El camino de la confusión

Por Martín Kanenguiser

Si el Gobierno sospecha que TGN puede dejar de pagarle a la Anses parte de su deuda, no resultaría inconveniente que anuncie en voz alta su intención de preservar los fondos de los futuros jubilados a través de alguna auditoría avalada por la Justicia.

En cambio, optó por dejar trascender a través de fuentes desconocidas que podría intervenir de facto esta importante empresa, en medio de la caída del 7% de la acción de la compañía que el martes anunció su ingreso al default.

Más aún, ni el Enargas (su ente regulador), ni la Anses (su presunto afectado), se atrevieron ayer a confirmar la decisión final, porque esperan el veredicto secreto que llegará desde El Calafate, donde descansan los Kirchner.

De este modo, una cuestión que podría (y debería) manejarse en forma transparente porque involucra a una importante empresa transportadora de gas termina enredado, una vez más, en el confuso estilo de comunicación oficial.

Y las consecuencias de elegir el camino pedregoso de las versiones en voz baja en lugar de hacerlo por el asfalto de una explicación clara y oficial pueden generarle otro dolor de cabeza al Poder Ejecutivo, como ocurrió durante todo este complicado 2008 que está por culminar.

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