El campo y la derrota de la política

Por Joaquín Morales Solá

Algo se echa de menos y tal vez sea la ausencia de la política. Todos los manuales parecen extraviados. Resulta indescifrable ya, por ejemplo, que el matrimonio presidencial insista todavía en librar batallas en nombre de causas perdidas. El perpetuo conflicto con el campo le propinó la primera derrota política en el Senado; lo convirtió al vicepresidente Julio Cobos en un extraño enemigo político; empujó a la oposición a tres ex gobernadores peronistas (Carlos Reutemann, Felipe Solá y Juan Carlos Romero); amenaza con dejar al oficialismo sin mayoría propia en el Senado, y está a punto de rodear a los productores rurales, otra vez, de una amplia simpatía urbana.

El kirchnerismo avanza hacia elecciones cruciales con pasos políticos torpes y cuando todavía no llegó aquí, aunque comienza a perfilarse, el maremoto de la crisis financiera y económica internacional.

Ningún problema del campo se ha resuelto y todos se han agravado. El conflicto del año pasado era todavía una disputa por la abundancia de gobernantes y campesinos; el de ahora se cifra en la escasez de todos ellos. Ese es el problema. Sin embargo, el Gobierno trata el asunto como si fuera una interna partidaria. Llamó a los dirigentes rurales a una reunión con la ministra Débora Giorgi apenas 15 minutos antes de que se anunciara el paro que está vigente y 24 horas antes de un acto en Córdoba largamente anunciado. ¿Podían los dirigentes rurales levantar por segunda vez un paro por ese gesto casi forzado del Gobierno?

Rebotaba entre la dirigencia rural, además, el caso Biolcati. El presidente de la Sociedad Rural había sido formalmente delatado por el Gobierno como ocasional interlocutor reservado de Julio De Vido. De ahora en más, los dirigentes de la administración sólo podrán dialogar delante de los periodistas. Nadie, bueno o malo, querrá exponerse de nuevo a la traición de los acuerdos que ha cometido el oficialismo. El propio Biolcati debió exponerse a un análisis de lo que hizo delante de los otros dirigentes rurales. Yo no lo hubiera hecho , escuchó de los otros varias veces.

Biolcati cerró la negociación con el desautorizado ministro en un tenso cara a cara. Todavía el Gobierno no había hecho públicos los encuentros entre el ministro y el dirigente rural, pero ya se habían producido fidedignas filtraciones periodísticas. Biolcati le dijo a De Vido que era mejor terminar con todo, porque la propuesta oficial era pobre y porque los encuentros comenzaban a conocerse.

Sólo después de esa última reunión, el martes último, el presidente de la Sociedad Rural se sinceró ante la Comisión de Enlace. Fue un error, pero no hubo nada malo de parte de Biolcati , sentenció luego un importante dirigente de otra entidad. ¿Y la unidad de las organizaciones? La unidad ya está por encima, por debajo y más allá de los presidentes , respondió.

Aquí hay muchas líneas internas , trató de justificarse De Vido ante Biolcati. Yo también tengo líneas internas , le respondió Biolcati, ciertamente crispado. Sí... pero lo mío es muy difícil , concluyó el ministro. No obstante, De Vido lo dejó a Biolcati y corrió a redactar, junto con la propia Cristina Kirchner, el documento que dio cuenta públicamente de todos sus encuentros con el líder rural, supuestamente protegidos por la reserva que pidió el funcionario mismo. Nadie, y mucho menos De Vido, está ya en condiciones de decirles que no a los Kirchner.

Si Alberto Fernández y De Vido, los ministros más importantes que tuvo el matrimonio presidencial, fueron desautorizados en sus gestiones con los productores rurales, ¿qué se puede esperar de una intermediación de Giorgi, una ministra que nunca llegó a escalar la difícil confianza de los Kirchner? Nada. Esa es la conclusión a la que llegaron los productores rurales y por eso decidieron continuar con el paro.

