En campaña, el Napia es el "impresentable"

El polémico Guillermo Moreno asumió su condición de "piantavotos" y aceptó desaparecer de la vida mediática hasta después de las elecciones.
Ni siquiera a la Quinta de Olivos va en horarios normales, lo que podría provocar que algún funcionario indiscreto lo vea y haga trascender la escena al periodismo. Prefiere la noche, tarde, o los momentos en que sabe de antemano que el Jefe lo espera en soledad. El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, dice de sí mismo que es la "guardia pretoriana" de Kirchner, un rol por el que es capaz de cumplir sacrificios humillantes, como aceptar su papel de "piantavotos" para el gran público, por lo que ya se resignó y no participa de actos oficiales, menos aún los referidos a la campaña electoral. Es un pedido expreso que le hizo el matrimonio presidencial, según contaron fuentes del Gabinete a Crítica de la Argentina.

Moreno cumple. No fue ni siquiera al acto de lanzamiento de la candidatura a diputado de Kirchner en el Teatro Argentino de La Plata, donde estuvo presente todo el oficialismo. Jamás acompaña al santacruceño (ahora con residencia bonaerense) por las caminatas proselitistas por el conurbano, y menos aún aparece en actos junto a la presidenta Cristina, a la que sin embargo ve bastante seguido, tanto en la Casa Rosada como en Olivos, según contaron funcionarios de primera línea, que en la intimidad lo llaman "el impresentable".

El secretario de Comercio Interior, ideólogo del INDEC K, se resignó tristemente al papel de "malo". No habrá en esta campaña elogios públicos de los voceros del Gobierno para sus acciones, más allá de que sean avaladas y promovidas por Kirchner. No puede capitalizar ni siquiera sus victorias políticas más justas. Hace 15 días, por ejemplo, Néstor hizo campaña en Quilmes, donde recorrió la ex Papelera Massuh, una empresa que iba a ir a la quiebra y que fue estatizada para preservar el trabajo de sus casi 700 empleados: un plan ejecutado con éxito por Moreno. A pesar de eso, al funcionario le negaron el privilegio de caminar por el lugar junto a Kirchner y parte de su Gabinete.

La última aparición de Moreno en contexto de campaña fue a mediados de abril, cuando inauguró una sede partidaria en Mataderos, en la que dio un discurso amenazante. "¡En las elecciones vamos por todos!", gritó, y después criticó al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, por haber nacido en un hogar acomodado: "¿Alguien piensa que este chiquito, que nació en cuna de oro, está en condiciones de entender las necesidades de los pobres? ¿Quién puede pensarlo? Si basta verle la cara". Aquellas palabras y su repentina aparición pública provocaron enojos dentro del Gobierno. Uno de los supuesto "duros" del Gabinete, Julio De Vido, se quejó frente a la presidenta Cristina por haber permitido que el "Napia" tomara ese protagonismo electoral.

El ministro de Planificación Federal está enfrentado con su supuesto subordinado desde las épocas de la guerra gaucha: mientras De Vido creía que había que negociar con los ruralistas para bajar el nivel de conflicto, Moreno azuzaba con medidas administrativas que exasperaban al sector. De Vido, además, es el ministro que más dialoga con el empresariado al que Moreno castiga a diario. El ministro es víctima de su propio jefe: detrás de las acciones del secretario de Comercio Interior siempre está Kirchner.

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