Que la campaña electoral no pare el país

El calendario es transparente. La última vez que funcionó la Cámara de Diputados fue el 17 de marzo, para aprobar el adelantamiento de las elecciones para el 28 de junio. El Senado trabajó un poquito más: el 15 de abril, por un pedido especial de Cristina Kirchner hecho desde la Quinta de Olivos, no se aprobó la emergencia sanitaria nacional para enfrentar el dengue, pese a que se intentó hacerlo porque los casos en todo el país ya superaban los 13.000.
¿Después? La nada. Una parálisis que, además del Congreso Nacional, ya contagia a muchas otras legislaturas del país; a muchas gobernaciones, intendencias y ministerios. No todos los funcionarios detienen su trabajo. Sería injusto decir eso, pero son demasiadas las dependencias estatales que congelan su actividad cuando se lanza de lleno la campaña electoral.

Sería un gran servicio al país que la Casa Rosada, las gobernaciones y los legisladores oficialistas y opositores de toda la Argentina reserven una parte del tiempo que le van a dedicar a la campaña a preocuparse y ocuparse de las urgencias de los argentinos, que no se van a postergar por la competencia electoral.

Pero la experiencia criolla reciente sobre los períodos electorales no deja un solo espacio para el optimismo.

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