Néstor Kirchner no acepta encuestas que les den a él y a su esposa menos del 60 por ciento de aceptación popular. Echó hace unos días a un encuestador que le llevó cifras sinceras. En rigor, no tiene los índices que él quiere tener y ése es, en el fondo y en el frente, la médula de la crisis política. Reutemann se fue del bloque peronista porque en Santa Fe no se puede hacer campaña en nombre del kirchnerismo.

Intendentes del conurbano están liberando concejales y punteros hacia territorios de Felipe Solá. Repiten el modelo de 2005. Entonces le prometieron a Duhalde una cosa, pero le terminaron cumpliendo a Kirchner. La diferencia consiste en que ahora es al revés: lo serenan a Kirchner, pero permiten las fugas hacia la coalición neoperonista de Macri, Solá y De Narváez.

Reutemann es implacable con las retenciones. Al propio Duhalde, cuando éste era presidente, no le perdonó un aumento arbitrario de las retenciones. La soja es para mí como el petróleo es para vos. Y por defender el petróleo llegaste a decir que Menem era un gran presidente , le recordó Reutemann a Kirchner en la última reunión que tuvieron.

Con un papel y un lápiz, el senador santafecino es capaz de explicar los problemas de los grandes inversores, de los propietarios de la tierra y de los arrendatarios del campo. Pero nunca nadie del Gobierno lo llamó para consultarlo sobre la política agropecuaria. Esto es un crimen , gritó en el Senado cuando se enteró de la resolución 125, hace casi un año. La derrota de Kirchner en el Senado fue una obra prolija y silenciosa de Reutemann, que se llevó primero muchos senadores y luego dejó en manos de Cobos el tiro de gracia. El vicepresidente nunca hubiera desempatado sin el trabajo previo de Reutemann.

Lo mismo ha sucedido ahora en el bloque peronista. Muchos se querían, y se quieren, ir. Reutemann abrió la primera puerta. Detrás de él se fueron Romero y la también salteña Sonia Escudero. Dicen que una decisión idéntica podría tomar en los próximos días el senador cordobés Roberto Urquía. Si fuera así, y tras la ruptura de cinco senadores (incluida la santafecina Roxana Latorre), el peronismo se quedaría sin quórum propio en el Senado.

El previsible giro de Reutemann forma parte de la naturaleza política. El senador está duplicando en intención de votos a su contrincante por la senaduría por Santa Fe, el socialista Rubén Giustiniani, pero el gobernador Hermes Binner, también socialista, tiene una aceptación de entre el 65 y el 70 por ciento. El matrimonio Kirchner ronda el 75 por ciento de rechazo en esa provincia.

¿Qué margen tenía Reutemann para hacer campaña del brazo de los Kirchner? Ninguno, si quería seguir caminando la provincia, como lo hace siempre, y hablando con su gente. La rebeldía del senador no es una novedad: ya venía votando contra el Gobierno en casi todos los asuntos decisivos para la administración. Reutemann siempre dice que su único destino seguro es su natal Santa Fe. Siempre voy a volver ahí y quiero que la gente me quiera o me respete como lo hace ahora , suele deslizar. Kirchner no advirtió esos síntomas previos de la hemorragia anunciada.

Las presidenciales de 2011 son, para Reutemann, un proyecto para después. Sobre todo, para después de octubre. ¿Cómo saldrá entonces Daniel Scioli? ¿Qué será de Felipe Solá? ¿Qué sucederá con Mauricio Macri? ¿Qué será de él mismo? Reutemann conoce demasiado al peronismo como para pensar en otras elecciones antes de una elección. Eso sí: tiene ganas de ser presidente, que es lo único que puede tener por ahora, si es prudente.

Y la prudencia es también una inopia de la política argentina. Sectores importantes de la Iglesia le aconsejaron al Gobierno que abriera una instancia de amplio diálogo para evitar eventuales y peligrosas tensiones sociales. Pero Kirchner sostiene que esas cosas son revoltijos propios del duhaldismo. Rechazar la mano tendida, en medio de crisis actuales y por venir, es otra traición a la política

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