Campeón en la última vuelta

Lewis Hamilton y una definición espectacular. Felipe Massa ganó en San Pablo, pero no le sirvió ya que el inglés recuperó el quinto lugar en el final.

Por: Miguel Angel Sebastián

Habrá que perdonarle a la Fórmula 1 que durante casi todo el campeonato se haya guardado las mejores emociones. Porque las entregó todas de golpe en esas cinco últimas vueltas que envolvieron a este Gran Premio de Brasil en un final dramático como pocos en los 59 años del Campeonato Mundial. Como en la más rebuscada ficción todo se definió en la anteúltima curva de la última vuelta, cuando esas tribunas repletas que ya estallaban en batucadas por el título con triunfo de Felipe Massa se acallaron al ver que el Toyota de Timo Glock, el único del grupo puntero calzado con gomas para piso seco, no podía mantener su línea de marcha sobre la pista mojada y se deslizaba dejando el hueco para que Lewis Hamilton le arrebatara ese quinto puesto que necesitaba para por sólo un punto convertirse con 23 años en el campeón más joven de la historia de la F 1.

"Esperá, esperá..." fue la respuesta que en la comunicación por radio con su ingeniero, recibió Massa cuando tras cruzar la meta como amplio ganador esperaba con ansiedad la confirmación que este segundo triunfo en su país era el pasaporte al título que amagó festejar cerrando el puño al recibir la bandera a cuadros. La Ferrari transitó sin novedades las dos primeras curvas de la vuelta de honor y al llegar a la tercera, Massa escuchó lo que no quería escuchar. "Lewis lo pasó a Glock y es campeón..." le comunicó su ingeniero. Las lágrimas de alegría se transformaron en llanto de bronca. Las mutaciones también se vieron en su box. El eufórico abrazo de su padre Luis Antonio con su hermano menor Eduardo se truncó cuando un asistente de Ferrari les comunicó la mala nueva. De película, como de película fue el festejo que se desató en un box de McLaren, segundos antes invadido por la decepción ante lo que parecía la inevitable segunda frustración consecutiva de Hamilton en Interlagos. Recuperó la sonrisa Anthony Hamilton, padre de Lewis, saltó Nicole Scherzinger como en sus actuaciones con el grupo musical Pussycat. Su novio ya era campeón de F 1...

"Respiré aliviado cuando vi que Glock se deslizaba un poco y pude pasarlo..." contó Hamilton, con la serenidad de saberse campeón gracias a esa maniobra que quedara eternamente en el recuerdo como la que definió el titulo. Quizás haya quienes apunten a Glock, como imparcial juez, dada su condición de alemán, la misma de Mercedes Benz, el motorista del McLaren de Hamilton... Suena rebuscado. "No lo podía aguantar más a Hamilton con las gomas de piso seco" dijo Glock antes de aclarar que "además no sabía que Lewis necesitaba ese puesto..."

Se habló mucho antes de esa carrera. De posibles maniobras contra Hamilton de sus rivales, de la confiabilidad del motor de su McLaren, de que el inglés no pasaría de la primera curva. No ocurrió nada de todo eso. Sí, apareció la lluvia pronosticada. Sin intensidad, pero en momentos claves. Cinco minutos antes de la largada para provocar un retraso de un cuarto de hora para el cambio a las gomas con dibujo que al cesar la lluvia motivó ya en carrera un prematuro ingreso a boxes para volver al compuesto sin dibujo. Y cuatro vueltas antes del final para crear ese descalabro en una carrera monótona que Massa ganaba con comodidad pero que en función del titulo Hamilton tenía bajo control con su cuarto lugar.

Esa lluvia pareció la bendición que Massa necesitaba para ser campeón. Tras el paso de todos por boxes para colocar las gomas de lluvia, el autódromo estalló al ver que el relevante Vettel relegaba Hamilton al sexto lugar. Así Massa era campeón al entrar en la vuelta final. Dejó de serlo en esa anteúltima curva cuando el inglés se apartó de esa actitud conservadora que había puesto al servicio del título para jugarse su ultima carta en el sobrepaso a Glock. La ganó. Fue justicia aunque haya sido duro para los brasileños. Fue una definición inolvidable.

Comentá la nota