El campo mendocino: sin mercado, sin crédito, y con la cadena de pagos rota

Se afirma una de las peores temporadas para el campo mendocino. Van a sobrevivir quienes tengan espaldas más anchas. Los productores primarios siguen relegados. Los economistas que estudian el efecto de la crisis en ekl campo, piensan que habrá signos de reactivación en marzo o abril.
Sin planificación y con altos costos internos. Con cierta ineficiencia por parte de los mismos productores y lentitud política para avizorar la crisis. Y, por si fuera poco, a la falta de rentabilidad, se suma la entrega de los productos sin un precio base. Esta es la crítica situación del agro mendocino, cuando la temporada de cosecha ya comenzó con algunas frutas y hortalizas y amenaza con empeorar.

MDZ se contactó con varios pequeños productores de distintas regiones de la provincia, preocupadísimos por cómo está impactando en las economías regionales y en sus diversos productos –desde la uva al durazno, desde el ajo a la papa- en medio de la crisis financiera internacional. Una radiografía íntima de un proceso que no se inició a partir del conflicto agrario que estalló este año, sino que tiene larga data e involucra a Estado y empresarios por igual.

Productores sin planificación

Varios de los consultados coincidieron en señalar que desde hace tiempo no se cuenta con una planificación estratégica, sino que en gran medida lo que prima es la intuición de los productores.

“Ninguno de los cultivos tiene planeamiento estratégico”, señalaron algunos. La mayoría reflejó que no existe entre los productores una formación técnica necesaria que permita proyectar los emprendimientos en función de las circunstancias que hoy le tocan atravesar a Mendoza y señalan, en todo caso, la dependencia de los créditos tardíos otorgados por el Fondo de la Transformación y el Crecimiento.

Sin embargo, la uva y el durazno para industria, al menos, sí tienen un plan estratégico de su cultivo; y lo mismo se podría decir del tomate que tiene una asociación que reúne a productores primarios e industria, aunque se trata de un mercado en crisis y con muchas complejidades.

La gran mayoría de los productores no gran tiene formación técnica, pero ese no es necesariamente la raíz del problema. El punto es que muchos productos no tienen una cadena sólida (producción primaria-empacadores-exportadores). De los grandes cultivos que tiene Mendoza (uva, fruta, ajo), el ajo es el mejor ejemplo para entender el problema. Cultivo de mano de obra muy intensivo, productores primarios extremadamente atomizados (4.000 hectáreas en mano de 20 personas y 8.000 hectáreas en mano de 1.000), una cadena de producción que en lugar de estar asociada para sacar mayor rentabilidad en sus diferentes partes, vive peleando entre sí. Lo que en otros países han hecho (Chile, Brasil y Europa, por caso) es reforzar a las entidades rurales que agrupan a los productores. Hoy no hay ninguna entidad real que agrupe a los más de mil pequeños productores primarios de ajo. Sí que agrupen a los empacadores y exportadores. Pero para que funcione un sector, debe funcionar toda la cadena. Increíblemente, en el caso del ajo, los empacadores y exportadores parecieran estar en contra de los productores primarios. Incluso, es posible, que si el gobierno lanza una ayuda para el sector, ésta esté dirigida a los empacadores, gracias al lobby que han hecho en los últimos días.

“Si comparamos con otros países de la región, Chile y Brasil no son más eficientes que Argentina, pero hoy son más competitivos que nosotros. Cuando en el país estamos discutiendo por la soja, los brasileños estaban haciendo una planta de nitrógeno para vendérselas a sus productores a u$s 450”, ejemplificaron, para dar cuenta cómo el grado de indecisión y de alta conflictividad política repercute en la eficiencia requerida.

Esto se refleja en la escasa modernización que los productores han logrado en la región, a pesar de las posibilidades de inversión que se generaron luego de la devaluación de 2001, un cierto margen como para comprar maquinaria con fondos propios y sin necesidad de recurrir a las líneas de crédito oficiales.

“Cuando hubo posibilidades de invertir, no se hizo de manera eficiente. Se renovaban un par de tractores, pero no se modernizó el sistema productivo –como el sistema de riego, por caso- sino la herramienta tecnológica”, precisaron. “El agricultor de acá piensa que ser eficiente es comprarse el último tractor, y eso no es ser eficiente, sólo es cambiar la máquina”, insistieron.

Uno de los ejemplos más palpables se da con el ajo, sector que siempre presenta dificultades dada la inestabilidad de los obreros que, según indicaron, “un día se presentan y al otro no”. Esto ocurre porque la gran mayoría son trabajadores golondrinas (bolivianos y tucumanos), muchos de los cuales viven en condiciones pésimas. Obviamente, el fracaso del sector no se le puede achacar a esta gente. Otra vez, si hubiera organizaciones rurales fuertes –respaldadas por el gobierno- esto podría evitarse.

