Campaña de conflictos.

Por Nelson Castro.

Faltan 21 días para las elecciones. La campaña se recalienta jornada tras jornada. Al desatino de Néstor Kirchner de comparar los tractores de los ruralistas con los tanques de la dictadura, le siguió el insulto de "pelotudo" que le infirió Alfredo de Angeli.

Faltan 21 días para las elecciones. La campaña se recalienta jornada tras jornada. Al desatino de Néstor Kirchner de comparar los tractores de los ruralistas con los tanques de la dictadura, le siguió el insulto de "pelotudo" que le infirió Alfredo de Angeli. Mal los dos. Ese no es el sendero por el cual desea caminar la mayoría del pueblo argentino.

Esa voluntad de convivencia de esa mayoría habrá que mantenerla más viva que nunca, no sólo durante la campaña, sino también una vez que las elecciones sean historia.

Para alegría del oficialismo y para mal de la República, la Cámara Nacional Electoral convalidó las bochornosas candidaturas testimoniales.

No importó que cincuenta constitucionalistas notables hubieran expresado sus fundamentadas críticas a esta iniciativa.

No importó que hubiera habido expresiones periodísticas de algunos de los candidatos cuestionados en las que manifestaron su decisión de no asumir sus cargos una vez que sean electos.

No importó que en las presentaciones que hicieron los susodichos candidatos no hubieran expresado en forma clara y contundente que van a asumir sus cargos.

En la redacción de los escritos del apoderado del Partido Justicialista, éste dijo que "en la eventualidad de un triunfo, Daniel Scioli estaría dispuesto a asumir". La utilización del tiempo verbal –el condicional o potencial– habla de una acción de cuya concreción no hay certeza.

Además, el eufemismo de la eventualidad es fácilmente demolido por la realidad. Por su ubicación en la lista del Frente para la Victoria, es claro que Scioli habrá de ganar su diputación.

Esa es una certeza y no una eventualidad. El que frente a esa certeza el gobernador haya expresado que "estaría dispuesto a asumir su banca", implica una incerteza total.

Por lo tanto, que la Cámara se haya conformado con esa expresión para considerar que hay una voluntad de Scioli y otros de ocupar sus bancas es algo de una debilidad que no deja de sorprender. "¿Sabe qué pasa?, muchos jueces están con miedo y temen acciones de represalia por parte del Consejo de la Magistratura, que hoy está manejado por el Gobierno", expresan casi a coro varios destacados juristas, que conocen al dedillo las internas y los estados de ánimo de muchos de estos jueces que se han visto obligados a expedirse sobre temas cruciales.

Así y todo, el dictamen de la Cámara tuvo una disidencia parcial, la del Dr. Alberto Dalla Vía, quien además es el presidente de la Asociación Argentina de Derecho Constitucional. Está claro que el Dr. Dalla Vía aplicó el espíritu de la ley. Sus otros dos colegas, Santiago Corcuera y Rodolfo Munné, no.

Estos últimos expresaron, pues, que "aún cuando se supusiera que ello no fuera a ocurrir (la asunción de las bancas por parte de Scioli y Massa), escapa a las atribuciones del Poder Judicial resolver sobre la base de hipótesis, conjeturas, suspicacias o sospechas, sean éstas fundadas o no". ¡Increíble! O sea que ante una sospecha, que aquí está fundada por la lógica política y por lo que en los pasillos del poder es "vox populi", los jueces optaron por dejar todo como está.

La dura lucha en la provincia de Buenos Aires ha llevado a una visión parcializada e incompleta de la verdadera dimensión de estos comicios. De lo que aquí se trata es de una elección legislativa cuyo resultado real estará dado por la futura composición de las dos cámaras del Congreso de la Nación.

Al respecto, entonces, es importante señalar que, más allá de los intentos de lecturas parciales que, sin dudas, querrá hacer cada candidato, el resultado concreto tendrá que ver con el número de legisladores con el que vaya a contar cada partido. Y ahí está claro que el Gobierno se encamina a perder su supremacía tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.

Junto con esto se habrá abierto la puja por las candidaturas a las elecciones presidenciales de 2011. Varios gobernadores y líderes peronistas del interior han hecho saber que pretenden recobrar protagonismo en la conducción del partido, con la idea de recuperar el favor de sectores independientes, sin cuyo apoyo les será imposible aspirar a ganar futuras elecciones.

Ahí está, entonces, el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, intentando establecer una línea de acción con Carlos Reutemann y con el hombre fuerte del justicialismo entrerriano, Jorge Busti. Con esa idea está también el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, quien ha expresado su disconformidad con el kirchnerismo, por su falta de diálogo con vastos sectores del espectro político y de la sociedad.

Expectante permanece el gobernador de Tucumán, José Alperovich, hombre que gobierna su provincia con la idea de lograr la suma del poder, y que está a la espera de ver cómo se posiciona en la interna del justicialismo.

