Lo que el campo no debe olvidar en el conflicto

Por Rosendo Fraga

El paro que está realizando el campo muestra tensiones crecientes e incluso riegos de violencia.

De Angeli denuncia que en Entre Ríos se puede estar generando una suerte de zona liberada. Han tenido lugar incidentes violentos contra chacareros, transportistas y ferrocarriles, y los enfrentamientos entre camioneros y productores corren el riego de escalar.

El corte de ruta o vía pública como expresión de protesta se ha generalizado en esta década en la Argentina, por la sencilla razón de que quien lo usa, tiene más posibilidades de obtener lo que reclama, que quien no lo usa.

Primero lo usaron con éxito los piqueteros en la crisis 2001 y 2002. Después hicieron lo mismo los asambleístas de Entre Ríos logrando, por lo menos, concentrar la atención sobre su causa durante años llegando a condicionar las relaciones exteriores de la Argentina.

En las últimas semanas, han tenido lugar cortes de vecinos de villas de emergencia, de personas de clase media alta por el cambio de mano en calles del barrio de la Recoleta, de docentes rionegrinos en paro que tienen cortadas las principales rutas de la provincia desde hace semanas y hasta en Salta más de mil policías y familiares cortaron una ruta clave en el marco de una huelga policial en reclamo de aumento salarial.

En este contexto, no es extraño que el campo haya vuelto a los cortes en este séptimo paro, en el que camioneros y transportistas realizan ya algunos contra-cortes.

Lo que el campo no debe olvidar es que el éxito obtenido en la protesta de 2008 no fue consecuencia de los cortes, sino del éxito alcanzado por la movilización que reunió 300.000 personas el 25 de mayo en Rosario y la que el 15 de julio congregó a un cuarto de millón en Palermo.

Este apoyo social masivo, y no los cortes, fue la clave del éxito alcanzado en la votación del Senado de la madrugada del 17 de julio.

El paro terminará en algunos días, por lo menos en su fase actual.

Es ahí donde el campo necesita un plan de acción que lo vincule con la sociedad y no lo aleje de ella.

Ante todo, hace falta explicitar un programa que muestre sensibilidad por los sectores desprotegidos, como el que planteó tres semanas atrás el gobernador socialista de Santa Fe, Hermes Binner, cuando propuso a la Presidenta suspender el cobro de las retenciones, pero también el cobro del IVA a los alimentos básicos. Es una propuesta muy simple, pero que muestra una clara sensibilidad social, que a veces las propuestas sectoriales no tienen presente.

En cuanto a la movilización, es posible que hoy no estén dadas las condiciones para realizarlas en la dimensión de Rosario y Palermo.

Pero si el campo un mismo día a una misma hora, en más de un millar de localidades del país, convoca a escuchar la lectura de un mensaje del campo a la sociedad, es posible que al mismo tiempo se reúnan centenares de miles de personas, desde el extremo norte al sur del país.

El 11 de marzo, la Comisión de Enlace conmemoró con un acto el año del inicio del primer paro. Fueron difundidos y comentados los discurso de los cuatro presidentes de las entidades que la integran.

Pero antes de ellos, hizo una introducción el filósofo Santiago Kovadloff, quien con un sano equilibrio, analizó la crítica situación por la que atraviesa el país, los riesgos de la confrontación y los elementos de la construcción de la Argentina deseable.

Hace dos semanas dio al campo los argumentos precisos para comunicarse adecuadamente con la sociedad. Es desde este tipo de mensaje, que los productores que están en las rutas deben construir su relación con el resto de la sociedad.

Una convocatoria en todos los centro urbanos del país, para escuchar al mismo tiempo lo que el campo quiere para la sociedad, a partir de los lineamientos que expresara Kovadloff el 11 de marzo ante la Comisión de Enlace, puede tener hoy un efecto mucho más positivo para la causa del campo, que los cortes de ruta.

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