Un mes de cambios para que nada cambie

Por Fernando Laborda

Al cumplirse hoy un mes de la derrota electoral del oficialismo, el gobierno kirchnerista sigue haciendo como que dialoga, pero insiste en resistirse a cambiar.

A pesar de las modificaciones anunciadas por el nuevo ministro de Economía, Amado Boudou, no hay señales de que se pretenda revisar lo hecho por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) desde que fue intervenido por Guillermo Moreno y se comenzaron a tergiversar sus datos estadísticos sobre precios al consumidor.

Al mismo tiempo, el Gobierno confirmó que no admitirá nuevas reformas en el Consejo de la Magistratura, pese a los primeros anuncios en contrario del también flamante ministro de Justicia, Julio Alak, quien volvió sobre sus pasos tras una advertencia originada en Olivos.

Es evidente que la fracción gobernante se resiste a un sinceramiento de las estadísticas oficiales, por cuanto eso obligaría al Gobierno a reconocer que la distribución del ingreso no es hoy más progresista que en épocas maldecidas hoy por los Kirchner.

En tal sentido, estudios de SEL Consultores, al margen de las controvertidas estadísticas del Indec, dan cuenta de que la incidencia de la pobreza en el Gran Buenos Aires es hoy similar a la de octubre de 2001 y mayor que en la década anterior. Del mismo modo, la actual distribución del ingreso tomando la diferencia entre el 10 por ciento más rico y el 10 por ciento más pobre, es casi igual que la de fines de 1998.

Si la canasta familiar se hubiera medido en los dos últimos años con parámetros más realistas que los empleados por el Indec, advertiríamos que los niveles de pobreza e indigencia son bastante mayores que los difundidos actualmente por el organismo oficial. El corazón de la ideología del oficialismo, representado por la distribución del ingreso y el supuesto progresismo, quedaría al borde del infarto.

Por otro lado, la negativa oficial a revisar el Consejo de la Magistratura revela que el Gobierno no está dispuesto a desmontar una maquinaria que la ha ofrecido la posibilidad de controlar y presionar a los jueces.

Transcurrido el primer mes de gestión de Cristina Kirchner tras la debacle electoral, la influencia de su esposo, Néstor Kirchner, parece lejos de haber cedido.

La profundización del intervencionismo estatal está en marcha, a partir de un más rígido control de cambios que dificulte que el público y las empresas puedan refugiarse en el dólar como en los últimos meses. También, de la mano de la ratificación de la política de "precios administrados" por parte del titular del Palacio de Hacienda.

Así, el kirchnerismo se ha salido con las suyas en estos primeros rounds de estudio que precedieron a las dos grandes peleas que le esperan al Gobierno: la que sostendrá por las demandas del campo y la que lo enfrentará con no pocos gobiernos provinciales en busca de soluciones al déficit financiero que sufren.

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