Un año de campaña, pero sin elecciones

 Un año de campaña, pero sin elecciones
La derrota de los Kirchner anticipó la pelea por la sucesión, con lo cual los candidatos deberán medir cuándo aceleran para no saturar a sus potenciales votantes. Cristina estará obligada a gobernar en desventaja, una situación desconocida tanto para ella como para su esposo
El nuevo año tendrá para los políticos con ganas de llegar a la Casa Rosada un enemigo adicional, que habrán de sumar a sus competidores dentro de sus partidos y fuera de ellos. Se trata del tiempo, aunque esta vez será protagonista no por su escasez sino más bien por su abundancia. Con su derrota en junio de 2009, el Gobierno abrió demasiado pronto la pelea por la sucesión presidencial. Por eso, 2010 será un año de campaña, aunque el primer turno de votación –las elecciones primarias abiertas y obligatorias- llegará sólo en la segunda mitad de 2011.

A pesar de que los dos Kirchner tienen posibilidades técnicas de dar batalla por un nuevo turno en el Gobierno, Néstor y Cristina tienen índices de aprobación popular lo suficientemente bajos como para alentar a candidatos de la oposición a jugar el partido con la confianza de que pueden ganar.

Dentro del peronismo, además del propio Kirchner, ya se anotaron Eduardo Duhalde y Francisco De Narváez. Falta que Carlos Reutemann diga que también quiere jugar. Todos tienen sus propios combates internos: Kirchner pelea contra el descrédito, Duhalde contra sus convicciones, De Narváez contra las trabas legales y Reutemann contra su indecisión. A ese grupo deberían sumarse Felipe Solá, alguno de los dos Rodríguez Saá y Carlos Menem.

En la oposición no peronista, el postulante con más fuerza será Julio Cobos. En su caso, el manejo del tiempo deberá ser aún más cuidadoso, ya que también estará obligado a decidir cuándo sale del insostenible lugar de Vicepresidente opositor. Si sigue parado en esa cima, podrá hacer sólo la campaña que viene haciendo desde 2008: hablar poco y dejar en la nebulosa sus pronunciamientos. En ese territorio corren también Elisa Carrió y Pino Solanas, aunque largan con desventaja frente al mendocino.

Los próximos 12 meses también traerán una novedad parida el 3 de diciembre –cuando quedó en evidencia que la oposición podrá controlar la Cámara de Diputados en los casos en que decida unirse– pero engendrada el 28 de junio, cuando Néstor Kirchner se convirtió en el gran derrotado de las elecciones de medio término del gobierno de su esposa. En 2010, los Kirchner deberán aprender a gobernar en desventaja, algo que no les ocurrió nunca en su carrera política, siempre signada por el apoyo de ventajosas mayorías parlamentarias. Tendrán que negociar en el Parlamento, eso ya se ha señalado, pero también tendrán que acostumbrarse a sentir de cerca la mirada de los jueces habituados a oler la debilidad de los gobiernos. En las últimas semanas, con los tres fallos contra la Ley de Medios y la desautorización al Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, por su apología de la desobediencia judicial, la Justicia dio muestras de que estará más atenta a lo que hace el Poder Ejecutivo.

Como suele ocurrir en las transiciones, con el kirchnerismo débil, buena parte de la responsabilidad de lo que ocurrirá en 2010 depende de la oposición, que tendrá que elegir en qué momentos se junta para mostrar su fuerza frente al Gobierno y en qué ocasiones se muestra como lo que es: un conglomerado de dirigentes que no comparten casi ninguna idea ni proyecto, excepto la necesidad de presentar su vocación de ser oficialismo añgún día.

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