¿Canal 7 es TV pública o propaladora oficial?

Por Pablo Sirvén

Un único tema obsesiona recurrentemente en estos días a Canal 7: el tratamiento de la ley de servicios de comunicación audiovisual. No está mal que así sea, puesto que se trata de un tema trascendente y "la televisión pública" (como le gusta autodenominarse) es un lugar más que adecuado y neutral para hacerlo. Pero de neutral tiene poco y de pública, nada, ya que la emisora decana prefiere ser en este tema fervorosamente gubernamental.

Así lo demuestran los sucesivos, largos y repetidos informes de sus noticieros, flashes informativos y programas en los que abundan las opiniones a favor del proyecto presentado por el Poder Ejecutivo, y son mínimas o directamente inexistentes las declaraciones en contra.

Hay una suerte de staff de nombres que se repiten, y sus opiniones rotan por distintos programas, con loas continuas y sin reservas al proyecto que tanto desvela ahora al kirchnerismo. Extraña, incluso, la participación de prestigiosos académicos que en ningún momento expresan inquietud por las pintadas, declaraciones altisonantes y diatribas del matrimonio presidencial contra la prensa (o, si lo hacen, son editados de manera tal que esos comentarios negativos no aparecen, como denunciaron en una reciente carta a LA NACION estudiantes de la Universidad de Belgrano que habían sido consultados sobre este proyecto. El canal, en cambio, prefirió mandar al aire las declaraciones de aquellos que sabían poco o nada sobre el tema).

Muy extrañas paradojas cruzan la pantalla de Canal 7. Cuando, el año pasado, arreciaba el conflicto con el campo, hubo fastidio en el búnker K por la supuesta neutralidad informativa de su entonces directora, Rosario Lufrano.

El ex presidente, que antes de la malhadada resolución 125 solía sintonizar TN con fruición, había comenzado a odiar intensamente a esa señal de cable cuando algún obsecuente, de esos que nunca faltan pegados al oído de los poderosos, le deslizó la genial idea de procurar una contrarréplica noticiosa desde la pantalla del canal decano.

El objetivo era ambicioso y difícil de implementar. Por de pronto, había que correr a Lufrano. Eso fue lo más fácil: la caída de Alberto Fernández la arrastró casi en el acto al ocaso, y entonces se impuso naturalmente el turno de Tristán Bauer en un supercargo: presidente del Sistema Nacional de Medios Públicos. El cineasta venía justificadamente prestigiado por su labor al frente del canal educativo Encuentro (sobre el que mantiene plena influencia) y prometía buen pulso para domar cualquier eventual rebeldía interna.

El mantuvo, en lo esencial, la digna y variada programación de Lufrano (de hecho, su segundo, Martín Bonavetti, se convirtió en director ejecutivo), pero les dio más aire e intencionalidad a los noticiosos y, lamentablemente, bajó las ficciones propias. Todo se produce afuera y, por eso, la mayoría de los empleados de la emisora, afiliados al Sindicato Argentino de Televisión (SAT), están de brazos cruzados.

No así los que responden al gremio periodístico (UTBA): hoy, el 7 es el canal que tiene más cantidad de informativos esparcidos a lo largo de toda su grilla: Visión Siete primera mañana (a las 7), Visión Siete Latinoamérica (a las 8), Visión Siete en contexto (a las 8.30), Visión Siete mediodía (a las 13), Visión Siete edición central (a las 21) y Visión 7 medianoche (a las 24).

Por si todo esto no alcanzara, convocó al productor Diego Gvirtz para armar otra tira diaria, en el central horario de las 20, llamada 6-7-8 . Allí se combina la más rancia y oficialista bajada de línea sobre los temas de actualidad con filosos informes compaginados al mejor estilo TVR . Por supuesto, el o los invitados de cada día son "del palo", y los denuestos contra la prensa son tan indiscriminados que ni siquiera la conductora y los panelistas fijos se toman el trabajo de ponerse a resguardo de sus propias escupidas para arriba.

La llegada aluvional del fútbol a las pantallas del 7, si bien favorece el acrecentamiento veloz de su audiencia, paradójicamente destroza, al mismo tiempo, una grilla de programación en la que algunos de sus informativos y de sus auspiciosos programas culturales son levantados o desplazados hacia los extremos horarios (muy tarde, en trasnoche, o muy temprano, por la mañana).

Bauer está más que entusiasmado por la reciente decisión presidencial, que se inclinó por la norma japonesa de TV digital, lo que, dentro de algún tiempo, probablemente posibilite a Canal 7 desdoblarse, por lo menos, en un par de señales más (una deportiva y otra, tal vez, la ansiada señal informativa).

