Campo e industria presionan para que el dólar trepe a los 4 pesos

Los pronósticos de los bancos extranjeros incluso superan esa cifra. En 2008 se quebró la convertibilidad no escrita de la era K: tres pesos por billete verde. El embate de la crisis mundial y la renovada competencia de Brasil.
El sector productivo, tanto la industria como el campo, no tiene dudas: el dólar llegará en 2009 a una paridad de 4 pesos. La City refuerza esa impresión. Los pronósticos de los bancos extranjeros se acercan, e incluso superan esa cifra. Eduardo Duhalde ya demostró que quiere ponerse al frente de quienes ven necesario un dólar alto, y en las últimas horas dijo debe estar, como mínimo, en 4,40 pesos. El salto del tipo de cambio, sostienen, ayudaría a rescatar el modelo productivo puesto en marcha en 2002 y que ahora se ve jaqueado por la crisis internacional. El Gobierno enfrenta esta presión con dudas. En el oficialismo hay quienes observan como inevitable una corrección del billete verde. Sería la vía para enfrentar la renovada competencia que impone Brasil tras la devaluación del real y también para consolidar la caja, ahora que la soja vale poco menos que la mitad que a mediados de año. Esos funcionarios tampoco quieren más tironeos con los empresarios, que ejercen su enorme poder de lobby cuando destilan malhumor y amenazan con despidos masivos. Desde otros despachos oficiales, no obstante, se impone la idea de que no hace falta tocar demasiado al dólar. Creen más en una corrección muy paulatina, mirando de reojo a Brasil. Lo que parece claro es que el boom económico en la era K se edificó en base a un contexto internacional favorable y a una suerte de convertibilidad no escrita de tres pesos por dólar. La nueva realidad, tras la explosión en Wall Street, marcó un quiebre en ese valor de referencia y por eso 2008 termina con un Gobierno defendiendo un techo más alto, de 3,50 pesos.

En la City existe cierto consenso en que tras la calma de las últimas semanas en el mercado cambiario, la tensión podría volver más avanzado el verano. Los financistas dicen que la tranquilidad es aparente, ya que se logró gracias a la intervención directa de Guillermo Moreno y del Banco Central, que pusieron freno a operaciones especulativas.

Quienes tienen acceso a Olivos aseguran que la incesante fuga de capitales convenció a Néstor de que los movimientos cambiarios deben ser muy tenues. Kirchner cree que la inestabilidad cambiaria es sinónimo de inestabilidad política y que el riesgo es que los ahorristas se asusten y corran al banco a cancelar sus depósitos. Por eso, el Banco Central prefirió perder reservas y elevar las tasas de interés con tal de que no se escape la cotización y se produzca una corrida bancaria.

Para asegurarse de que las cosas vayan bien, Martín Redrado modificó sus hábitos. El jefe del Central se lleva el almuerzo directamente a la mesa de operaciones de la autoridad monetaria. A esa mesa la bautizaron PlayStation y desde sus pantallas Redrado monitorea todas las compras y ventas de divisas.

Funcionarios consultados por Crítica de la Argentina negaron que vaya a reducirse el límite de 2 millones de dólares para comprar mensualmente que tienen empresas e individuos. Y si el mercado se recalienta, hay en carpeta más medidas restrictivas. A Cristina y a Redrado les gusta hablar de una flotación administrada, es decir, un dólar sin sorpresas, que si sube, suba de a poco. La idea es que la industria debe ganar competitividad mejorando sus costos pero sin tomar al tipo de cambio como su principal aliado.

De todas formas, en los despachos oficiales saben que la suerte económica depende en gran parte de lo que vaya a suceder a nivel global, y más puntualmente de lo que ocurra en Brasil. La administración Lula clavó el dólar en una banda de entre 2,35 y 2,40 reales. Tampoco allí quieren perder más reservas ni acentuar un ciclo recesivo de la mano de empresas que están muy endeudadas en moneda dura.

Si los depósitos se quedan en los bancos, piensan en el Central, es posible que en algún momento vuelva a mejorar la oferta de créditos. Pero si la gente saca los plazos fijos y compra dólares, las entidades financieras difícilmente le presten al público. En ese escenario, la crisis se acentuaría. “Con una inflación que en 2009 rondará en serio el 10%, no hay razón para subir el dólar más allá de los $3,60 para fin del próximo año”, se esperanzan en la Rosada.

No es lo que creen en la Unión Industrial, donde aseguran que, así como están las cosas, es imposible competir con Brasil. La presión es que si no hay una mejora en el tipo de cambio podrían perderse puestos de trabajo. Los industriales aseguran, por ahora por lo bajo, que los últimos anuncios de Cristina no alcanzan y se muestran, incluso, más ansiosos que los ruralistas. Los productores de soja tuvieron un fin de año más auspicioso en relación a lo vivido en los últimos meses. La tonelada de soja, que alcanzó el récord de 602 dólares en julio, derrapó a 298 hace un mes. Y está a punto de cerrar 2008 a 350 dólares.

Contra la pretensión oficial de sostener al dólar sin pagar grandes costos, algunos datos que podrían poner presión:

• La cosecha de trigo viene un 40% menor que la de la temporada pasada, por lo cual se notará una oferta de divisas más baja en el primer bimestre del nuevo año. .

• Hay vencimientos de la deuda pública por 1.000 millones de dólares. Kirchner dejó trascender que se pagarán todos los compromisos.

La especulación en el mercado es que si la presión se hace insostenible, más por la crisis mundial que por el reclamo de los empresarios, el dólar podría subir entre 10 y 15 centavos a comienzos de año. A nadie se le ocurre que, salvo fuerza mayor, se habiliten movimientos de protesta en los meses previos a las elecciones de octubre.

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