No obstante, también agregaron la imposibilidad de acceder a créditos para mejorar el proceso de recolección y empaque de un producto que, hoy por hoy, no encuentra mercados de destino.

La devaluación y el gigante asiático

La recesión mundial obligó a varios de los socios que Argentina tiene en la región a devaluar sus monedas. Esto provocó que los productos mendocinos perdieran peso en el mercado mundial, ya que otros países ofrecen lo mismo pero a menor precio.

“Los únicos que se pueden vender un poco más son el ajo blanco y el ajo violeta francés, pero son producciones insignificantes”, opinan con un pronóstico ya no reservado sino pesimista, ya que no mueven el péndulo del mercado mundial, en el que predominan el ajo colorado y el ajo chino.

Siguiendo con el ajo, el caso ejemplar es el gigante asiático. “Es imposible competir con China, es el competidor más fuerte, tienen una producción tan grande que su excedente es monstruoso e invaden todo el mercado”, señalaron, al tiempo que recordaron las devaluaciones de Brasil y México, dos países a los que llegaba este producto, que ahondaron la falta de competitividad de los productores locales.

“Es imposible competir con una caja de u$s 4,75”, precisaron con amargura.

La Argentina es el segundo productor mundial de ajo después de China. El país produce –las cifras oficiales son de hace dos años- unas 85.000 toneladas de ajo. China produce 13 millones de toneladas, es decir unas 150 veces más que Argentina. La Argentina exporta el 75% de su producción. China exporta el 5% de su producción. El 5% que exporta China quintuplica las exportaciones argentinas. Es decir, con el 5% de su producción a China le sobra para manejar todo el mercado internacional del ajo. En este contexto, Argentina no puede aspirar a competir con precio –porque no maneja el volumen-. Sí podría competir diferenciándose en la variedad de ajo que produce. China produce ajo de la variedad morado (ajo chino) y la Argentina produce 50% ajo colorado y 50% ajo chino. Esta última mitad es completamente ridículo que la estemos produciendo. Pero el productor primario desconoce estos datos.

A partir de ahí, comenzaron las críticas hacia la ausencia del proteccionismo aduanero. Varios productores recordaron que Brasil, EEUU y hasta en Europa, se instrumentaron algunas medidas arancelarias para sofrenar el avance del ajo chino, mecanismos que en Argentina no se han efectuado.

El costo de la mano de obra también incide. “Con los niveles que se están pagando de mano de obra, no tenemos forma de competir en la región”, se argumentó.

Cosecha jugada

Ante estos factores internos y externos, la cosecha está jugada.

“En líneas generales, el mercado interno está deprimido”, apuntó un productor del Este, que ha tenido que soportar las últimas tormentas graniceras que arrasaron sus cultivos.

Un reflejo de la crisis se puede constatar en el mundo financiero, por la gran cantidad de cheques rechazados que dan un llamado de atención: se ha interrumpido la cadena de pagos. Los entendidos ya observan que los mercados de concentración se están resintiendo y lo que sigue, a posteriori, es la industria.

Las críticas al Gobierno nacional, a pesar de la batería de medidas que ha lanzado en diciembre, no han colmado las expectativas. Y, en tren de pensar soluciones, piden dos cosas concretas: una de ellas es la devolución del IVA, que se dan en muy pocos casos y de un modo infructuoso por parte del Gobierno.

La otra ya ha sido expresada por el vicepresidente de la Corporación Vitivinícola Argentina –Coviar-, Eduardo Sancho. La fórmula parece sencilla, pero implica una decisión con más de una consecuencia: Argentina tiene que devaluar.

“La liberación del dólar es una de las posibilidades para recuperar mercados”, se animan a decir, imaginando un dólar a cuatro pesos.

Pero mientras estas decisiones de alto vuelo ni asoman por el horizonte, el vendaval de la crisis arrasa hasta los grandes empresarios y de varios rubros ligados a la actividad agrícola- industrial. Y toda la cadena está afectada, aunque sea de manera indirecta. Por caso, los empresarios de las concesionarias de autos, siempre dispuestos a renovar las principales marcas para el agro, no logran vender los nuevos modelos cuatro por cuatro.

