Una campaña sin propuestas

Por Fernando Laborda

Una pregunta que recurrentemente se formulan políticos, asesores de imagen y estrategas de campañas electorales es cómo dirigirse a un electorado que, mayoritariamente, no tiene interés en la política, no tiene identificación partidaria y no les cree a los dirigentes políticos

La salida que muchos hallaron frente a ese interrogante ha pasado por dos alternativas: la campaña negativa y la comunicación a través de las emociones. Ambas estrategias tienen la ventaja de que son buenas socias del rating en los medios masivos de comunicación, pero cuentan con un gran problema: simplifican la discusión y hacen que el electorado debata sobre personas antes que sobre ideas.

Las campañas negativas y la personalización de la política serán las principales estrategias a las que recurrirán las principales fuerzas políticas argentinas de cara a las elecciones legislativas del 28 de junio.

Ya lo estamos viendo en la provincia de Buenos Aires, donde desde hace meses un empresario multimillonario como Francisco de Narváez trata de hacerse conocer por medio de una campaña de gigantografías y de spots televisivos en los que habla de sí mismo y del principal problema de los bonaerenses: la inseguridad. Más recientemente, el kirchnerismo encontró en Nacha Guevara la posibilidad de reencarnar a Eva Perón en el imaginario colectivo de los votantes peronistas tradicionales. Y, aunque desde el radicalismo se lo niegue, el rally mediático de Ricardo Alfonsín no puede menos que recrear en la cabeza de muchos ciudadanos el recuerdo de su padre.

Por si esto fuera poco, en la Capital Federal, el macrismo parece haberse visto forzado a recurrir a sacar a Gabriela Michetti de la vicejefatura de gobierno dos años antes de que terminara su mandato popular, con el fin de tener una figura conocida y mediática al frente de la lista de candidatos a diputado nacional.

Pero el colmo de la personalización de la política llegó de la mano de las llamadas candidaturas "testimoniales", que no son otra cosa que candidaturas ficticias, ya que se trata de postulantes que nunca llegarán a ocupar el cargo al que se postulan.

El otro aspecto de la presente campaña electoral tiene que ver con los supuestos aspectos negativos del adversario. Así, los Kirchner se entretienen demonizando a la oposición y asociando una eventual derrota electoral del oficialismo con un retorno al año 2001, reflotando el síndrome del fracaso de la antigua alianza entre la UCR y el Frepaso con Fernando de la Rúa a la cabeza.

Los dirigentes de la Coalición Cívica y la UCR, hoy aliados en la Capital y en Buenos Aires, no se quedan atrás y tratan de matar dos pájaros de un tiro: sugieren que kirchneristas y peronistas disidentes no tardarán en unirse después de las elecciones.

Lo central es hoy marcar la cancha y diferenciarse del contrario, recurriendo a golpes de efecto y a la personalización de la campaña. La hora de las propuestas aún no ha llegado y cabe preguntarse si llegará antes del 28 de junio.

Comentá la nota