El campo insistirá en que se bajen las retenciones.

Crece la expectativa en el ruralismo por la reapertura del diálogo.
Aunque satisfechos por la nueva instancia de diálogo que se abrió tras la postergación del paro, en el campo todavía reina la desconfianza respecto de la actitud que adoptará el Gobierno. La dirigencia ruralista, que frenó una medida de fuerza reclamada ampliamente por sus bases, está impaciente y espera una pronta convocatoria.

Cuando esa negociación se reanude, las entidades volverán a reclamar una baja de las retenciones, la reapertura de las exportaciones y ayuda efectiva para los productores afectados por la sequía. Esos reclamos están incluidos en un petitorio que la Comisión de Enlace le envió a la presidenta Cristina Kirchner el 21 del mes pasado. Si la cita se concreta, habrán pasado siete meses desde la última vez que la mandataria recibió a los ruralistas. Fue el 23 de julio, en un encuentro que la Presidenta inició con una pregunta: "¿No podemos tener una reunión sin hablar de las retenciones?"

"Pero es muy difícil hacer un acuerdo sin abordar la cuestión de las retenciones", insistió ayer una fuente ruralista. Durante el conflicto por la resolución 125, el Gobierno se negó a discutir el tema durante meses, hasta que finalmente se envió al Congreso para su ratificación. Anteayer, la Presidenta volvió a rechazar un pedido del gobernador santafecino, Hermes Binner, para suspender la aplicación del impuesto durante 180 días.

Por eso, aunque existe una mejor predisposición de ambas partes, la posibilidad de un acuerdo es todavía lejana y los tiempos que maneja el agro son breves: el viernes próximo, los ruralistas deberán rendir cuentas ante los productores en un acto en Leones, Córdoba. Según coinciden los dirigentes, hasta allí -donde se celebrará la Fiesta Nacional d el Trigo-tendrán que llevar algo más que una foto con la Presidenta. Carlos Garetto, presidente de Coninagro -la más dialoguista de las cuatro entidades- lo dijo en otras palabras: "Esta es nuestra última carta".

En la agenda del sector agropecuario hay pedidos concretos, como la derogación de varias resoluciones de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) que restringen la exportación de granos y carne; la eliminación de las retenciones para las economías regionales y una ayuda directa de $ 200 por cabeza hasta los primeros 500 animales para los ganaderos afectados por la sequía, y de $ 500 pesos por hectárea para los pequeños agricultores que estén en esa misma situación.

En el sector agropecuario también hay inquietud acerca de quién será el negociador del Gobierno. El último funcionario que ocupó ese asiento fue el ahora ex jefe de Gabinete Alberto Fernández. El secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, recibió a los ruralistas en sólo tres oportunidades, la última de las cuales duró 20 minutos. Hasta ahora, lo más parecido a un interlocutor del Gobierno con el agro ha sido el ministro del Interior, Florencio Randazzo. El funcionario y el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Luis Biolcati, se mostraron dispuestos al diálogo en un cruce que mantuvieron anteayer por la señal C5N.

También será clave el papel que juegue en adelante el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, cuya intervención directa en la gestión de la política agropecuaria -incluso por encima de la ministra de Producción, Débora Giogi, y de Cheppi- irrita tanto a los productores como a los gobiernos provinciales, incluidos los kirchneristas. Por lo pronto, ayer el sector siguió enviando mensajes dialoguistas. "Cuando la Presidenta hizo un llamado a todos los sectores para ayudarla, creímos que era conveniente intentar hacer un acercamiento más", dijo Llambías. "Ojalá que el acto del viernes sea para festejar y no para reclamar", se esperanzó el vicepresidente 2° de la Federación Agraria, Ulises Forte.

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