La principal víctima es el pequeño y mediano productor, aunque los grandes empresarios también ven cómo se apilan en sus depósitos el stock que no logra posicionarse ni en el mercado interno, mucho menos en el externo. Tan severa se está mostrando esta crisis que muchos de los consultados indicaron que se están entregando los productos, como el ajo y la papa, sin contar un precio base de partida. Lo que es gravísimo.

En el caso del ajo, muchos productores vendieron a razón de 20 centavos el kilo de ajo en verde –recién cosechado-. Esto mismo, el año pasado lo vendieron a un promedio de 64 centavos. Es decir, vendieron a pérdida. Otra vez, no hay precio mínimo, como hay en cualquier producción mínimamente organizada.

“Hoy en el campo, nadie que esté levantando cosecha puede decir que está ganando”, definieron los consultados.

“Es imposible planificar un negocio agrícola con la timba, es especulación pura y la prostitución de mercado, así se han caído a pedazos empresas grandes en la provincia”, destacaron.

Quienes están logrando por lo menos salvar la ropa son aquellos productores que han logrado hacer una reserva y pueden campear el temporal por un año o dos. También las conserveras que tienen sus espaldas cuidadas por las grandes empresas nacionales, aunque siempre están al borde de la quiebra.

En el Valle de Uco, varios productores fuertes están resistiendo, en tanto la mayoría aguardan soluciones del Gobierno provincial. Los productores, chicos y grandes, aprendieron hace mucho que lo único que los podía salvar en este país era la diversificación. Nadie planta un solo cultivo. Por otro lado, aunque sí aguardan algo del gobierno provincial, nadie espera que sea la salvación.

Todo parece indicar que el gobierno provincial no tiene ni idea de en qué medida toda la actividad económica de la provincia depende de que a la producción primaria le vaya bien. No porque al final represente una gran cifra en el Producto Bruto Geográfico, sino por la gran cantidad de trabajadores que mueve. Datos oficiales: Sólo la cadena de valor del ajo en la Argentina (Mendoza es el 80%) es del orden de los 200 millones de dólares al año. El ajo genera 2,3 millones de jornales de mano de obra entre producción y empaque para exportación. Esto implica unos 11 mil puestos de trabajo temporalizados y otros 10 mil fijos durante todo el año. Una comparación: todo el Valle de Uco tiene unos 100 mil habitantes, la mitad son adultos en edad de trabajar. El Valle de Uco es el 70% de todo el ajo mendocino. Es decir, uno de cada cinco adultos en el Valle de Uco, en algún momento del año trabaja en el ajo. Si al ajo le va mal, como le va, afecta fuertemente a todo el oasis.

Hoy ningún producto del agro mendocino tiene mejores perspectivas que otro. Los grandes centros consumidores del mundo (entre ellos Brasil) frenaron las compras hasta ver qué pasa con la crisis).

La lentitud de las respuestas oficiales

Así las cosas, las quejas del pequeño y mediano productor se concentran en el Gobierno, porque implica una institución mucho más aprehensible que la crisis financiera internacional.

En ese sentido, critican la inacción del Instituto de Desarrollo Rural –del que el productor sancarlino Mario Leiva, vicepresidente, había denunciado a MDZol hace tiempo que lo estaban desguazando- y la tardía ocupación del Ministerio de Producción que dirige Guillermo Migliozzi, con créditos que debían haberse dado con suficiente antelación y no con los pies al borde del abismo.

“Cuando uno tiene que cosechar, no tiene tiempo para ir de Tunuyán a Mendoza con una carpeta para sacar un crédito para el acarreo”, sostuvieron, filosos al señalar que en el sexto piso de la Casa de Gobierno no tienen idea de lo que está pasando en el campo mendocino.

Entre tanta pálida, una buena: los productores del Valle de Uco destacan, por lo menos, la actitud de la gente del INTA La Consulta, en San Carlos, con varios proyectos que generaron un cambio positivo en la región, entre ellos uno vinculado a mejorar la producción del tomate.

Ni el horizonte más próximo es auspicioso y 2009 se prevé como un año para bajar la cabeza y resistir. En el transcurso, hay promesas de que las protestas de los productores se agraven entre marzo y abril si el panorama no mejora, ya con la vendimia en su auge y una buena parte de los ojos del mundo puestos en Mendoza.

Los economistas que siguen el impacto de la crisis en el agro mendocino creen que puede llegar a haber un comienzo de reactivación después de marzo o abril. La razón es que exportamos alimentos, cuya demanda suele ser la que primero se recupera. Ahora se están consumiendo los stocks, pero en unos meses tienen que volver a comprar.

Hoy, “no tenés demanda, no tenés crédito y con el costo interno muy alto, es una cuestión de tiempo, nada más, para que explote todo”, concluyeron.

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