El campo quedó atrapado en la dinámica electoral

Por Hernán de Goñi

Los representantes del campo enfrentan una compleja encrucijada: saben que las opciones que tienen por delante tras la protesta de la semana pasada son escasas.

Aunque aceptó reanudar el diálogo, el Gobierno no se siente presionado para darle aire a la negociación. Aclaración: hablamos de incentivos políticos, porque económicos tiene de sobra (al Ejecutivo le convendría claramente potenciar la actividad del sector en momentos en que la industria está atrapada por el corset de la recesión).

Los ruralistas insistirán esta semana en forzar la discusión sobre las retenciones en Diputados. Pero son conscientes de que el Gobierno podría usar su frágil mayoría para empantanar el debate o tratar de convalidar en las cámaras el decreto que coparticipó los fondos de la soja. Con un empate, el kirchnerismo gana; el agro no.

En la mesa de discusión de Giorgi, a la que volverán mañana, tampoco tienen garantías: pueden acordar una y mil veces la agenda de siempre, con la certeza de Guillermo Moreno interferirá en el momento menos pensado. En Olivos saben que deben dar alguna señal, porque dependen de los exportadores agropecuarios para alimentar con dólares el mercado cambiario. Los ruralistas perciben que el poder de los cortes de ruta se agota poco a poco. Si bien son un arma de presión, también saben que pueden volverse un arma de doble filo.

Con la campaña electoral lanzada, el hecho de que algunos de los principales dirigentes rurales se pongan el traje de candidato también puede jugar en contra. Si bien es cierto que hoy sus reclamos están bloqueados por la política, con este paso se pondrán exactamente en el lugar que quiere Néstor Kirchner

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