que por lo que piensa la totalidad de los dirigentes.

Claro que los malos resultados y la angustia, de acá hasta el final del año, pueden empujar a Basile de su cargo. Pero por ahora, Jorge Amor Ameal [presidente], Horacio Palmieri [vocal], Juan Carlos Crespi [vicepresidente 3°] y hasta Bianchi, con todas sus diferencias con Coco a cuestas, son algunos de los hombres de peso que "bancan" al DT y lo hicieron conocer por los medios. Otros dirigentes, como Rómulo Zemborain [secretario general], José Beraldi [vicepresidente 2°] y Daniel Angelici [tesorero], entre otros, por ahora se mantuvieron al margen de los micrófonos.

También los jugadores apoyan a Basile. Después de la caída 3-2 ante Godoy Cruz, de Mendoza, en la Bombonera, sintieron que tocaron fondo y se dieron cuenta de que si no modificaban el apático rendimiento Basile daría el portazo. Charlaron, intentaron cambiar y hasta ganaron tres partidos consecutivos. Se sabe que los resultados, para la imagen exterior, son el único camino por el que podían mostrarle apoyo al DT. Claro que los nuevos sinsabores volvieron a atentar contra el ánimo de Basile.

Como si con todos los condimentos detallados, la vida xeneize no tuviera suficientes focos para agitarse, el interés de Corinthians por incorporar a Juan Román Riquelme a partir de enero próximo, conmovió al club de la Ribera. El enganche, beneficiándose de los dólares que el conjunto paulista estaría dispuesto a desembolsar, está haciendo su propia jugada. Porque tiene contrato con Boca hasta junio próximo y pretendería renovarlo por dos o tres años por una cifra millonaria [situación similar por la que atraviesa Sebastián Battaglia, pero en este caso las conversaciones están avanzadas]. Así y todo, anhela que los dirigentes boquenses salgan públicamente a expresar que no desean negociar con Corinthians. Una cuestión de egos, que le dicen...

Boca no tiene paz. Muchas veces, los éxitos tapan las miserias, las diferencias. Hoy, cuando futbolísticamente defrauda, la agitación perturba a todos y no hay bríos de una posible mejoría...

Más problemas: se desgarró Guillermo Marino. Basile tampoco puede armar su equipo con tranquilidad. A la conocida lesión de Riquelme se le suman las bajas de Morel y Cáceres (con Paraguay) y de Medel (con Chile). Pero además se desgarró Guillermo Marino (aductor derecho). Ante Arsenal, el domingo próximo, jugarían Abbondanzieri; Ibarra, Sauro, Krupoviesa y Monzón; Chávez, Rosada y Colazo; Insúa; Gaitán y Palermo.

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