Hay 16 millones de toneladas en silobolsas. Apuestan a que el dólar suba a 5 pesos
Mientras el campo vuelve a amenazar con una medida “peor que con la 125” para no pagar una mayor impuesto inmobiliario, mantiene u$s8.100 millones en soja de la campaña pasada a la espera de una devaluación que mejore sus ingresos. La nueva tecnología a través de silobolsas le permite retener cerca de 16 millones de toneladas del poroto.
Datos de la Dirección de Mercados Agrícolas del Ministerio de Agricultura señalan que, a la fecha, faltan por fijar (es decir, que aún no tienen precio) 15,9 millones de toneladas de soja del ciclo 2010/2011. Esto representa a precios actuales de mercado (u$s510) algo más de 8.100 millones de dólares. Dicho monto en manos de la industria oleaginosa espera la decisión de los productores para poder liquidarla. Si se observa la relación de las ventas respecto de 2009/2010, los ruralistas habían vendido en aquel momento 17 millones de toneladas. La comparación con los datos actuales muestra un retroceso de 6 por ciento.
De esta manera, el campo espera un mejor precio para vender, lo que significa que los u$s550 que supo tener semanas atrás no son relevantes para los ruralistas. En otros tiempos solían vender rápidamente sus granos para hacer frente a deudas, como son los pagos de impuestos, insumos y demás vencimientos. Pero hoy parece que la situación es otra.
En diálogo con BAE, el economista e investigador del Conicet Alejandro Rofman remarca que la conservación de la soja sucede “porque muchos productores tienen espalda financiera porque apuestan al alza en el mercado”.
Esto es algo muy cierto y que normalmente sucede, pero con los buenos precios que viene mostrando el poroto, llega incluso a superar lo visto el año pasado. La soja no salió de los silobolsas.
Una prueba de esto se puede ver en la liquidación de divisas que semanalmente informan la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC). En los primeros cinco meses del año se liquidaron u$s9.264 millones frente a los u$s10.042 del año pasado. La caída en el ingreso de divisas es de 7,7 por ciento.
La respuesta sería fácil si esta baja se diera en medio de menores cotizaciones, pero eso es algo que hoy no existe. La soja tiene mejores precios que hace un año. Esto son los datos de la cámara que agrupa a los responsables de un tercio de las exportaciones argentinas, que incluye cereales y subproductos. Hoy sólo falta que se venda el total de la soja, los demás productos ya fueron entregados.
Esto hace pensar en la segunda posibilidad: devaluación. En ese sentido, el economista de la Universidad Nacional Tres de Febrero Enrique Déntice destacó que el campo especula con que “el dólar esté a $5 a fin de año, lo que le permite al productor una ganancia del 30% en el tipo de cambio”.
“De esta forma, ellos deciden cuándo vender, cuándo liquidar; en pocas palabras, guardan sin vender”, sostuvo Déntice.
Ya en varias oportunidades el presidente de la Federación Agraria Argentina pidió una devaluación a favor del sector. Esto no es más ni menos que una baja en el salario real de los trabajadores y por lo tanto del consumo.
La Pampa Húmeda, la ganadora del modelo
Desde los años ´90 hasta 2001 el tipo de cambio dado por la convertibilidad fue la razón central para entender el crecimiento en el poder de compra de los productores pampeanos. Lo que hizo que haya una evolución productiva tanto en superficie como en la actividad. Tendencia que llevó al monocultivo y que significó luego la concentración económica y su aceleración.
El escenario del campo argentino se transforma a partir de 2001 debido a las políticas macroeconómicas con la devaluación y la pesificación de los créditos. Esto originó un aumento de la rentabilidad de los productores pampeanos donde la pesificación de las deudas y el 3 a 1 les permitió reubicarse en el espacio productivo.
El rasgo de los productores pampeanos capitalizados, comparados con productores de otras zonas, hace que tengan una capacidad de resistir ante a ciertas situaciones económicas.
Para evitarlo se debe apuntar a una política agraria que diferencie al grande del pequeño.