La campaña en Uruguay pone a Argentina como el mal ejemplo

Los encuestadores dicen que los uruguayos la ven como el caso a evitar. La gente rechaza la crispación y no entiende lo que ha sucedido en nuestro país. El comicio del domingo próximo puede terminar en un balotaje entre Mujica y Lacalle.
Ocurrió a inicios de este mes, pero sus efectos aún persisten. El aeropuerto internacional Carrasco estaba engalanado con banderas uruguayas, como lo muestra el testimonio fílmico. El presidente Tabaré Vázquez debía encabezar la inauguración de las nuevas instalaciones de la estación, cuyas obras comenzaron en 2003, dos años antes de iniciar su gestión. Sin embargo, ante la sorpresa de los presentes, el jefe de Estado rompió el protocolo y bajó del palco a saludar a los ex presidentes Jorge Batlle y Julio Sanguinetti, que asistían en primera fila.

Invitado a cortar la cinta, Batlle empezó el trabajo y buscó que el propio Vázquez lo concluyera. Pero el actual mandatario se negó y pidió a su antecesor que terminara la faena. El público respondió con un estruendoso aplauso y la ceremonia cobró, súbitamente, una relevancia excepcional.

Desde luego, las razones no son obvias para un argentino.

En primer lugar, el dato a conocer es que la agrupación política de Vázquez, el centroizquierdista Frente Amplio (FA), se había opuesto a la remodelación. Y el gesto del mandatario fue realzado sin chistar por la oposición de centroderecha, que recordó aquella negativa y valoró pese a ello el cambio.

Vázquez repitió el gesto y la invitación a sus predecesores el último lunes, cuando se inauguró una ampliación del puerto local. Sólo que esta vez también convocó al ex presidente Luis Lacalle, actual rival del Frente por el Partido Nacional para las elecciones del próximo domingo.

El encuentro fue saludado por la prensa como hito distintivo de una campaña presidencial que venía marcada por la crispación y en la que la Argentina está siendo percibida y descrita como el caso a evitar.

"En verdad, el uruguayo siente ahora que la Argentina es el mal ejemplo", comentó a Clarín Oscar Botinelli, de la encuestadora Factum.

Ese rechazo, percibido en sectores dirigentes y también en el ciudadano común, no se apoya en una sensación de superioridad sino en el desagrado sincero que provoca el encono y agravio continuo visto en la otra orilla y en la perplejidad que agobia a los orientales cuando advierten cómo la Argentina dilapida recursos y se fagocita a sí misma.

Un caso son los ataques del gobierno a la prensa, tema sobre el cual Lacalle fue categórico en un diálogo con este diario: "Es típico de los gobiernos totalitarios empezar con el mensajero", dijo.

Estas sensaciones se potencian ahora al infinito cuando Uruguay encara la última semana para una elección presidencial que se presenta como muy compleja.

El ex guerrillero tupamaro José Mujica aspira a mantener al Frente en el gobierno, para lo cual tendrá que superar el 50 por ciento de los sufragios. Las encuestas, sin embargo, le dan un 44 por ciento, por lo que debería ir a un ballotage con su contrincante inmediato, Lacalle, que el próximo domingo reuniría el 30 por ciento de las papeletas.

El tercero en cuestión es el representante del Partido Colorado, Pedro Bordaberry, que arañaría el 10 por ciento (ver aparte). Sus votos, eventualmente, se sumarían en parte a los de Lacalle en una segunda vuelta.

"Lo que distingue a este comicio es que, según percibimos en nuestro trabajo, hay una sensación de satisfacción en la gente. La idea es que el Frente ha hecho un buen gobierno", dijo Botinelli. Y los números ratifican sus afirmaciones.

** Uruguay creció un 29 por ciento desde 2004;

** La pobreza bajó del 34 por ciento al 20,3 por ciento en el mismo período;

** La indigencia se redujo del 4 por ciento al 1,5 por ciento;

** El país redujo su deuda del 83 por ciento al 51 por ciento en relación al Producto Bruto Interno.

** Y el desempleo cayó del 13 por ciento al 7,9 por ciento.

Naturalmente, aún existen graves problemas, como la inseguridad en alza y una necesaria reforma del Estado que incluya una mejora sustancial de la educación pública. Pero, como lo reconocen incluso en la oposición, los cambios son notables.

"Hay un mayor bienestar y esto se debe a que se han aplicado políticas sensatas, muchas veces contrarias a las que prometían ejecutar en el Frente y que están lejos de muchos disparates argentinos", dijo a este enviado Javier de Haedo, asesor económico del Partido Nacional.

Es que, en general, no dejan de sorprender aquí ciertas políticas que se promueven en Buenos Aires. "Los productores argentinos corridos por las retenciones han traído su tecnología y han alquilado o comprado campos. Eso generó que la tierra valga más y que se produzca mejor", afirmó el economista.

Ernesto Riera, un experto agrario, dijo a Clarín que ningún otro gobierno ayudó más a Uruguay que Argentina en el tema de la carne. "La Argentina dejó de exportar carne vacuna y Uruguay llenó los huecos junto con Brasil", comentó.

Riera recordó que, últimamente, Argentina perdió su segunda posición en la exportación mundial de maíz superada por los brasileños, que hasta hace poco importaban ese insumo. Por su lado, Botinelli subrayó que "la construcción también se benefició. Hay mucho capital argentino que ha llegado. El uruguayo común compara políticas y rechaza el ejemplo de la otra orilla".

Al parecer, hay pues un cambio rotundo de paradigma, que perjudica a la Argentina. Entre los dirigentes con futuro, el más explícito al respecto fue Bordaberry. En un diálogo con la revista Búsqueda, recordó que Uruguay se había construido mirando a nuestro país. "Ahora -dijo- va tener que mirar a Brasil".

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