La "campaña sucia", mediática y callejera

La cara más feroz de la política se muestra no solamente en el éter radial y los sets televisivos. La vía pública también es ganada por la agresividad a veces sin límites. La opinión de un especialista de los quilates de Jorge Buompadre.
En otras épocas, una escaramuza entre cuadrillas de simpatizantes que se dedicaban a hacer pintadas y pegatinas, podía ser lo más grave. Ahora, la política muestra su cara feroz y el duelo electoral no sólo se define en los medios, con acusaciones cruzadas y denuncias que muchas veces caen en saco roto, sino que también estallan en la vía pública, con todo tipo de artimañas y mecanismos para ensuciar al adversario. Que por la saña aparece más como enemigo, una calificación propia de la guerra y no de la política.

El que primero mostró la hilacha fue el ricardismo, y lo sigue haciendo con más furia sobre todo cuando se conoció la detención del secretario privado del gobernador, Diego Mosquera, a quien castigaron con picardía en las paredes.

Primero habían "ideado" una nariz de Pinocho para estampar sobre los afiches de Eduardo Tassano, convencidos de que no es posible hacer mil cuadras de pavimento. Acaso porque Vignolo no hizo ni el 10 por ciento de esa cantidad.

Entonces, el Frente de Todos salió a responder con un spot: "Quién no hizo nada durante cuatro años, dice que no se puede. Con Eduardo Tassano, todos sabemos que sí se puede", dice una voz bien marketinera.

También el Panu la ligó de parte del ricardismo, pero de forma más institucional. La UCR hizo llegar a miles de hogares una carta personalizada en la que asocian los nombres de Tato Romero Feris y Lucy Ortega con la mala política. Los llaman "personajes" que no pueden ser candidatos por tener condenas firmas en la justicia. Luego, cuestionan "los funcionarios de este gobierno que se han aliado con quienes representan todo lo contrario (de las banderas radicales, léase decencia, ética y la libertad del pueblo)".

Sin medias tintas, el oficialismo también se ocupó de su adversario, Ricardo. En un aviso televisivo en que el ceño de Néstor Kirchner se metamorfosea hasta convertirse en la cara cuasi satánica que el ex gobernador hizo para algunos de sus afiches (mucha gente se sorprenden de la expresión del rostro del senador, que aparece en una toma poco habitual y con una mirada maliciosa). La voz en off remarca que ambos hicieron un pacto para perjudicar a Corrientes, cuyas consecuencias fueron, entre otras cosas, la caída del PAF, la traba de fondos coparticipables y, más actualmente, la detención de Mosquera, merced a la supuesta manipulación de funcionarios judiciales.

Afiches del Colombi que va por la reelección, no podía ser de otra manera, también son blanco del odio ricardista. No hay peor astilla que la del mismo palo. Narices rojas, afiches que exclaman "Chau Arturo" y otro en que una carita con bigotito hitleriano representa al único correntino de cada tres que respaldaría su continuidad según las encuestas que manejan en ECO.

El actual intendente Carlos Vignolo sufre ahora el castigo que en su momento inflingió. Aquel "La señora ya perdió" que tanta gracia le causaba porque instalaba un derrota aún antes del acto eleccionario, como resultado de un supuesta inacción, ahora se transformó en un bumerang doloroso: "Mono inútil", gritan las paredes. Ganar y perder, es la ley de la vida. Pero ser inútil para un político que trata de vender todo lo contrario, es un estiletazo difícil de sanar.

Cuando el nuevismo ya sabía que ante el reñido escenario electoral capitalino podría convertirse en una vedette por su buena llegado a los barrios, recurrieron a la mística de otros años: "Vuelve. Tiene los votos", se jactaron en nombre de Tato.

El kirchnerismo vernáculo no se adentró demasiado en este fango, más allá del discurso contra "las peleas de familias" y el spot televisivo que le hicieron los creadores de "Tino y Gargamuza", donde el candidato Fabián Ríos aparece más simpático de lo que es y la gente corre a patadas a los Colombi y Romero Feris. Caricaturesco, pero no menos agresivo.

Hasta acá, algunos de los ejemplos de cómo gran parte de la energía de los creativos de campañas se destinan a lo negativo de los otros antes que a las virtudes propias. Pero también está el accionar frenético y hasta demencial de las cuadrillas que, ya no de noche como antes, sino a cualquier hora del día, ponen afiches sobre afiches, con diferencia de 15 minutos. Una batalla que, amén de ser muy onerosa, demuestra que hay poco que mostrar más allá de las efigies de los candidatos.

Los cruces verbales y de acusaciones entre candidatos, las encuestas a medida y las peleas entre encuestadores, las críticas de quienes apoyan a unos y otros pintan así un panorama de profunda confrontación. Es en estos casos cuando Corrientes muestra por qué se dice de ella que es una provincia politizada. Lo que debería usarse como período para transmitir planes y, sobre todo, formas de concretarlos, pasa así a ser un período de pura hostilidad.

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