En las adyacencias de Scioli hay una incógnita de cara al día después de los comicios. En la provincia de Buenos Aires, es indiscutible que el peso mayor de la campaña lo viene llevando el gobernador, atacado en estos días por un estado gripal para cuya recuperación atenta el fragor de la actividad proselitista. Scioli camina todo el territorio bonaerense. Néstor Kirchner, no.

Muchas de las candidaturas testimoniales son el fruto de la tarea y de las presiones del ex vicepresidente. Por lo tanto hay una incógnita que carcome a muchos de los que acompañan al candidato testimonial: ¿qué hará el 29 de junio? ¿Seguirá su acompañamiento a ciegas a la política de confrontación permanente del matrimonio presidencial? ¿Se animará a decirles basta?

La oposición sigue, a su vez, con sus problemas. En la Unión-PRO la fuerza de los hechos llevó a una reconsideración de la estrategia de campaña. "Antes la relación entre Francisco de Narváez y Felipe Solá era muy mala. Ahora es sólo mala. Vamos mejorando", reconocen varias voces de ese espacio político.

Las encuestas muestran un estancamiento de De Narváez, y para combatir eso éste debe salir a disputarle el espacio peronista al kirchnerismo. "Es imprescindible que ganemos posiciones en el segundo cordón del Conurbano bonaerense", expresan esas mismas voces.

Ese era el reclamo que venía haciendo Solá. De Narváez ha reconocido, también, que la candidatura de Luis Abelardo Patti lo perjudica, ya que le significará la pérdida de algunos puntos.

En las huestes del Acuerdo Cívico y Social tampoco faltan los problemas. Allí, cada tanto, hay chispazos entre la gente de Elisa Carrió y del vicepresidente de la Nación, Julio Cobos.

La presencia de listas colectoras, otra aberración del sistema electoral que debería haber generado, al menos, algún reproche judicial, hizo que Cobos amenazara con bajar sus listas. Carrió se opone a esta práctica. El ex gobernador mendocino, no.

En estas elecciones, el vicepresidente juega su futuro político. Un triunfo de la lista que él apoya en su provincia habrá de abrirle las puertas a una ya declarada vocación presidencial.

"En Mendoza, el jefe virtual de campaña de la lista opositora es Cobos. El supervisa todo", confiesa alguien de su entorno. Que el vicepresidente sea el jefe de una de las expresiones de la oposición es algo insólito e institucionalmente malo. "Es tan insólito como lo fue que en el 2007, habiéndose conformado la concertación, los Kirchner apoyaran en la provincia de Mendoza al candidato opositor a Cobos", retrucan con rapidez los que lo asisten en la campaña.

Atado a todo esto está la escalada del enfrentamiento entre los sectores empresariales y el Gobierno. Varias preguntas, al respecto:

¿Qué fue lo que produjo este cambio brusco entre la Unión Industrial Argentina (UIA) y las autoridades nacionales?

¿Qué fue lo que hizo que las instituciones empresariales que toleraron hasta aquí los aprietes y las groserías de Moreno –que es Kirchner– se hayan plantado frente al matrimonio presidencial?

¿Qué sucedió que estos sectores, que guardaron silencio durante la crisis energética que afectó el suministro de gas de muchas empresas en el invierno pasado, ahora se decidieron a confrontar con el Gobierno?

¿Qué motivó que la entidad que agrupa a los industriales, que toleró hasta aquí la destrucción del INDEC y la manipulación de sus índices, sostengan esta pulseada con el poder?

Cuenta una fuente del ámbito empresarial:

"Hay dos razones principales: la primera tiene que ver con una decisión que tomó Techint de no participar en varias licitaciones. Esto, al parecer, molestó a Néstor Kirchner. Algún día se sabrá por qué la empresa tomó esta decisión, máxime cuando las compañías que ganaron, generalmente allegadas al Gobierno, le terminaron alquilando a Techint la maquinaria necesaria para la realización de las obras licitadas.

"La otra razón tiene que ver con el ingreso en la campaña electoral de Hugo Chávez y el episodio de la expropiación de las empresas controladas por Techint en Venezuela, con la pobre y débil defensa que de ellas hizo la Presidenta.

"El cambio es grande. En el 2007 hubo en el sector un respaldo electoral a la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner. Hoy, en cambio, es poco probable que esto se repita".

Para el final, una perlita. Fueron muchos los que asistieron casi con devoción a la conferencia que la semana pasada dio en Buenos Aires el ex presidente de los Estados Unidos Bill Clinton. El éxito de su administración en la reactivación de la economía de los Estados Unidos está fuera de toda discusión. Aquí, Clinton elogió el "modelo" de administración de los Kirchner. Lo curioso es que, en su visita de 1997, cuando aún era presidente, Clinton dijo lo mismo del gobierno de Carlos Menem. ¡Poco serio!

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