Como eso no será pronto, el titular del SNMP prefiere echar por tierra una de las virtudes más preciadas de esa sintonía: su respeto de la programación anunciada y su loable rigor horario para comenzar y terminar cada ciclo.

Durante el fin de semana anterior, como si no fueran suficientes las seis ediciones diarias de su noticiero, presentó Visión Siete edición especial enteramente dedicado a la ley de medios, con testimonios, invitados en piso, conductores y mensajes de los oyentes embanderados sin fisuras con el proyecto oficial, con la excepción de tres fugaces declaraciones en contra. Al menos fue más que lo presentado, pocas horas después, en Nación Zonámbula , donde se dio curso exclusivamente a las opiniones favorables.

En el programa especial, una columnista que se destaca por estar siempre pronta para "decodificar" las maldades de los "grandes medios", dijo algo con inquietante franqueza: "Aclaremos que este proyecto de ley habla de medios audiovisuales. No está metiéndose para nada con los medios gráficos, que es una cuestión a discutir en otra oportunidad".

Otro día, en un flash informativo desde el Congreso, un cronista hizo deducciones rápidas y aviesas al explicar: "El cuestionamiento al tratamiento de la ley es, por lo tanto, un apoyo a la continuidad de la ley firmada por Martínez de Hoz y el dictador Jorge Rafael Videla". Cuando el diputado Miguel Bonasso se refería a la necesidad de introducirle al proyecto "cambios copernicanos", la transmisión se recuperó de inmediato en estudios, para ir a una oportuna pausa.

En una reciente edición de Visión Siete en contexto , se intentó una asociación todavía más antipática sobre la aún vigente ley de radiodifusión, al decir que fue firmada por "el ruralista Martínez de Hoz" (se le pega, de paso, a dos de los enemigos declarados del kirchnerismo: el campo y la dictadura militar).

No es ninguna novedad decir que algunos medios privados hacen una oposición cerril al proyecto oficial con la misma intensidad que Canal 7 aplica para defenderlo. La comparación, sin embargo, no corresponde, ya que en el primer caso se trata de posturas tomadas por particulares, que se representan a sí mismos y se legitiman por la audiencia o circulación que consiguen, mientras que la emisora oficial no puede ni debe asumir posiciones sesgadas, por representar a toda la ciudadanía (incluso a aquellos intereses que se sienten afectados). Por lo tanto, la equidad en la administración variada de opiniones debería ser su norte, en vez de asumirse como mera propaladora del poder de turno.

Canal 7 venía recuperando en los últimos años algunas calidades perdidas durante el menemismo, fugazmente recuperadas en tiempos de la Alianza y vueltas a perder en medio de las sucesivas crisis de principios de siglo.

Con todo, aún conserva un mérito muy valioso: ser la emisora con mayor diversidad temática de la televisión argentina. Conviven en su ecléctica grilla programas para la comunidad judía ( AMIA para todos ) y para la colectividad árabe ( Desde el aljibe ), y el Papa da su bendición cada domingo desde el Vaticano.

Con pocas horas de diferencia, en Nuestro Ejército se exhiben ejercicios militares y, en Madres de la Plaza , la titular de esa entidad, Hebe de Bonafini, se muestra distendida, aunque siempre dispuesta a soltar alguna declaración destemplada ("Soy chavista", dijo en la penúltima emisión).

La emisora de la avenida Figueroa Alcorta (edificio construido por los militares para el Mundial 78) tiene la mejor programación fílmica, presenta programas de calidad para chicos, estimables ciclos históricos y científicos, interesantes documentales, variados shows musicales y el pintoresco Loto, con Riverito.

Estrenó recientemente la atractiva miniserie española Bruno Sierra, el rostro de la ley y tiene entre sus huestes a figuras de prestigio popular, como Natalia Oreiro, Diego Capusotto, Enrique Pinti, Soledad Pastorutti, Lalo Mir, Adrián Paenza, Juan Alberto Badía, Marcos Mundstock e Inés Estévez, entre otros. También su pantalla está alerta para transmitir el básquet, los festivales folklóricos del verano y la excelente programación que le cede Encuentro (con el que coproduce actualmente la ambiciosa miniserie histórica sobre el cruce de los Andes, con Rodrigo de la Serna como el general José de San Martín).

Canal 7 también muestra paisajes, oficios y personas de todo el país que no suelen verse en otras pantallas, y hace bien en no tener entre sus prioridades la búsqueda del más alto rating (obsesión reservada para las emisoras comerciales).

¿Por qué malograrlo, entonces, en aras de necesidades políticas tan coyunturales? Si fuese realmente una TV pública, ¿Canal 7 no debería cubrir y tratar los temas de la actualidad nacional, incluidos los movimientos en torno de la ley de medios, con la amplitud necesaria para abarcar todas las voces y no sólo las del oficialismo?.

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