La campaña y las palabras

Por: Osvaldo Pepe

A medida que rueda la campaña (Heller vs. Pino vs. Ibarra: la pelea de los progresistas por el tercer puesto) se ve más la mano de los asesores de imagen, ese enjambre de comunicadores, encuestólogos, publicitarios y politólogos que se esmeran en mostrar al candidato como aquello que no es.

Lo entrenan para que se vea más agradable, conciliador y prudente, casi un amigo o un familiar confiable. Para que sea otro, más que él mismo. En ese sentido, todos parecen candidatos testimoniales. Por eso en estos días los políticos besan abuelas y bebés, toman mate con los pobres, sonríen todo el tiempo, y hasta se hacen tiempo para sigilosas llamadas a la casa del "Gran Cuñado" por terror a que allí, en la caricatura, se los vea como lo que en verdad son. Humanos falibles dedicados a la política, para algunos más una vía a mejores posiciones personales que una vocación de servicio.

Es así que en campaña "todo vale", pero las palabras quedan. Menoscabar la memoria de Evita como lo hizo Hugo Biolcati, el presidente de la Sociedad Rural, por ejemplo, no resiste la historia: ni siquiera lo exculpa un perdón tardío. Tampoco sirve acosar a diario a medios y periodistas, bajo el cargo de confundir con malicia a la sociedad, como lo hace el ex presidente Kirchner. De un gesto se vuelve, de la palabra no. A propósito, veamos éstas: "La opinión pública del país está lo suficientemente preparada para criticar las informaciones que recibe. En algunos sectores se pensó que esa opinión había sido confundida con información tendenciosa, pero no fue así. A pesar que dos tercios de la opinión ciudadana soportó décadas de prédica destructiva, mantuvo una monolítica unidad de convicción. No es posible 'vender' ideas al pueblo, menos aún cuando, como en nuestro caso, se encuentra en él una incontenible sed de verdad". No es un comunicado de entidades de prensa. El texto lo firmó Juan Perón en la presentación de su Modelo Nacional, el 1° de mayo de 1974.

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