El campo, como el tango, lo mirará pasar

Por: Silvia Naishtat

En Ginebra hay ejecutivos que no se pueden sacar a la Argentina de la cabeza. Y esta vez no se trata de bonistas furiosos. En la sede de Syngenta, gigante en semillas y herbicidas, razonan que solo hay tres países capaces de alimentar al mundo. La Argentina es uno de ellos, junto a EE.UU. y Brasil.

"Tiene tierra, clima, tecnología y gente capaz", dice Horacio Busanello, a cargo de la filial local. Sin tener en cuenta la pelea con el campo, Syngenta le compró al coloso Monsanto su división global de girasol. La Argentina es clave en esa adquisición: se trata del mayor exportador del planeta. Busanello cree que, si las cosas cambian, el país puede alcanzar una cosecha de 200 millones de toneladas.

Pero aún no estamos en ese paraíso. Por el conflicto con los ruralistas, que parece inacabable, y forzosamente por la sequía, este año la venta de insumos para el agro cayó 40%, pese a que los precios se derrumbaron. El glifosato cayó de US$ 7 a 2,50 el litro, la urea de US$ 900 a 400 la tonelada y los fosfatos, de US$ 1.250 a 450. Sin embargo, en la actividad agropecuaria hoy mandan las necesidades del momento y la cosecha volvería a ser pobre. Ricardo Hara, de la Asociación de Cámaras de Tecnología, apunta que aunque llovió, el maíz, con un costo de implantación de US$ 360 por hectárea, cederá lugar a la soja, que sale la mitad y de la que se sembraría el récord de 20 millones de hectáreas. En estos granos, las semillas resistentes a herbicidas e insectos van a gran velocidad.

En soja, tras la retirada de Monsanto, el negocio está en manos de los locales Nidera y Don Mario. En maíz, domina Monsanto y le siguen Syngenta, Nidera y Pioneer. Pero Gabriela Levitus, de Argenbio, remarca que en biotecnología, Brasil está picando en punta. Desde 2007 aprobó diez eventos de semillas transgénicas, lo mismo que la Argentina en 13 años. En ese lote hay semillas de algodón resistente a insectos y una caña de azúcar que resiste herbicidas e insectos.

En el país vecino se combinaron políticas de Estado y las inversiones privadas. En poco tiempo los que tallan mundialmente se asociaron con empresarios y el INTA brasileño para nuevos desarrollos. Mientras tanto y como en el tango, ¿miraremos pasar?

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