La campaña sucia se largó con todo

Las pegatinas ilegales de afiches son el canal preferido para los mensajes de campaña agresivos.
La comunicación política corre por dos andariveles. Uno más formal y presentable, el de los spots caros para la TV, la vía pública paga y el mensaje positivo. Otro subterráneo, del que nadie se hace cargo pero que muchas veces cuenta con el consentimiento tácito de los altos mandos de los partidos.

"Hay por un lado punteros y militantes que se dedican a comunicar peleándose con el partido opositor y, por el otro, estrategias de comunicación en base a la construcción de ideas que intentan comunicarle al votante", cuenta Pablo Lezama, director de planning de la agencia de publicidad Altheim y blogger de Culturademarcas en el iEco.

¿Cuánto sirven las campañas sucias en política? "Sirve cuando no hay una propuesta diferente, algo nuevo que el votante no haya escuchado, algo convincente. Siempre es mucho más fácil criticar sobre lo que construye el otro que crear algo nuevo", dice Roberto Leston, director general creativo de la agencia Don.

Para Leston, "a la coyuntura de que la clase política perdió mucha credibilidad en la gran mayoría de la población, se le suma que los mensajes no ayudan para nada a cambiar esta imagen."

Por el anonimato que garantizan, los canales por los que se cuela la campaña sucia son la vía pública ilegal (pegatinas en espacios no permitidos) e Internet, donde el pirateo de sitios oficiales y las falsas identidades en páginas de las redes sociales Facebook o Twitter están a la orden del día.

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