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PROMOCION / CENTRAL 1 - BELGRANO1: Central es de Primera. Belgrano lo inquietó pero al final se entregó manso. La gente, con un desahogo medido, celebró el adiós de un año muy difícil.
Un minuto puede ser eterno. Los hinchas de Central pueden dar fe. Fue el tiempo que transcurrió entre el furioso zurdazo de Juan Carlos Maldonado y el reparador empate, casi cayéndose de la cancha, de Emilio Zelaya. El gol de Belgrano ni siquiera condenaba al Canalla, pero lo exponía a la misma incomodidad de las últimas semanas, la de sentir el frío aliento del descenso en la nuca, a padecer por anticipado la comezón de las cargadas de los leprosos, a sufrir esa típica pesadilla en la que te persiguen, corrés y corrés y no sólo no te alejás sino que lo tenés cada vez más cerca y hasta te terminás tropezando. Y ahí se despertó Central: trastabilló, se levantó rápido y zafó. Traducido: Belgrano seguía festejando el 1-0 cuando el Kily sacó el zapatazo que Olave no contuvo y Zelaya, aprovechando su extraña soledad en el área, la clavó de cara a la popu local. Apenas un minuto, pero eterno...

Belgrano, esta vez, no hizo la misma fuerza que un año atrás contra Racing. El gol de Jesús Méndez, en Córdoba, había minado sus chances. Por eso el Pirata, salvo algún empellón cuando el reloj lo ahorcaba (ahí surgió Broun), se fue entregando mansito. Quizá por eso no se apretaron tantos dientes en las tribunas. Si apenas se soltaron gritos en el final, pero sólo por los colores, nada de agradecimiento a los jugadores ni a la dirigencia. De hecho, por unos segundos se vieron banderas condenatorias de las últimas campañas, las que empujaron a Central a tanto coqueteo con el infierno. Sí le rindieron tributo a Miguel Russo, el que llegó a mediados de abril para tapar el agujero que en el Canalla había dejado Mostaza Merlo y que en su orgullo, el del técnico, le había estampado San Lorenzo. Poco se le vio la brillante sonrisa al DT en estos tiempos, en los que acudió al llamado del club que adoptó como propio. Tanto que acuñó una frase para pintar lo que significa pisar el Gigante. "Esto es Central", repitió hasta el hartazgo cada vez que tuvo puesto el buzo auriazul.

Esa sentencia de Russo esconde una realidad que lejos está de haberse superado. Central sabe que se le viene otra temporada de promedio acuciante, que necesitará de un proyecto serio para retener a Russo y a los jugadores emblemáticos. "Quiero pelear un campeonato", impulsó el Kily González. Y el hincha, ya desahogado, quiere cuanto menos no sufrir tanto. Padecimiento que se manifestó en el festejo medido del final, apenas unos minutos de euforia, contrastante con la alegría burbujeante que se vivió en el vestuario, donde los futbolistas desataron un carnaval acorde con la celebración de un título. Claro que ellos mismos instantes después, ante los micrófonos, pusieron en su justa medida que Central hizo lo que debía, quedarse en la A, porque "la Primera no será lo mismo sin Central", refrendaron el Kily, Moreno y Fabianesi, el Equi... Los futbolhinchas del Canalla. Como Matías Escobar, quien hizo las Inferiores en el club, Griguol se lo llevó a Gimnasia y volvió para este momento, el que lo encontró llorando en el medio de la cancha.

La gente puso todo en su justa medida. Porque recuerda que un presidente amenazó al plantel con correrlos a balazos si se iban al descenso; porque es consciente de que Equi González, con sus críticas forzó la renuncia de un Merlo demasiado susceptible; porque la temporada pasada zafó por poco de no jugar la Promo; y porque este año la jugó y, aunque el sufrimiento se redujo a un minuto, fue demasiado y daría lo que no tiene para no volver a vivirlo.

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