Campaña caliente y números fríos para después del 28 de junio .

Las elecciones del 28 de junio se distinguen por lo que ponen en juego. Con más o menos dramatismo, el mundo político acepta esta hipótesis. El tipo de gobernabilidad para los próximos dos años, el posicionamiento de los presidenciables hacia 2011, el modelo económico, la resolución final de la disputa campo-gobierno, entre otras, serán las líneas de lectura que se empezarán a escribir en la noche misma del domingo 28. Sin embargo, y al cabo, una elección, en lo estricto, es una cuestión de fríos números.
Como la distribución poblacional argentina se deformó hace ya más de medio siglo y nada ha cambiado mucho desde entonces, conviene ir por partes. Todo es muy distinto en la Argentina según el distrito que se mire. Tomaremos aquí tres universos: por un lado los distritos "opositores", Capital Federal, Santa Fe y Córdoba (28,4 por ciento del total del padrón nacional); por el otro la provincia de Buenos Aires (38 por ciento del total país), y como último tercio el "resto" del país, nada menos que 20 provincias que acumulan el restante 33,6 por ciento de los votantes.

Horizonte de adversidad.En los tres grandes distritos opositores, la Capital Federal pesa (10,6 por ciento), Santa Fe (9 por ciento) y Córdoba (8,8 por ciento). En ese terceto, justamente la oposición pisa fuerte, y domina. Y el Frente para la Victoria está relegado a posiciones de baja incidencia electoral, más aún con la división hacia el interior del PJ en Santa Fe y Córdoba, donde los máximos referentes partidarios de esos distritos, Carlos Reutemann y Juan Schiaretti, armaron estrategias opositoras.

En esos tres distritos el oficialismo pone en juego 10 diputados (4 en Capital, 3 en Córdoba y 3 en Santa Fe). Las proyecciones para el oficialismo en estas provincias que le son adversas: aunque todavía provisorias, le auguran entre un 10 y un 20 por ciento de los votos. Por lo tanto, el kirchnerismo recolocaría entre 3 y 6 diputados, con un saldo final de entre -4 y -7, que pasarían a engrosar el espacio de la oposición dentro de ese universo total de 62 bancas que representan a los tres distritos mencionados.

En la provincia de Buenos Aires, el territorio electoral principal del país, al oficialismo se le van 20 diputados propios a fin de año y continúan 13 (sin contabilizar aliados incondicionales o circunstanciales, unos 5 legisladores más). Según las proyecciones, y recién lanzadas las candidaturas, la lista de Néstor Kirchner estaría apuntando a una elección de entre 33 y 40 por ciento, lo que le habilitaría —haciendo promedio a trazo grueso— el reingreso de unos 15 diputados, quedándole un saldo negativo de -5 para la gran provincia argentina.

Sin grandes cambios. En el tercer conglomerado, las 20 provincias chicas de la Patagonia, Cuyo, NOA, NEA, son varios los analistas que coinciden en que allí no habría modificaciones sustanciales entre sumas y restas, por lo que las representaciones del oficialismo y la oposición, luego del 28 de junio, continuarán con el esquema actual. En todo este conglomerado, que suma 33,6 votos por cada 100 en el total país, al oficialismo se le van 34 diputados, una cifra similar a la que lograría reingresar en la noche del 28. En esta gran extensión nacional, como en la provincia de Buenos Aires, el oficialismo, suma monobloques o pequeños bloques provinciales —una decena de diputados, según los temas a tratar—, que también se renuevan y se prevé mantengan sin grandes cambios las proporcionalidades vigentes.

Respaldo menguado. En resumen, en la actualidad, el oficialismo cuenta con unos 115 diputados propios pero opera el quórum y las votaciones más peleadas —para llegar a 129— con el aporte de una quincena de aliados más o menos incondicionales. A partir de diciembre terminan el mandato 64 de esos 115, y recuperaría con la elección del 28 de junio, promediando, unos 54 diputados. Por lo tanto, pasaría a contar como soldados propios, unos 105 diputados.

Al kirchnerismo, el horizonte del quórum propio —una cuestión clave en el Congreso— le quedaría a una distancia ya no de 15 diputados por encima de su fuerza propia, como en la actualidad —luego del desgajamiento que provocó el conflicto del campo—, sino a 25.

Mientras tanto la oposición sumaría, repartidos entre los dos grandes conglomerados, e incluso en expresiones opositoras menores, con más cercanía al oficialismo que a la oposición (por caso, Martín Sabatella en provincia o Pino Solanas en Capital Federal), en total, una decena de diputados a su conglomerado.

Muchos anuncian un cambio dramático en la línea de gestión legislativa con la nueva configuración a partir del próximo 10 de diciembre, pero a 35 días del 28 de junio, no parece esa una hipótesis sustentada.

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